Carmen Vidal: “La ingesta de alcohol puede interferir en las pruebas diagnósticas de alergias”

La jefa de Alergología del CHUS acaba de ver reconocida su carrera por la academia europea con el Charles Blackley Award

La jefa del Alergología del CHUS de Santiago recibiendo el premio de la Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica

La jefa del Alergología del CHUS de Santiago recibiendo el premio de la Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica / Cedida

Vinculada a la especialidad de alergología en el Complexo Hospitalario Universitario de Santiago (CHUS) desde hace más de tres décadas, cuando “en marzo de 1993 se montó lo que iba a ser la unidad de alergia, unidad porque era solo yo, pero ya tenía un despacho”, la actual jefa del servicio de Alergología compostelano, Carmen Vidal, acaba de ver distinguida su dilatada trayectoria con el premio Charles Blackley Award que concede la Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica.

Un galardón que considera un honor y un orgullo porque “supone un reconocimiento de mis compañeros europeos a todos estos años de esfuerzos por aumentar el conocimiento de la especialidad y su prestigio, y por explicarla en la Facultad de Medicina de la mejor manera posible”, según indica en conversación con EL CORREO GALLEGO. 

Recién habilitada como catedrática

Y es que, como señala, el cierre del mes de mayo ha sido especialmente intenso en cuanto a visibilizar los logros de su carrera, puesto que si el 31 recibía el premio de la academia europea ante los casi ocho mil participantes en el congreso europeo celebrado en Valencia, un día antes “me llegó la comunicación de la Aneca de que me acababan de acreditar como catedrática”.

Tras considerar que el premio destaca el trabajo duro y dedicación de todo su equipo, así como la importancia de la alergología y la inmunología clínica en Galicia, recordó que el servicio cuenta hoy con siete especialistas y residentes. Un servicio que atiende anualmente a una media de cinco mil pacientes del Área Sanitaria de Santiago y Barbanza con un abordaje integral de la patología alergológica, y que ha captado múltiples proyectos de investigación con financiación competitiva.

Carmen Vidal admite que para llegar a ese nivel, “el camino ha sido difícil, pero muy gratificante”, y que desde que se inauguró la unidad con ella sola en 1993 “hubo una travesía del desierto hasta que en 1996 contrataron a la primera persona que me acompañó, pero a media jornada, Celsa Pérez Carrán; cuando se fue al hospital de Burela, llegó Margarita Armisén, que sigue conmigo; en 2000 lo hizo Virginia Rodríguez Vázquez, y a partir de ese momento ya fuimos creciendo, se incorporó el doctor Ildefonso Luna, hoy ya jubilado; siendo el año 2007 crucial porque en se momento convirtieron la unidad en un servicio”.

Gran avance en el diagnóstico molecular

Interrogada sobre los avances experimentados dentro de su especialidad desde que ella se inició en aquel despacho unipersonal a la actualidad, se muestra contundente sobre lo que califica como un cambio radical, “como el día y la noche, puesto que ha habido un avance fantástico en el diagnóstico molecular, con el nacimiento de los fármacos biológicos y con todas las exploraciones complementarias que tenemos a nuestro alcance”.

Explica que la de alergología es una especialidad relativamente reciente, “no es como la cardiología, neumología o medicina interna, que llevan mucho tiempo, y recalca que “se ha ido avanzando mucho en el diagnóstico, el tratamiento de nuestros pacientes y, al igual que en el resto, cada vez vamos más hacia una medicina de precisión, dirigida a los marcadores, que son los que te permiten identificar mejor el pronóstico, el tratamiento que le tienes que dar a cada paciente”.

Alergóloga vocacional, desde 1996 ya pudo contar con algún universitario para mostrarle las bondades de una especialidad que “es muy completa porque hay que saber de medicina, pero también de biología, de las plantas y de los animales, o de las proteínas de los alimentos”, convirtiéndose en profesora asociada de la Universidade de Santiago en 2016, profesora titular en 2019 y ahora acreditada como catedrática.

De su trayectoria formativa señala que muchos alumnos se quedan sorprendidos cuando “se les plantea la relación entre la carne de ternera y que te pique una garrapata o por qué dos pacientes alérgicos a un mismo alimento, uno lo puede ser a una proteína que se destruye fácilmente y apenas le causa síntomas, y en el otro le puede generar una anafilaxia y hasta provocarle la muerte”.

Proyectos de investigación sobre la velutina

Entre las numerosas líneas de investigación en las que está trabajando, destaca la desarrollada durante más de 25 años sobre por qué “la ingesta de alcohol puede interferir en las pruebas diagnósticas de alergia, pudiendo dar lugar a confusiones”. Un campo en el que continúa involucrada y que “me ha resultado muy gratificante porque ha dado pie a que los alergólogos pregunten al paciente si beben alcohol y cuánta cantidad, para tenerlo en cuenta si hacen una analítica y da positivo, ya que puede ser que no sea alérgico, sino que bebe mucho alcohol”.

Es sin embargo en el ámbito de la avispa velutina en el que su equipo está más involucrado en la actualidad. Empezó en 2019 con un proyecto financiado por el Instituto Carlos III, y este año acaban de iniciar uno nuevo para continuar con estas investigaciones, analizando “a qué proteína del veneno son alérgicos nuestros pacientes para tratar de darles el mejor tratamiento posible y que no se mueran con esa picadura”.

En cuanto al número de pacientes que forman parte de esta investigación, asegura que “son cientos porque estamos en una zona en la que hay muchísimas picaduras, con lo que van entrando en el estudio”.

Sobre si hay más alergias o mayor conocimiento, cree que ambas cosas, “más conocimiento, pero también por culpa de las agresiones en el ambiente nuestros epitelios se hacen más susceptibles”.