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LA AMENAZA DEL EFECTO LLAMADA

¿Por qué no se castiga el vandalismo contra el patrimonio histórico?

La Ley del Patrimonio Cultural de Galicia contempla multas de entre 6.001 hasta 150.000 euros en el caso, por ejemplo, de pintadas en la Catedral. Aplicar las sanciones, no obstante, es muy complejo

Imagen de la pintada en la Plaza del Obradoiro

Imagen de la pintada en la Plaza del Obradoiro / @El Barraquista

Ángel Martínez

Ángel Martínez

Santiago

"Hay que atajar ya estas prácticas porque pueden convertirse en algo viral y acabar siendo un rito de los peregrinos, como lo de quemar la ropa en Fisterra, que se ha convertido en un auténtico problema. Pero lo de las pintadas en el Obradoiro o la Catedral es más grave. Afectan a la piedra y eliminarlas tiene un coste elevado". Quien habla es Carlos Henrique Fernández Coto, presidente de la Asociación para a defensa do Patrimonio Cultural Galego (Apatrigal), para advertir sobre el 'efecto llamada' que empieza a entreverse en el vandalismo contra el patrimonio de Compostela.

Tres atentados en los últimos días contra el patrimonio del casco histórico compostelano apuntalan su teoría. El 19 de julio, una de las piedras de la Praza do Obradoiro amaneció con un mensaje escrito en rotulador permanente: "Aquí terminamos el camino de Santiago y empezamos el nuestro", junto al nombre de los tres 'peregrinos' -Carmen, Fran y Camila-. El día 29, en una de las piedras de la Fuente de los Caballos, en la Praza das Praterías, apareció otra pintada -"A y G se bañaron aquí", junto a una fecha-. Por último, el 1 de agosto otra turista realizó una pintada con típex frente a la Catedral, saliendo de la rúa de Fonseca, que rezaba "Mailena was Here" junto a un "Hola" y dos corazones.

Eliminar los efectos de este vandalismo contra el patrimonio compostelano no resulta barato. Los expertos de Apatrigal han estimado un coste de 1.000 euros por metro cuadrado -Urbaser, la concesionaria de limpieza del Concello se encarga de estas tareas- aunque las pintadas tienen consecuencias más graves que las económicas. "La piedra adquiere una pátina -que debe conservarse por evidentes razones históricas, estéticas y técnicas- y cuando se limpia con láser se queda blanca, se modifica el aspecto del monumento", explica Fernández Coto.

Cada pintada, cada nuevo atentando contra el patrimonio, genera un efecto cascada que para los compostelanos parece repetirse en un bucle infinito. Primero, las muestras de indignación en las redes sociales; después, la condena de los partidos políticos gallegos y, por último, la advertencia de la Xunta a los responsables con las multas que contempla la Ley de Patrimonio Cultural de Galicia. Nada de esto -tampoco los programas de concienciación diseñados por el Concello de Santiago- ha resultado efectivo hasta ahora. Más bien al contrario.

Tras aparecer la pintada el 29 de julio en la Praza das Praterías, la concelleira de Turismo, Míriam Louzao, declaró que el Gobierno local no descarta que se puedan aplicar sanciones para este tipo de actos vandálicos contra el patrimonio, aunque la principal apuesta del bipartito para evitarlos pasa por las campañas de sensibilización. "As campañas de concienciación non obvian nin descartan que para estes casos haxa sancións”, señaló. A preguntas de EL CORREO GALLEGO sobre la posibilidad de una ordenza municipal que contemple multas, fuentes del Concello respondieron este lunes que "tanto na Ordenanza Municipal de Convivencia, Residuos e Limpeza Viaria como na Ordenanza Municipal de Publicidade hai referencias á prohibición de realizar pintadas. En todo caso, polo que corresponde ao patrimonio, prevalece a Lei de Patrimonio de Galicia".

La citada Ley de Patrimonio Cultural contempla como "grave" destruir o causar un deterioro considerable a un BIC (Bien de Interés Cultural) o intervenir en él sin autorización dañando la estructura. De hecho, hace especial mención al "territorio histórico de los Caminos de Santiago". En el caso de las pintadas en la Catedral, por ejemplo, las multas pueden ir desde los 6.001 hasta los 150.000 euros. No obstante, aplicarlas es muy complejo.

"La sanción es un tema muy complejo. Hay que 'pillar' a la persona responsable en el momento e identificarla y eso nunca sucede. Solo conozco un caso de sanción por una pintada, fue contra un hombre que dañó una escultura de (Eduardo) Chillida en Madrid. La multa, de 1.300 euros, fue ratificada por el Tribunal Supremo. En cualquier casi, lo primero es tener una ordenanza, aunque desde la Xunta ya existen ese tipo de sanciones", explica Fernández Coto.

El presidente de Apatrigal también pone el foco sobre el notable cambio en el perfil del peregrino: "En el siglo pasado los que venían a Compostela eran peregrinos por espiritualidad, y no hablo únicamente de una espiritualidad cristiana. Conocían el patrimonio, distinguían un gótico de un románico. Ahora son masas de gente que hacen el Camino igual que van a Benidorm o a la montaña. Si tienes una vinculación con un lugar, si conoces su valor, no lo maltratas".

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