Franck Fabbri, tras 2.000 kilómetros y cinco meses de peregrinaje: "Todo viajero debería tener una cabra"
Este cocinero francés llegó al Obradoiro acompañado de dos perros y una cabra, protagonistas de su libro 'Le Plume, les Chèvres et le Libéré'. Otra compañera murió durante la ruta

Franck Fabbri, con sus dos perros y la cabra en el Obradoiro. / M.G.P.

Poco después de las cinco de la tarde, entre la llovizna, entra en un Obradoiro casi vacío un peregrino acompañado de una cabra y dos perros. Los canes, enormes (posiblemente algún cruce de mastín), van atados; pero la cabra deambula con total libertad. Entre el puñado de turistas contados que hay (lo habitual en un día de semana, de febrero, feo y en horario de tarde) algunos se acercan a fotografiar a los animales, ignorando a su dueño. Su nombre es Franck Fabbri y, como casi todos los peregrinos, trae en su mochila una historia singular.
Francés de la zona de Saint-Étienne, cocinero de profesión y escritor, nada más pisar el Obradoiro echa sus últimas cuentas mentales. Le salen algo más de 1.900 kilómetros. Son los recorridos en los últimos cinco meses, cuando partió de Saint-Martin-la-Sauvete acompañado de dos cabras y dos perros. Una no llegó: Pasqualine murió en Villaviciosa. "Era muy vieja", relata Fabbri, rodeado de la superviviente Djidji y de los fieles Plume (Pluma) y Ours (Oso).
No era una cabra cualquiera. Era la coprotagonista de 'La Plume, les Chèvres et le Libéré' (Pluma, las cabras y la liberación), el libro que escribió Franck Fabbri en 2021 tras recorrer 1.700 kilómetros de ida y vuelta por el llamado camino de Stevenson, en el sur de Francia. Es, según la editorial Libre2lire, "un road trip bucólico, lleno de reencuentros y de humor que nos hace pensar que todo viajero debería tener una cabra".
En aquel primer viaje, con Pasqualina, Djidji y Plume, Franck Fabbri ya tenía la mente puesta en Santiago de Compostela, el "campo de las estrellas", pero entonces paró en la frontera con España. Quedó pendiente ese segundo asalto, el que este jueves por fin completó, eligiendo para ello tramos del Camino Norte y el Camino Primitivo.
Fueron meses de extrema dureza, porque siempre duerme con sus animales en una tienda de campaña. "Muchos albergues en esta época están cerrados", cuenta. Y en los que están abiertos no dejan entrar a animales. "En cinco meses solo dormí una vez fuera de la tienda, en un monasterio", explica. Así que además de las cabras y los perros, Fabbri siempre tuvo otra compañía: el frío. Las fotografías de su partida y las de ahora en el Obradoiro son el mejor testimonio de la alta exigencia del viaje.

Los fieles acompañantes de Fabbri, durante la ruta. / CEDIDA
"Contento" con la acogida de la gente a lo largo de la ruta, este peregrino reconoce que se encontró poca afluencia en estas fechas y "demasiados negocios cerrados", especialmente en pueblos pequeños. Eso no impidió que encontrase un importante caudal solidario, con gente que le ofrecía su propiedad para poner la tienda para pasar la noche. Este jueves, en Santiago, pensaba darse el capricho de un cámping o un recinto similar.
Sobre su destino, la capital gallega, y Galicia en general, Fabbri admite que "solo lo conocía en fotografías", pero su primera impresión es "buena", relata mientras levanta la cabeza para contemplar la fachada de la catedral. Lo único que interrumpe su paz son los ladridos furiosos de Plume y Ours cuando alquien se acerca demasiado a su dueño. "Son muy protectores, lo hacen por defensa". Quizás por eso ellos van atados mientras la pequeña Djidji camina libre por el Obradoiro, aunque allí tiene difícil encontrar alguna brizna de hierba que llevarse a la boca.
¿Por qué una cabra?
El camino de Franck Frabbri tuvo un punto de inflexión el pasado 13 de enero en Villaviciosa (Asturias), donde perdió a su cabra Pasqualine. "Era muy vieja", cuenta. "Casi 16 años". En concreto eran 15 años 9 meses los que vivieron juntos, un tiempo en el que recorrieron además "3.200 kilómetros por las carreteras de Francia y España", en las rutas de Santiago y Stevenson.
La aventura de Franck Fabbri, de Pasqualine, de PlumeDjidji y de Ours, tuvo su origen en una complicada situación familiar que puso al límite a este francés, que por esa razón decidió lanzarse a caminar para liberarse del pasado. "Mi motivación es algo espiritual", afirma. "Camino para liberarme de una piel y poner una nueva", para tener un momento de retraimiento lejos del ajetreo y el bullicio del mundo. "Para volver a lo esencial".
Y para un viaje así, no hay mejor compañía que alguien que camine en silencio, por cualquier terreno, a cualquier ritmo y sin apenas pedir nada a cambio... Nadie mejor que una cabra.
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