Compostela fue la última ciudad gallega en recuperar la luz
Del Clínico a Lavacolla: así se ha vivido el apagón en Santiago
Santiago fue la última ciudad gallega en recuperar la luz, pasadas las 05.00 de la madrugada. Fuentes del Concello confirman que "o 100 por cen do suministro recuperouse en torno ás 6 horas". El comité de crisis se reunirá a primera hora de esta mañana para valorar la situación

Del Clínico a Lavacolla: así se ha vivido el apagón en Santiago /
Belén Bertonasco
Planes de emergencia en el Clínico y normalidad en Lavacolla. La capital gallega ha vivido el apagón más grave de la historia de España sin grandes incidencias en el aeropuerto y con los hoteles funcionando "bajo mínimos" a base de generadores mientras las empresas compostelanas sufrieron el corte con suerte dispar. Galicia acaricia de nuevo la normalidad tras haber ido recuperando de madrugada el suministro eléctrico. Compostela fue la última ciudad gallega en recuperar la luz, pasadas las 05.00 horas de la madrugada. Fuentes del Concello confirman que "o 100 por cen do suministro recuperouse en Santiago en torno ás 6 horas". El comité de crisis se reunirá a primera hora de esta mañana para valorar la situación.
El apagón eléctrico generalizado que ha afectado a toda la Península Ibérica no provocó graves incidencias en el aeropuerto de Santiago. EL CORREO GALLEGO se desplazó hasta la terminal de Rosalía de Castro minutos después de que la mayoría de las ciudades españolas se quedasen sin energía para conocer de primera mano la afectación en las instalaciones aeroportuarias, donde se activaron los generadores electrógenos en cuanto se perdió la conexión a la red general. Muchos de los pasajeros que se encontraban en la terminal no eran conscientes de lo que estaba ocurriendo.

Javier Rosende Novo
Durante el tiempo en que este medio permaneció en el aeropuerto, funcionaban perfectamente los sistemas de aire acondicionado, así como los mostradores de facturación, o el control de seguridad de pasajeros, previo al acceso a la zona de embarque. También los paneles de información de vuelos, de los que no se desprendían alteraciones en la programación para este lunes. Entre las 13.00 y las 16.30 horas despegaron y aterrizaron todos los aviones comerciales que lo tenían previstos. La torre de control funcionaba con normalidad y no trascendieron incidencias internas. Este diario intentó contactar con el gabinete de comunicación de Aena en Galicia, pero todos los intentos resultados frustrados, posiblemente por los problemas en las redes de comunicación.
Sofía López, una pasajera que aterrizó en el Rosalía de Castro a primera hora de la tarde procedente de Sevilla, explicaba que en el vuelo no se les comunicó en ningún momento incidencia alguna, que el viaje transcurrió por normalidad y que se enteró de lo que estaba pasando después de tomar tierra, cuando recibió un mensaje de su hermana, en el que le mostraba su preocupación por el apagón generalizado en España y por una posible afectación al vuelo, que en ningún caso se produjo. "Espero que funcionen los autobuses urbanos para poder llegar al centro de Santiago", expresaba. En este sentido, no se han detectado problemas entre la conexión entre el centro de la ciudad y el aeropuerto. Al Rosalía de Castro llegaban, aunque con frecuencias más espaciadas, quizás por los problemas de tráfico que se han generado en el centro de la ciudad, donde los semáforos han estado inoperativos durante horas.
La normalidad del aeropuerto de Lavacolla también se podía observar en el funcionamiento de las cafeterías, restaurantes y tiendas. Incluso las máquinas expendedoras de comida y los cajeros automáticos del parking funcionaban correctamente. También la gasolinera que se encuentra dentro de las instalaciones aeroportuarias, cuyo suministro, según ha podido saber este periódico, está conectado a los generadores de la terminal.

