El ADN identifica al obispo Teodomiro, el descubridor de la tumba del Apóstol Santiago
Una investigación internacional liderada por Patxi Pérez-Ramallo confirma la identidad del fundador del Camino

Restos óseos del cuerpo del obispo Teodomiro, descubridor de la tumba del Apóstol / Cedida

La tradición jacobea y los textos medievales lo situaban como el descubridor de la tumba del Apóstol, pero durante siglos su figura había caído en el olvido. La investigación académica situaba su existencia en el marco de la leyenda y no de la ciencia. No fue hasta el año 1955 cuando unas obras en la Catedral de Santiago descubrieron la lápida del Teodomiro. Casi 65 años después, el investigador Patxi Pérez-Ramallo ha logrado demostrar gracias a las últimas técnicas de ADN, que los huesos que albergaba la tumba se corresponden con los del Obispo de Iria Flavia que en el siglo IX se desplazó a la actual Compostela tras ser avisado de la aparición de unas inusuales luces en un bosque de su diócesis.
Teodomiro comprobó que procedían de los restos de un edificio funerario abandonado hacía muchos años y concluyó, tras un periodo de meditación y ayuno, que allí estaban el el sepulcro de Santiago y sus discípulos Atanasio y Teodoro. A continuación, Teodomiro llamó al rey Alfonso II de Asturias que acudió a la cita siguiendo la línea de costa e inaugurando el trazado del conocido como Camino Primitivo.
En 2014 la Fundación Catedral de Santiago decidió verificar si los restos encontrados en la Catedral se correspondían con los del obispo de Iria Flavia. La lápida que se custodiaba en la necrópolis iba a ser recolocada en un lugar más visible del templo. “No podemos asegurar al 100% que sea él, pero las probabilidades son muy altas. Es mucho más difícil demostrar que no lo es que seguir manteniendo la postura de que sí”, explica Patxi Pérez-Ramallo, el investigador principal de un proyecto en el que colaboraron la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU), e instituciones como el Instituto Max Planck de Geoantropología y la Universidad de Estocolmo. Natural de Santiago, el investigador empezó vendiendo tickets en el Museo del templo compostelano mientras estudiaba Historia en la USC.
Pero después realizó un máster en Bradford, Inglaterra, sobre ciencias arqueológicas para adquirir la especialización en osteología y más tarde, junto con Francisco Etxebarría, realizó el doctorado en análisis forense, en la Universidad del País Vasco. Pérez-Ramallo ha publicado numerosas investigaciones sobre los restos humanos que se encuentran en la cripta de la Catedral de Santiago y que han logrado arrojar luz sobre la historia de los primeros peregrinos a Compostela.

Momento en el que se abrió la tumba del obispo Teodomiro en la Catedral de Santiago de Compostela / Cedida
En 2019, justo antes de la pandemia de coronavirus se abrió la tumba y Pérez-Ramallo vio por primera vez los restos mortales de Teodomiro. En 1955, ya se habían revisado y se identificaron como pertenecientes a un varón de edad avanzada. Sin embargo, un nuevo examen a mediados de los años ochenta sugirió que los restos eran de una mujer, lo que generó dudas sobre su conexión con el obispo que ahora se han disipado. Tras levantar la lápida, apareció la calavera, costillas, brazos y piernas del posible obispo de Iria Flavia, una de las pocas zonas que siguieron bajo influencia cristiana en la península tras la invasión árabe del año 711.
Retraso por la pandemia
La ventaja que tenemos ahora es que los métodos científicos han avanzado, fuimos haciendo las distintas pruebas y todo encajó como en un puzzle”, subraya Pérez-Ramallo. Pero para concluir la investigación hubo que esperar. Con la pandemia los laboratorios cerraron y hasta 2022 no se obtuvieron los primeros resultados. “Con un personaje histórico tan importante en las pruebas se repitieron y se verificaron más de una vez. La de ADN se verificó y se repitió varias veces, y otras analíticas tambiénse revisaron y se repitieron porque teníamos que estar seguros”, indica.

El investigador Patxi Pérez-Ramallo durante el exámen del cráneo de Teodomiro / Cedida
Vivió cerca de la costa
La investigación confirmó que la tumba contenía los huesos de un solo individuo, un varón adulto de más de 45 años. La datación por radiocarbono sitúa la muestra entre 673 y 820 cal. CE, lo que concuerda con una muerte en 847 d.C. Otros análisis de isótopos estables de oxígeno sugieren que el individuo vivió cerca de la costa, coincidiendo con la ubicación de Iria Flavia. El estudio arqueogenético, realizado en la Universidad de Estocolmo, reveló que el perfil genético del individuo se desviaba ligeramente del de los europeos modernos, mostrando afinidades más estrechas con los íberos romanos, los visigodos del sur de Iberia y las poblaciones islámicas ibéricas, lo que concuerda con alguien que vivió en España hace 1.200 años. Estos resultados también coinciden con estudios anteriores que muestran patrones migratorios en respuesta a la conquista de la Península Ibérica por el Califato Omeya en el siglo VIII.
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