«Las familias tienen que moderar el uso que hacen sus hijos de las tecnologías», asegura Dolores Fernández Tilve
La profesora de Ciencias de Educación de la USC ve necesario un trabajo conjunto de prevención que implique al profesorado para evitar problemas de salud

María Dolores Fernández Tilve, profesora de Ciencias de Educación de la Universidade de Santiago.

Las TRIC (Tecnologías de las Relaciones, la Información y la Comunicación) provocan una serie de cambios en la forma de relacionarse la infancia y la adolescencia”. Esta temática se aborda en un monográfico en la revista Relieve coordinado por la profesora de Ciencias da Educación de la USC María Dolores Fernández Tilve, que pone el foco en la educación emocional. «Tenemos unos infantes y unos adolescentes que son nativos digitales e interaccionan con las nuevas tecnologías, pero el problema es que están haciendo un uso poco responsable y poco saludable», comenta Fernández Tilve a EL CORREO GALLEGO. Además, se percibe una interacción intensa que no tiene una supervisión por parte de la familia.
Moderar el uso de nuevas tecnologías
Por ello, la profesora en el departamento de Pedagogía y Didáctica ve necesario hacer «una llamada de atención» a las familias para que moderen ese uso que están haciendo sus hijos de las nuevas tecnologías y plantearles también «que no las pongan a su disposición en edades tempranas».
En cualquier caso, considera que no hay que llegar a prohibirlas porque «la educación digital está ahí y las tecnologías eventualmente comportan beneficios, además de amenazas y riesgos».
Por tanto, lo fundalmental sería desarrollar un trabajo conjunto y enfocado en la prevención. «Quizás tenemos que ser más proactivos, no esperar a que los problemas o a que las patologías aparezcan porque nos estamos dando cuenta de que el mal uso de las nuevas tecnologías genera un problema en la salud pública», indica.
Efectos de las redes sociales
No son pocos los casos de menores con problemas de trastornos alimenticios, ansiedad, insomnio o cuadros depresivos, teniendo en cuenta que en muchas ocasiones «la exposición de los propios adolescentes en las redes sociales hace que aparezcan posibles casos de extorsión, contactos con desconocidos, consumo de pornografía online, e incluso tenemos evidencias científicas que demuestran casos de sexting».
Con el fin de reconducir una problemática que se ha agudizado con la pandemia del coronavirus, Dolores Fernández cree oportuno la creación de unidades de salud mental. Además, serán los propios pedagogos, y quienes de alguna manera trabajan directa o indirectamente con la infancia y adolescencia, quienes tengan que hacer un esfuerzo mayor en proporcionar herramientas conceptuales y procedimentales a las familias, ofreciéndoles programas parentales y herramientas prácticas para trabajar con sus hijos/as.
Educación emocional
Con todo, Fernández Tilve define la educación emocional como «inexcusable», al ayudar a las personas a gestionar más y mejor el mundo de las emociones. Habla de la Agenda 2030 como un horizonte con objetivos de desarrollo sostenible, entre los que se encuentra el bienestar y la salud mental.
«La escuela tiene que realizar un esfuerzo en impulsar proyectos que fortalezcan y favorezcan la práctica de la educación emocional. Los profesores tienen que ir integrando ese tipo de contenidos en las diferentes áreas del conocimiento y en los diferentes niveles educativos», manifiesta.
En ese objetivo de trabajar más los usos y de buscar más supervisión, desde la prudencia y la responsabilidad, la investigadora de la Universidade de Santiago considera que la administración educativa ya está dando pasos en esa dirección, concretamente en Galicia. «Gracias a los estudios de los investigadores de la universidad se dispone en estos momentos de una foto más amplia y más rigurosa respecto a esta problemática, y me consta que en los centros educativos hay unos planes que están ayudando a trabajar el mundo de las emociones», declara.
Red formativa para el profesorado
De cara a un futuro, esta profesora apuesta por dedicar un mayor esfuerzo en crear una red de formación dirigida fundamentalmente al profesorado en ejercicio, «trabajando más desde la prevención». Una red en la que se incluiría a las propias familias. «Siempre podemos hacer más y mejor desde las políticas educativas, pero pienso que ya estamos dando pasos importantes que luego deben tener continuidad en el entorno familiar», reitera.
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