El regreso de don José Luis Piñeiro a las aulas: homenaje al veterano maestro del Colegio San Francisco Javier de Santiago
Hace un cuarto de siglo que se jubiló, pero sus alumnos siguen acordándose de José Luis Piñeiro, el profes de geografía, historia y ciencias naturales del Colegio San Francisco Javier de Santiago durante 28 años
Ayer le brindaron un homenaje, en el que el veterano profesor no pudo evitar emocionarse

El maestro José Luis Piñeiro, ayer, ante sus exalumnos en el CSC de Santa Marta. / Jesús Prieto

Don José Luis Piñeiro Sarandeses no pudo contener la emoción cuando sus exalumnos le recibieron con un sonoro aplauso. Alguien dijo en alto: «Hoy toca examen», y el veterano maestro, que suma noventa primaveras, se echó a reír. Porque no, ayer no tocaba examen, sino el reconocimiento a un «hombre bueno y sabio» que destacó sobre todo por su «creatividad» para enseñar «de una manera diferente». Lo suyo eran las ciencias naturales y la geografía; y sus exalumnos del Colegio San Francisco Javier de Santiago (Jesuitas) no podían dejar de recordar, durante el homenaje que le brindaron en el Centro Sociocultural de Santa Marta, los grandes mapas interactivos que su profesor diseñaba de manera artesanal para que fuese mucho más fácil y didáctico aprender los ríos y cordilleras o los países y sus capitales.
«El cierre del San Francisco Javier fue mi mayor disgusto. Para mí era, sin duda, el mejor colegio de Santiago»
El profesor también lo recordaba a la perfección. En una entrevista concedida a EL CORREO GALLEGO comenta que en sus tiempos de maestro «prefería que los chavales se manejasen con el mapa a que aprendiesen todo de carrerilla y de memoria. Era otra manera de aprender», defiende.
«Yo era un poco manitas y lo llevé a la enseñanza. Hice un mapa eléctrico de toda España y en las escuelas en las que estuve en Asturias dejé mapas pintados en las paredes muy buenos. Porque para mí la geografía siempre fue verla en el mapa; y que después los niños también se manejasen en el mapa, no solo con la memoria», relata el maestro, que también fue pionero en hacer grandes excursiones con los chavales.
Pionero en excursiones a otras regiones de España
«Creía que otra manera de aprender era viendo y empecé a hacer excursiones de ocho días a Madrid, a Segovia o a Toledo. Los chavales lo pasaban de maravilla y la verdad es que yo también», comenta el maestro, antes de asegurar que «siempre tuve alumnos maravillosos y me sorprende el cariño que me guardan. Es raro el día que no me cruce con alguno por la calle y que no me salude. Me dan un abrazo y a veces les digo ‘mira, si no me dices quién eres’... porque es imposible que me acuerde de todos», comenta entre risas.
Sus alumnos dicen de Don José Luis que es maestro de vocación. Él sostiene que llegó a la enseñanza «por necesidad». «Terminé el bachillerato superior y hubo un momento en el que mi padre se quedó sin trabajo. Entonces yo dejé de estudiar y me dediqué a dar clases. Pero un amigo le dijo: ‘Pero, Piñeiro, ¿por qué no haces que tu hijo estudie Magisterio?’ Mi padre le respondió que aquello costaba un dinero... Pero Enrique, que era el amigo de mi padre, insistió y dijo: ‘No te preocupes, yo busco una matrícula gratuita y hasta una beca’. Me matricularon y terminé el magisterio de barbilla», relata.
Primer destino en Asturias
Su primer destino fue en Asturias, en un pueblecito de montaña donde se pasaba el invierno empapado por la nieve; y de allí fue a La Planta, en Mieres, donde estuvo seis años. Luego regresó a Galicia. «Vine para Trazo, que para mí fue el destino más completo, yo allí fui feliz. Me casé, tuve a mis hijos... Era un pueblo de labradores, pero bellísimas personas. Allí también hice buena amistad con uno de los inspectores de enseñanza que me decía por qué no pedía el destino en Santiago, ya que en aquel momento los jesuitas estaban a punto de abrir un nuevo colegio. Yo estaba en Trazo de maravilla, pero al final me convenció y pedí el traslado».
Fue así cómo llegó al Colegio San Francisco Javier, donde impartió clases durante 28 años, de los que los últimos nueve, hasta su jubilación en 1999, ejerció las responsabilidades de director. «Daba clases de ciencias naturales, geografía e historia y plástica», recuerda el veterano maestro, antes de confesar que «el disgusto más grande que tuve, precisamente, fue cuando me enteré que cerraba. Nunca pensé que los jesuitas iban a cerrar el Colegio San Francisco Javier, porque para mí era el mejor de Santiago», remarca don José Luis, que aunque nació en A Coruña vive desde hace 41 años en Compostela.
Un hombre y bueno querido por todos
Varias generaciones se reunieron ayer en Santa Marta para asistir a lo que consideraban «una cita obligada con una persona que nos ha enseñado muchas cosas, pero sobre todo de la que tenemos un muy buen recuerdo, porque además de buen profesor era una buena persona, un maestro cariñoso al que querían todos los niños», relataba un exalumno. Don José Luis, apoyado en su bastón pero con una memoria privilegiada a sus noventa años, les agradeció a todos el cariño con un inmenso abrazo.
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