“Nunca he estado en una ciudad como Santiago, por eso creo que estoy muerto y me lo he inventado todo”

El escritor irlandés John Banville, en la rúa dos Loureiros, a su llegada a Santiago de Compostela

El escritor irlandés John Banville, en la rúa dos Loureiros, a su llegada a Santiago de Compostela / ANTONIO HERNÁNDEZ

El autor irlandés John Banville ha sido, junto a la palestina Adania Shibli, la gran estrella internacional de la octava edición de la Selic, el festival de lectura de Compostela que desde el pasado día 7 y hasta hoy mismo inunda de libros, escritores y música la Praza da Quintana. Antes de su intervención en Conversa con John Banville (a las 20 horas del sábado) el escritor, considerado por muchos uno de los novelistas actuales “más imaginativos” en lengua inglesa y numerosas veces propuesto al Premio Nobel, mantuvo una distendida conversación con EL CORREO GALLEGO.

Un encuentro en el que ya en los primeros minutos Banville dio claras muestras de esa imaginación alabada por la crítica y que recorre toda su obra literaria, y la de Benjamin Black –pseudónimo bajo el cual el irlandés ha creado 14 obras de novela negra, entre 2007 y 2023–. “Tengo la teoría de que estoy muerto, creo que me morí hace unos cinco años, y todo esto que está sucediendo es mi creación”, explicaba mientras una pícara sonrisa iluminaba el rostro de este niño de 79 años.

“Tengo la teoría de que estoy muerto, creo que me morí hace unos cinco años, y todo esto que está sucediendo es mi creación”

“Esta tarde salí a pasear y me senté en una plaza con una copa de vino”, contaba de sus primeros pasos por Santiago, “nunca he visto una arquitectura así antes, esas extrañas ventanas... Así que pensé, esto es el purgatorio y yo estoy esperando entre este mundo y el otro. Nunca he estado en una ciudad como esta, es por eso que creo que tengo que estar muerto y me lo he inventado todo”.

Aunque permanecer en ese tránsito entre el mundo de los vivos y el de los muertos no impidió a John Banville apreciar las similitudes entre la ciudad e Irlanda. “Acabo de llegar desde Dublín, estuve dos horas en el avión, hacía un poco de frío en Dublín y estaba todo nublado, y cuando llegué aquí... había llegado a Irlanda”, bromeaba. Un paralelismo que no se limita a la climatología, también las iglesias y el catolicismo tienen una importante presencia en Compostela, en el país de origen de Banville y en su obra.

Una cuestión, la religiosa, que lleva al escritor a hablar de su generación y del conflicto de Irlanda del Norte en el siglo XX. “La gente de mi edad estaba muy contenta de ver el poder de la iglesia destruido, pero lo que lo reemplazó fueron las drogas, el gangsterismo, la violencia”, explica. “A menudo pienso que uno de los sacerdotes de mi infancia camina a mi lado por Dublín ahora y me dice: ¿Es esto lo que querías?”.

Banville, Black y su obra

La memoria y la imaginación, los recuerdos creados... se combinan habitualmente en la obra de John Banville y Benjamin Black, algo que el autor irlandés explica de manera rotunda, “¿qué más tenemos? No existe el presente. Y el futuro es un sueño. Hay sólo pasado, es donde vivimos. ¿Crees que hay un juego entre la memoria y la imaginación? Yo no creo que recordemos, creo que imaginamos el pasado”.

Y con esa creencia Banville habla del presente, del encuentro mantenido con este diario. “Esta entrevista en dos años, si sigo vivo, será diferente, porque haré una versión de ella, no he tomado una foto, pero he tomado una imagen, dentro de dos años se habrá formado en mi cabeza un boceto de esto” e insiste en que el pasado “es un sitio imaginario”.

John Banville asegura que todos sus personajes son él mismo, “¿Quién más podría ser? Soy yo, del mismo modo que funcionan los sueños, creemos que soñamos con otras personas pero solo soñamos con nosotros mismos. Siempre soy yo”. Y también él es Benjamin Black, autor de novela negra. El hecho de firmar con un seudónimo no implica, ni mucho menos que Banville considere éste un género menor, de hecho afirma que empezó en este campo al leer a George Simenon –creador del comisario Maigret–, “creo que es uno de los grandes escritores de novelas del siglo XX” y afirma que “lo único que quería era no confundir al público. Fue una nueva dirección que tomé hace 20 años. ¿20 años? Sí, 20 años. ¡Hace tiempo! Pero... todo el mundo sabía que era yo”.

Banville no pierde la ocasión de recordar “ya maté a Benjamin Black, sólo vive en España. Un amigo me dice que lo envié a España como a los gangsters, y vive en la Costa del Sol. O como yo prefiero decir, la Costa del Dolor”, explica con un juego de palabras en inglés: pain (dolor) y Spain.

Vivo o muerto, Black sigue firmando novelas, la última en 2023, Las hermanas Jacobs, y el creador de obra y autor asegura que los procesos creativos son diferentes cuando es Banville o cuando no, “son métodos distintos, escribo los libros de Benjamin Black muy rápidamente, en tres o cuatro meses. Un libro de Banville me lleva tres o cuatro años”.

La imaginación, la Selic y el Nobel

Asegura John Banville que “la imaginación de un escritor es bastante banal, sólo imagina cosas ordinarias”, por eso, cuando se llega a un lugar desconocido como lo es para el Santiago “dice, no conozco este lugar, entonces no puedo escribir una novela sobre él” y afirma irónicamente que no sabría escribir una novela sobre Compostela por que no conoce la ciudad. A pesar de todo, los misterios de las idas y venidas de los huéspedes del hotel en que se aloja, la distribución de los dormitorios... daban la impresión de estar azuzando ya su inquieta imaginación.

En la charla, resulta inevitable preguntar al ganador en 2011 del Premio Franz Kafka –que muchos consideran la antesala del Nobel– sobre el galardón de la Academia sueca. Él tira de humor y afirma “tengo muchas esperanzas de que Benjamin Black gane el Nobel, creo que va a pasar” y acto seguido explica que verbalizó públicamente algo dicho muchas veces en la intimidad, “alguien me comentó que dije que iba a escribir a la academia para que se quedasen con el premio y a mi sólo me diesen el dinero. Esto ha sido publicado, así que cualquier oportunidad que hubiera de ganar el Premio Nobel se ha ido”.

Y pese a su ironía con el Nobel y Black, el escritor se pone serio para explicar que concede muy poca importancia a los galardones, “es agradable ganar un premio, pero creer que es la mejor medida del valor de tu trabajo sería infantil. Los padres te dan muchos regalos en Navidad, pero eso no significa que te quieran”, de nuevo el humor de Banville. Un autor que sigue afirmando que sólo hizo un libro en toda su vida, o variaciones sobre ese libro porque “intento escribir el libro perfecto, eso es lo que he estado haciendo toda mi vida”.

Una vida que en 2024 lo trajo a Santiago –si Banville no está en lo cierto y todo esto no es una creación de su imaginación– y a la Selic. “Voy a encontrarme con el público de este Purgatorio”, recuerda nuevamente, “y seré brillante y hermoso, como siempre, el público será brillante y hermoso como siempre... y tendré 37 años”.