Engaños, acoso y coacciones: Los peligros que enfrentaban los peregrinos del Camino de Santiago en la Edad Media

Una investigación de Carlos Lema Devesa, que el próximo miércoles ingresa en la Academia Xacobea, revela las diversas formas con las que los comerciantes e, incluso médicos, se aprovechaban en el medievo de las necesidades de los peregrinos del Camino de Santiago

Ilustración de Chema Román perteneciente a la obra ‘Peregrinar a Compostela en la Edad Media’, de Jaime Nuño, que muestra a un grupo de peregrinos  realizando la ofrenda al Apóstol

Ilustración de Chema Román perteneciente a la obra ‘Peregrinar a Compostela en la Edad Media’, de Jaime Nuño, que muestra a un grupo de peregrinos realizando la ofrenda al Apóstol / Fundación Santa María la Real del Patrimonio Histórico

Dice el refranero popular que hecha la ley, hecha la trampa. Quien conoce muy bien este dicho es Carlos Lema Devesa [Santiago, 1951], una figura que, durante cuatro décadas, ha desarrollado una prolífica actividad como jurista especializado en propiedad industrial y competencia desleal y que, el próximo miércoles, ingresa de forma oficial en la Academia Xacobea como académico de honra con un acto que tendrá lugar en el Pazo de Fonseca de la Universidade de Santiago de Compostela (USC) a las 19.00 horas.

Para Lema, es “todo un honor” formar parte de una institución que ampara, desarrolla y contribuye a que se conozcan todos los temas relacionados con el mundo xacobeo y le supone una “gran alegría” aportar desde su “perfil mercantilista” con una investigación sobre los actos desleales frente a los peregrinos en la Edad Media.

Imagen del ‘Códice Calixtino’

Imagen del ‘Códice Calixtino’ / Xoán Álvarez

Su estudio parte, curiosamente, del texto Veneranda dies, un sermón que recoge el Códice Calixtino en el capítulo XVII del libro I. En él, se plasman diversas prácticas comerciales desleales a las que los peregrinos tenían que hacer frente durante la Edad Media en su camino a Santiago. “Han pasado 800 años, pero los peregrinos, al igual que hoy el consumidor, eran objeto de determinados actos de engaño o de prácticas comerciales agresivas como dice la ley de competencia desleal. El engaño, al igual que en el S.XXI, era el acto desleal más frecuente hace 800 años”, señala Lema a EL CORREO GALLEGO.

¿A qué tipos de engaños y abusos tenían que hacer frente los peregrinos del Camino de Santiago en la Edad Media?

Ilustración de Chema Román perteneciente a la obra ‘Peregrinar a Compostela en la Edad Media’, de Jaime Nuño, que muestra a un grupo de peregrinos

Ilustración de Chema Román perteneciente a la obra ‘Peregrinar a Compostela en la Edad Media’, de Jaime Nuño, que muestra a un grupo de peregrinos / Fundación Santa María la Real del Patrimonio Histórico

Los engaños y abusos procedían de diversos profesionales que se aprovechaban de las necesidades de los peregrinos del Camino de Santiago. Estos iban desde comerciantes hasta médicos y boticarios.

Los mesoneros, cuyas malas prácticas –según el Códice Calixtino– llevaban aparejadas las penas del infierno, engañaban a los caminantes vendiendo vino. Lo hacían de seis formas diferentes: dando a probar a su víctima un buen producto para más tarde servir otro de peor calidad, vendiendo sidra por vino, ofreciendo vino adulterado por uno bueno, utilizando falsas medidas para servir la bebida; dividiendo el tonel del vino en dos departamentos diferentes en los que depositar productos de diferente calidad para ofrecer uno u otro en función de la hora del día; y, por último, practicando el denominado bautizo del vino, que consistía en vertir agua sobre la copa de vino antes de ser entregada al cliente.

Otro de los oficios que más se beneficiaba de estafar a los peregrinos era el de los albergueros. Estos, coaccionaban a los huéspedes de forma agresiva desalonjándolos cuando acudían al negocio otros clientes que ofrecían más dinero por pasar la noche. También otorgaban mejores camas a aquellas personas que les entregaban alguna moneda a mayores, pero sus actividades iban más allá del hospedaje, pues engañaban a los caminantes sirviendo pescado o carne cocida de dos o tres días en lugar de productos frescos y, muchas veces, cuando se acercaba la noche, ordenaban a las sirvientas derramar todo el agua que había en el establecimiento para que, en la madrugada, los peregrinos que tenían sed se viesen obligados a tenerles que comprar vino. Asimismo, los albergueros vendían avena con falsas medidas y actuaban de intermediarios entre peregrinos y cambiadores, lo que hoy en día conocemos como banqueros, u otros mercaderes para obtener una retribución por facilitar el contacto entre ambos y aconsejar al peregrino a hacer intercambios de monedas en los que el caminante salía perdiendo o vender objetos por debajo de su verdadero valor.

Precisamente, los cambiadores eran una figura muy asentada tanto en Santiago como a lo largo del camino. De hecho, en el S.XII, ya existía la Cofradía de Cambiadores en la ciudad del Sar y, atendiendo al Códice Calixtino, se asentaban en un lugar privilegiado de la ciudad, la actual praza da Acibechería. “Los actos de engaño de los banqueros frente a los peregrinos surgían al efectuar el cambio de moneda, llegando a cometer fraudes de hasta el 20%”, destaca Lema.

Imagen de Carlos Lema Devesa

Imagen de Carlos Lema Devesa / Antonio Hernández

Sin embargo, las estafas a los peregrinos en el medievo que más llaman la atención son las que llevaban a cabo los médicos y boticarios, que adulteraban los potingues, jarabes y otros remedios con ingredientes que nada tenían que ver con ellos. “El Códice Calixtino únicamente nos dice que los medicamentos adulterados resultantes se vendían a un gran precio. Es sorprendente que los profesionales de la salud no solo no velasen por la pureza de los medicamentos, sino que estableciesen un precio superior para el producto adulterado”, comenta Lema, quien añade que, a pesar de los actos desleales a los que tenían que hacer frente los peregrinos en el medievo, existía un decreto del 7 de mayo de 1133 que “regulaba la actividad comercial y establecía la fijación de precios de múltiples productos (vinos, sidra, quesos y manteca, pescados, animales, calzado, utensilios agrícolas...) que debían cumplir los mercaderes de Santiago”. “El decreto se destinaba a proteger fundamentalmente a los habitantes de Santiago, aunque, indirectamente, se protegía a los peregrinos, quienes también eran acosados por las meretrices en lugares aislados y montañosos entre Portomarín y Palas de Rey”, declara. Eso sí, ello no impidió que los peregrinos del Camino de Santiago se convirtiesen en víctimas de estafas a lo largo del medievo, pues hecha la ley, hecha la trampa.