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Santiago está a la cola de las ciudades gallegas en familias monoparentales

El IGE los cifra en el 10,47% de los 41.438 registrados en 2023, último año del que se recogen datos. Es la que menos porcentaje presenta de este tipo de familias de entre las siete grandes ciudades, a excepción de A Coruña

Las estadísticas poblacionales recogen un aumento de las madres solteras

Las estadísticas poblacionales recogen un aumento de las madres solteras / Xunta

Koro Martínez

Koro Martínez

Santiago

Algo más de uno de cada diez hogares con los que cuenta Santiago son monoparentales, en concreto el 10,47% de los 41.438 registrados por el Instituto Galego de Estatística referidos al año 2023, último del que se tienen datos.

Cifras que sitúan a Compostela a la cola en cuanto a presencia de este tipo de familias, puesto que de las siete grandes ciudades solo presenta un porcentaje mayor que el de A Coruña, donde se queda en el 9,75% de los 108.391 contabilizados. Ferrol, con un 13,23 de los 29.045 hogares, y Vigo, con un 13,19% de 116.350, encabezan el listado. Les siguen Pontevedra, con un 12,73% de 31. 739; Ourense, con un 12,61 de 45.595, y Lugo, con un 10,85% de 41.642 hogares.

Números que contribuyen de alguna manera a arrojar algo de luz sobre la composición de los hogares que componen las siete grandes ciudades, pero que «en ningún caso reflejan la cifra real de familias monoparentales», según apunta en conversación con EL CORREO GALLEGO Inma Alonso.

Diferencias entre hogares y familias

Señala que si bien las estadísticas poblacionales recogen un aumento de las madres solteras, «dentro de ellas no sabemos quiénes tienen pareja y quiénes no, y las circunstancias son muy diferentes con independencia de que haya un vínculo matrimonial».

Insiste en que «son datos meramente estadísticos, en los que además se habla de hogares, de personas que viven en una misma vivienda, con lo que faltarían las familias monomarentales con hijos sin un segundo progenitor y que no disponen de vivienda propia, o bien porque no tienen recursos, o bien porque conviven con los abuelos o con otras personas».

Presidenta de la asociación de Familias Monomarentais de Galicia (Fagamos) -monomarentales porque la inmensa mayoría son madres aunque también hay algún hombre por adopción o gestación subrogada-, entidad que fundó con otras mujeres en su situación cuando al ser madre de dos niños comprobó que no había información en ningún sitio sobre sus derechos, subraya que esa falta de claridad sobre el número de monoparentales «nos afecta porque si no sabemos cuántos somos, tampoco cómo actuar», y se añade el problema de que «no hay una regulación única a nivel estatal como sucede con las numerosas».

Sin un registro propio

Algo que reivindican y, tras recordar que la Ley de apoyo a la familia y a la convivencia de 2011 ya reconocía a las monoparentales de especial consideración y que la Ley de Impulso Demográfico de Galicia de 2021 ampliaba la definición y contemplaba la creación de un registro y un plan de apoyo específico, afirma que «tres años después de su aprobación ni hay registro ni plan de apoyo, con lo que no estamos equiparadas en beneficios a otras familias de especial consideración como pueden ser las numerosas».

Incide en que «en Galicia las que cuentan con el certificado son unas tres mil, entre otras cosas porque el certificado caduca a los dos años y muchas tampoco lo renuevan porque no vale para mucho, con lo cual son muchísimas las que quedan fuera de ese reconocimiento».

Madres según el estado civil

Sin especificar esa situación de monoparentalidad o no, lo que sí demuestran los datos del IGE de las tres últimas décadas es que la brecha entre las madres casadas y las solteras se ha ido estrechando de forma significativa en Santiago, si bien aún son más las primeras, y son también fiel reflejo de la tendencia al descenso de la natalidad.

Un descenso sobre el que Cristina Voces, madre monomarental de un hijo de 9 años, cree que «se habla mucho, pero si no hay políticas de ayuda reales y conscientes de la situación, seguirá bajando».

En el caso de Compostela, en 1996 dieron a luz 705 madres casadas y 70 solteras, frente a las 324 y 257 de 2023, respectivamente. Con cifras descendiendo hasta en torno al medio millar en el caso de las casadas entre 1996 y 2013, en 2014 se experimenta un repunte llegando a los 930 nacimientos de madres casadas y 538 de solteras. En 2018 se pasó a 639 y 596, respectivamente, y el año con menor diferencia fue 2019, 336 frente a 320. Sumando ambas situaciones, Santiago solo supera el millar de nacimientos entre 2014 y 2018.

«Nuestra vida estaba en Santiago, pero tuvimos que volver con mi madre al no poder conciliar»

Para una familia monoparental como la suya, la conciliación es un sueño imposible que le ha devuelto al hogar materno en O Barco de Valdeorras, pese a que «nuestra vida estaba en Santiago, allí teníamos a nuestros amigos y mi hijo estaba muy feliz, tenía su cole y a sus compañeros, pero sin ninguna ayuda familiar ni de conciliación, no pude más económicamente».

Cristina Voces con su hijo Izan en una visita al museo del Real Madrid

Cristina Voces con su hijo Izan en una visita al museo del Real Madrid / Cedida

Agradecida de al menos tener esa opción y de poder dedicarse ahora a preparar las oposiciones para instituciones penitenciarias con el objetivo de independizarse de nuevo, Cristina Voces admite que volver a casa de su madre «también es un atraso, un trastorno, porque mi hijo y yo estábamos acostumbrados a vivir los dos». Se quedó embarazada a los 17, al nacer el niño rompieron la relación y, aunque «el padre mantiene la patria potestad, pasa la pensión y lo ve una vez al mes, yo tengo la custodia total de Izan».

Explica a EL CORREO GALLEGO que estudió Trabajo Social en la USC y que, aunque durante el primer curso su hijo se quedó en O Barco, luego ya «me lo llevé a Santiago y tiraba de algún amigo, pero sobre todo de niñeras». Señala que en la universidad «me formé un núcleo de amistades que me daban bastante apoyo para cosas pequeñitas, vivía en la zona vieja porque tenía cerca la facultad y el colegio de Izan, y al salir de clase se quedaba alguna amiga con él en el Toural mientras yo hacía la compra».

«La conciliación laboral es nula»

Hubo veces en las que también se lo tuvo que llevar a la facultad, «los profesores me decían que mi hijo iba más que algunos alumnos», aunque por lo general ambos acudían a sus respectivos centros educativos por las mañanas, «por las tardes me dedicaba al niño y, cuando se dormía, yo me ponía a estudiar». Cursó la carrera en los cuatro años reglamentarios y llegó a incorporarse al mercado laboral, pero «como en Santiago apenas había vacantes, encontré trabajo en A Coruña y en Pontevedra, e iba y venía a diario, pero eran proyectos de cierta duración, nada indefinido». Asegura que su intención era no modificar la vida del niño, pero «entre pagar el alquiler, a la niñera y los demás gastos, y con una conciliación laboral nula, ni reducción de jornada ni nada», la situación se hizo insostenible y tuvo que regresar a su lugar de origen.

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