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CURIOSIDADES DE COMPOSTELA

José Puertollano, el ‘hombre araña’ que escaló a lo más alto de la Catedral de Santiago

El 25 de julio de 1909 un acróbata circense saludó al rey Alfonso XIII desde la cima de la Berenguela

El acróbata granadino, formado en el circo, se convirtió en un famoso 'escalatorres' al trepar la de la Berenguela en Santiago

El acróbata granadino, formado en el circo, se convirtió en un famoso 'escalatorres' al trepar la de la Berenguela en Santiago / cc

Valeria Pereiras

Valeria Pereiras

Santiago

Lo que hoy sería calificado sin miramientos de acto de vandalismoy que haría echarse las manos a la cabeza a cualquier responsable de riesgos laborales, hace 115 años fue considerada toda una hazaña. En 1909 Santiago inauguraba la Exposición Rexional Galega cuando, durante los actos de la Ofrenda al Apóstol, un hombre se convirtió en el centro de atención de la Praza do Obradoiro. 

No se trataba del rey Alfonso XIII, ni de otros altos dignatarios presentes en el lugar, sino de José Puertollano. Desde la cima de la Torre da Berenguela, la más alta de la Catedral de Santiago, este artista circense nacido en Granada en 1873 ejecutó una impresionante demostración de acrobacias en las alturas que dejó boquiabierto al público asistente. 

La proeza, que aparece recogida en una fotografía de la época, aunque polémica por la falta de autorización, marcó el inicio de una fructífera carrera que llevaría a José Puertollano a recorrer toda España para subir a lo más alto acompañado por su familia.

Puertollano en la torre de la Berenguela de la Catedral de Santiago

Puertollano en lo alto de la torre de la Berenguela de la Catedral de Santiago / ECG

La hazaña en la Torre da Berenguela

A pesar de que el Cabildo le negó el permiso para realizar su escalada, José Puertollano decidió trepar a la torre de madrugada, sin arnés ni protección, y se amarró en su punto más elevado, a 72 metros de altura. Según relatan las crónicas de la época, aquel 25 de julio, durante la celebración de la Ofrenda al Apóstol, Puertollano llamó la atención del rey Alfonso XIII al grito de “Majestad!”, y procedió a realizar acrobacias sobre la torre, dejando atónito al público presente en el Obradoiro.

El objetivo de Puertollano era lograr la autorización del monarca para escalar todas las torres de España. Más tarde, aquel mismo día, se cuenta que Puertollano se acercó al rey y le tocó la espalda, provocando la reacción de los escoltas. Intercedió el periodista compostelano Antonio Fernández Tafall que al reconocer al escalador exclamó: “¡Majestad, es el escalatorres!”. Este incidente marcaría un antes y un después en la vida del granadino.

En Portugal, José Puertollano y su hijo ascendieron la Torre dos Clérigos, entonces el edificio más alto del país

En Portugal, José Puertollano y su hijo ascendieron la Torre dos Clérigos, entonces el edificio más alto del país / cc

Una vida de escaladas

“El arzobispado compostelano lo contrata para pintar torres, enderezar pararrayos y mil menesteres más que lo tuvieron ocupado en Galicia hasta 1917, es decir, durante ocho años. La familia creció y con ella las virtudes que los bautizarían como los hombres araña”, recoge la prensa de la época. Sus proezas llegaron a Portugal, donde aún hoy siguen creyendo que Puertollano era gallego. 

En el país vecino, el “hombre araña” lleva a cabo grandes exhibiciones como la escalada a la Torre dos Clérigos de Oporto, que con sus 75 metros fue durante muchos años el edificio más alto de Portugal. La gesta del hombre trepador fue registrada por Raul de Caldevilla y se conserva en la Cinemateca Portuguesa. Se desconoce el motivo exacto, pero José Puertollano terminaría siendo expulsado del país por espionaje. 

“Escalatorres”, la saga

Puertollano trabajaba junto a su familia. Su esposa, una talentosa equilibrista que había conocido en el Circo Feijoo donde comenzó su carrera, y sus hijos, Miguel y Gloria, lo acompañaban en muchos de sus números. Esta dinámica familiar lo llevó a convertirse en un icono, conocido no solo por sus habilidades, sino por pasar el legado de su arte a la siguiente generación.

Tras los años vividos en Galicia, José Puertollano continuó su vida como escalador junto a su hijo Miguel. En 1922, ambos protagonizaron otra escalada histórica, en esta ocasión en una de las torres de la Basílica del Pilar de Zaragoza durante las fiestas en honor a la Virgen. El Heraldo de Aragón inmortalizó la hazaña, retratando a José y Miguel en lo alto de la torre. En el artículo también aparece la imagen de Gloria, la hija mayor de José, que también acompañaba a su padre en estas impresionantes pruebas.

José Puertollano con sus hijos Gloria y Miguel, los tres escalatorres famosos por sus ascensiones como la de la torre alta del Pilar en cuya veleta realizaron padre e hijo arriesgados ejercicios

José Puertollano con sus hijos Gloria y Miguel, los tres escalatorres famosos por sus ascensiones como la de la torre alta del Pilar en cuya veleta realizaron padre e hijo arriesgados ejercicios / Heraldo de Aragón

Miguel, al igual que su padre, había trabajado como equilibrista en el Circo Feijoo. En una entrevista, relató cómo José, durante una actuación circense en Estepona, fue testigo de un fuerte temporal que afectó a la veleta de la iglesia parroquial. Ante el riesgo de desplome, José se ofreció a afianzarla, completando la tarea con gran facilidad. Acababa de darse cuenta de que podía usar su habilidad para algo más que el circo.

José Puertollano legó una saga de acróbatas conocidos como los 'escalatorres' o los 'hombres araña'

José Puertollano inició una saga de acróbatas conocidos como los 'escalatorres' o los 'hombres araña' / cc

Miguel continuó el legado de su padre, participando activamente en numerosas demostraciones acrobáticas junto a su hermana Gloria, y juntos se convirtieron en parte de la saga familiar. Según publicó la revista Alhóndiga sobre su paisano, a día de hoy los descendientes de Puertollano, conocidos como los “escalatorres” o "los hombres araña", siguen residiendo en Aragón y manteniendo viva la tradición que José inició en el siglo XIX.

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