Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Curiosidades de Compostela: ¿Sabías que...?

Curiosidades de Compostela: ¿Sabías que...?

Javier Rosende Novo

Javier Rosende Novo

Javier Rosende Novo

Santiago de Compostela

Como ya comentamos, desde la llegada del peregrino al Paraíso, o Praza norte de la catedral, se iniciaba para él todo un periplo ceremonial, con actos de mayor o menor trascendencia. De uno de ellos, el del Abrazo al Apóstol, hablamos la semana pasada.

Es entonces el momento de recordar otro muy relacionado con este. ¿Sabías que... el acto del abrazo se podía acompañar del de la coronación del peregrino, que, a diferencia del abrazo, estuvo restringido, en principio, a los romeros alemanes y en uso desde mediados del siglo XIII?

Tabla del políptico de la Vida y Milagros de Santiago, Indianapolis Museum of Art

Tabla del políptico de la Vida y Milagros de Santiago, Indianapolis Museum of Art / Cedida

Como se puede ver en una hermosa tabla que se custodia en Indianápolis y que nos ayuda a reconstruir el aspecto de la capilla mayor de la Catedral de Santiago y el propio ritual de la coronación antes de la reforma barroca, sobre la imagen de Santiago, que presidía el altar mayor, estaba suspendida una corona de plata que los peregrinos germanos acostumbraban a ponerse sobre sus cabezas. Su justificación estaba en aquella vieja leyenda que recordaba al apóstol Santiago prometiendo a Carlomagno una corona de gloria por contribuir a despejar el camino que conduciría a su sepulcro. Un honor que iban a seguir disfrutando los peregrinos y ya no solo de la nación alemana, de acuerdo con una costumbre que se mantendrá en el tiempo, porque, como comentaba un historiador español del siglo XVI, el fin de la peregrinación era precisamente llegar a esta imagen del Apóstol, besarla con reverencia en la cabeza, abrazarla por el cuello y ponerse la corona que, pendiente de una cadena, se encontraba sobre la cabeza del santo. Una costumbre que suscitó no pocos comentarios jocosos por parte de los viajeros que en sus anotaciones recordaban el divertido, extraño, ridículo y poco edificante espectáculo del romero intercambiando tocados, pues mientras se ponía la corona suspendida de la cadena, le transfería al santo su propio sombrero, un acto que acababa convirtiendo la devoción en diversión.

Tracking Pixel Contents