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CRÓNICA NEGRA DE SANTIAGO

El asesinato de las Galerías Zafiro: un encontronazo en el pub El Resaca terminó con un navajazo mortal

La víctima, Manuel Montemuiño Sampedro, era conocido por ser un joven responsable y educado

Ese día se cruzó con Ignacio Núñez Gutiérrez, quien lo apuñaló justo debajo del esternón por abordar a su pareja

Imagen de archivo de Fray Rosendo Salvado en el año 1984, donde se puede apreciar el lugar del asesinato: las Galerías Zafiro

Imagen de archivo de Fray Rosendo Salvado en el año 1984, donde se puede apreciar el lugar del asesinato: las Galerías Zafiro / ECG

Santiago de Compostela

A mediados de los años ochenta, el pub El Resaca de las Galerías Zafiro era uno de los locales de moda de Santiago. Y uno de los jóvenes compostelanos que frecuentaba el popular bar de copas era Manuel Montemuiño Sampedro, de 30 años y natural de la parroquia ribeirense de Olbeira. Residía en la rúa do Home Santo junto a sus padres y su hermano menor. Cliente habitual del conocido local de ocio, el martes 20 de noviembre de 1984 acudió como de costumbre al pub situado en el Ensanche, sin saber que sería lo último que haría en su vida.

Eran cerca de las nueve de la noche y Manuel, que no acostumbraba a beber, tampoco rompió sus hábitos ese día. Pidió un descafeinado y se dispuso a jugar veinte duros en la máquina tragaperras, un pequeño vicio con el que ocupaba las horas. Esa noche, el joven afincado en Santiago tuvo la mala suerte de cruzarse con Ignacio Núñez Gutiérrez, de 25 años, otro de los frecuentes de la noche compostelana. Más conocido como "Nacho", iba acompañado de dos mujeres, una de ellas su novia. Según informó la prensa de entonces, Manuel hizo el ademán de abordarla, lo que propició una violenta reacción por parte de Ignacio: le asestó un navajazo en el abdomen.

Herido mortalmente, Montemuiño huyó del local por una de las salidas que van a dar a Santiago de Chile, dejando detrás las huellas ensangrentadas de su calzado y un largo reguero de sangre. Después, uno de los camareros de El Resaca -amigo de la víctima- fue quien trasladó a Manuel al hospital en su propio coche, un Citröen BX que todavía olía a nuevo, según el informe policial al que tuvo acceso EL CORREO GALLEGO. El trayecto era corto pero la gravedad de la puñalada que presentaba el joven impidió evitar su muerte. Al llegar al servicio de urgencias, nada se pudo hacer más que certificar su fallecimiento.

Mientras Manuel luchaba por su vida camino al hospital, el agresor abandonó el pub y tiró la navaja manchada de sangre en una papelera de la calle. Después se dedicó a dar vueltas solo por distintas zonas de Santiago, especialmente por la zona del campus hasta que, sobre las diez de la mañana, se presentó en el Juzgado de Guardia para confesar el asesinato.

Artículo publicado en 1984 sobre el trágico suceso

Artículo publicado en 1984 sobre el trágico suceso / Cedida

El móvil del crimen no estaba claro

Según los que conocían a Manuel, el joven nunca se había implicado en reyertas ni en peleas, lo que hizo que el trágico suceso sorprendiese si cabe aún más a sus allegados. Según fuentes policiales, el asesino explicó que atacó a Manuel porque se propaso con una joven que lo acompañaba. Quienes conocían a Nacho lo describían como una persona de conducta alterada y reacciones imprevistas, pero en ningún caso capaz de matar a alguien.

El móvil del crimen no estaba claro. A pesar del gran número de testigos potenciales que había ese día en El Resaca, la música alta no ayudó a esclarecer el motivo de la pelea. Lo que sí quedó claro es que la víctima intentó abordar a una de las mujeres que acompañaban al asesino, llamada Helga, y que conocía desde hacía cinco meses. Tres días después del asesinato, Nacho continuaba detenido y se mostraba tranquilo en todo momento; mientras, la navaja utilizada para apuñalar a Manuel no había sido encontrada. Tras entregarse, no mostró ni la más mínima señal de nerviosismo e incluso llegó a decir que se sentía “realizado”.

El juicio por la muerte de Manuel Montemuiño se celebró en mayo de 1985 en la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de A Coruña. Ignacio Núñez fue acusado de homicidio, por lo que la Fiscalía pidió 16 años de prisión, además de una indemnización de tres millones de pesetas para la familia de la víctima. El informe del fiscal señaló que la razón por la que la víctima molestó a su agresor fue porque estaba borracho. Tras un breve encontronazo, Nacho se acercó de nuevo a Manuel, le propinó un rodillazo y le asestó el navajazo que le causó la muerte. Por su parte, la defensa de Nacho negó lo acontecido y solicitó que se apreciasen atenuantes como no tener intención de causar daño grave, arrebato y arrepentimiento espontáneo.

La triste realidad es que, tras una discusión entre dos jóvenes totalmente opuestos en carácter, uno murió a causa de una puñalada y el otro fue condenado a 16 años de cárcel.

Un asesino que cometía delitos después de leer ‘Crimen y castigo’

Ignacio Núñez era natural de Monforte pero desde hacía algunos años estudiaba en Compostela. Quienes lo conocían hablaban de él como una persona de reacciones imprevistas, pero lo veían incapaz de matar a alguien. Su perfil era más bien el de un delincuente de poca monta, no el de un asesino. Nacho también había estado enganchado a las drogas, llegando a ingresar en el Sanatorio de San Lorenzo con el fin de rehabilitarse, pero a pesar de haber dejado de consumir, tenía comportamientos que distaban de ser coherentes

Un ejemplo de estas conductas o reacciones fue la decisión espontánea de atracar una farmacia. Estos actos eran motivados y cometidos después de leer una determinada escena de Crimen y Castigo, la novela de carácter psicológico escrita por Fiódor Dostoyevski. Según declaraciones de aquellos que conocían su obsesión por la obra, al día siguiente de cometer los delitos, no era raro que Ignacio acudiese al establecimiento para pedir perdón, confesando ser el autor y ofreciéndose a restaurar todo lo que se había llevado.

El entierro de la víctima

Manuel Montemuiño Sampedro fue enterrado en Bretal (Ribeira), el 25 de noviembre de 1984. En el funeral, acompañando a la familia, también estuvieron numerosos amigos ribeirenses, ya que el fallecido había sido uno de los jugadores fundadores del Club Atlético Ribeira, en el que militó como juvenil y senior y con el que llegó a ser campeón de la Liga del Sar.

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