Del Clínico a Lavacolla: así se ha vivido el apagón en Santiago / Jesús Prieto
Concepción Pose se despedía con pena de su hija Carla junto al acceso del control de seguridad previo a las zonas de embarque. Lo hacía con "incertidumbre y algo de miedo", ya que tenía por delante un largo viaje hasta Varsovia, donde vive, con una escala en Sevilla. "No sabemos si va a funcionar el aeropuerto de Sevilla; es mejor que se quede aquí tirada a que se quede en Sevilla, si después no puede volar a Varsovia", relataba la madre de la viajera.
Al lado de esta mujer se encontraba otra viajera, María Luisa Romero, que tenía previsto viajar a Bilbao. "Voy a ver a mi hijo y a mis nietos, pero la verdad es que me acaba de entrar un miedo tremendo. Estoy tratando de hablar con ellos porque incluso estoy pensando no volar", comentaba la mujer a este diario, a la que se le apreciaba una gran angustia. Su vuelo, como el resto en esos momentos, seguía en hora y despegó sin incidencias de la terminal de Lavacolla. Desde las 12.45 horas y hasta la noche, Lavacolla tenía programadas salidas con destino a Ginebra, París-Charles de Gaulle, Madrid, Charleroi, Barcelona, Sevilla Bilbao, Tenerife Norte, Dublín, Londres (a los tres aeropuertos), Bilbao y Palma de Mallorca. En cuanto a llegadas, estaban programadas desde Gran Canaria, Madrid (13,40), Menorca, Bilbao (15,10), Sevilla, Barcelona (16,00), Dublín, París Charles de Gaulle, Barcelona (18,45), Charleroi, Bilbao (19,20), Madrid (21,05) y Barcelona (21,40). Solo Ryanair reportó un retraso de 20 minutos en el vuelo procedente de Barcelona, con llegada inicialmente prevista al Rosalía de Castro a las 18,45.
El Clínico mantiene la actividad esencial
Mientras, en el Clínico se mantuvo la actividad esencial mediante grupos electrógenos, capaces de proveer de alimentación eléctrica a la mayor parte del hospital. No obstante, debido al elevado uso de la tecnologíaa, la actividad en el CHUS se vio absolutamente condicionada.
La mujer de Francisco Casas tenía este lunes una cita relacionada con la medicación que está tomando, pero no la pudieron atender. "Non había Internet e non podían acceder ao historial. Déronnos una consulta telefónica para mañá. Non pudieron atender a moitísima xente", indicaba este vecino de O Milladoiro a la salida del hospital, acompañado por su mujer, hija y nieta.
Otro ejemplo del impacto del apagón en el CHUS se explica a partir de la situación que vivió este lunes Sofía Santiago, vecina de Louro (Muros). "Tenía por la mañana una prueba en Medicina Nuclear para ingresar esta tarde y operarme mañana. Pero no me la pudieron hacer, con lo cual ya no me operan este martes", relata Sofía, quien incide, además, en que esta situación se repitió en numerosas ocasiones tras el corte generalizado del suministro en España que se registró este lunes.
También en la unidad de Uxencias del Hospital Clínico se notó el apagón. "Hemos venido con mi suegro, llevamos más de dos horas esperando y aún no lo han podido atender. Los pasillos están colapsados", señalaba Jesús Segade, de Arzúa, a EL CORREO GALLEGO en torno a las dos de la tarde de este lunes.
Colapso en la estación de autobuses de Santiago
"Por falta de suministro eléctrico a nivel nacional está suspendida la circulación de trenes". Este mensaje de 14 palabras era el que podía escucharse a través de la megafonía de la estación de ferrocarril de Santiago tras el apagón para informar a los viajeros de la situación a la que debían hacer frente para poder llegar a su casa, su destino de vacaciones o su lugar de trabajo o estudios.
Miles de personas se vieron obligadas a buscar una alternativa en el transporte por carretera, lo que provocó un colapso en la vecina estación de autobuses a partir de las 13.30 horas.
La caída del suministro eléctrico provocó la suspensión inmediata de los servicios de ferrocarril. Los viajeros se dirigieron entonces al personal de Renfe, que les informó de la situación y les aconsejó que buscasen alternativas en caso de tener prisa. También invitaron a los que lo desearan a esperar a un eventual restablecimiento del servicio y a la posibilidad de ser reubicados en otros trenes en caso de contar con plazas disponibles.
Muchos usuarios se vieron sorprendidos al ver alterada su rutina de manera repentina. "Tengo que ir a trabajar a Vigo y no sé si voy a llegar", declaraba Marta, una joven que además tampoco podía ponerse en contacto con sus jefes debido a los problemas con las comunicaciones. Algo similar le ocurría a Jerónimo, que también se encaminaba a la ciudad olívica: "No he podido subir al tren. Mi jefe me dice que si en media hora no hay novedades, se suspende la jornada".
Por su parte, Laura acababa de llegar desde A Coruña, cuando "nos dijeron que teníamos que bajarnos del tren". Su destino final era Vilagarcía, hacia donde también iba a trabajar su amiga Sara, que ya no pudo subir al convoy. "Nos van a venir a recoger en coche, pero no sé si voy a llegar a tiempo", indicó.

Colapso en la estación de autobuses de Santiago / Manu López
La incertidumbre en la estación de tren se convirtió en caos en la de autobuses, en la que la avalancha de viajeros provocó un colapso, especialmente en las rutas más afectadas por la suspensión de la circulación ferroviaria. Personal de Tussa y de las empresas de transporte trataban a primera hora de la tarde de resolver las dudas de los usuarios.
El método adoptado para tratar de ordenar a la multitud consistió en agruparlos en la zona de las taquillas según el destino al que se dirigían. Desde ese momento, los viajeros debían hacer cola hasta que pudieran salir los autobuses, en los que se abonaría el importe del billete al no funcionar la venta anticipada. Aunque se indicó desde las compañías de transporte que se habilitarían refuerzos, no se ofrecían garantías de que se pudiera cubrir toda la demanda, con lo que muchos no pudieron realizar los viajes previstos.

Xaime Leiro Darriba
La hostelería compostelana ante el apagón
“Nosotros seguiremos abiertos hasta que a los turistas se le termine el efectivo o las bebidas estén ya calientes”. Este irónico comentario, realizado por un camarero del bar La Quintana en la emblemática plaza del casco histórico compostelano, ejemplifica a la perfección la estupefacción e incertidumbre de muchos comerciantes y hosteleros que esta mañana, en pleno servicio, asistieron al repentino apagón de la red eléctrica.
Alrededor de las 13.00 horas en la ciudad ya no se hablaba de otra cosa. Grupos de peregrinos se agolpaban en los soportales de la ciudad, buscando un resguardo del calor y también una hipótesis a lo que había pasado. “En Portugal están igual, esto tiene que ser debido a un ciberataque”, se atrevía a dilucidar una de las parroquianas del Bar Suso.
Esta cafetería, ubicada en la rúa do Vilar, fue uno de los negocios de la zona vieja que se han visto obligados a bajar la verja. “No tenemos agua caliente, ni puedo cobrar a los clientes que quieren pagar con tarjeta. Voy a tener que cerrar”, explicaba su propietario, Carlos Quintela, en declaraciones a este diario. Un gesto, el de esa bajada de persiana, que se repitió en múltiples comercios y establecimientos como el Banco Santander de la Plaza Galicia, los dos supermecados de la Zona Vieja, el Froiz de O Toural y el Carrefour Express de O Preguntoiro.
Quien decidió mantener la puerta abierta fue la Iglesia, posibilitando una huida del sol de justicia a muchos peregrinos que pudieron refrescarse en el interior de una Catedral, en penumbra casi por completo.
En los restaurantes, que en el momento en el que se produjo el histórico apagón se encontraban preparando el servicio de comidas, hubo dudas y diferentes modos de proceder. En Nara, en la rúa de Entrerrúas, el equipo al completo permanecía impasible en la terraza de su local. “Creo que tendremos que cerrar. No podemos cocinar”, comentaba Ale, una de sus camareras.
A escasos metros, en el Galeón en la praza de O Toural, se afanaban sirviendo bocadillos fríos a los paseantes que ante las negativas previsiones buscaban algo que llevarse rápidamente a la boca. Una situación que se vivió también en panaderías como Mollete, en la rúa Doutor Teixeiro, donde hubo momentos en los que la cola llegó hasta la praza de Galicia. O establecimientos de comida para llevar, como Almirez, donde decenas de personas esperaban para poder llevarse algo a la boca.
De esta situación no pudieron escapar ni siquiera aquellos negocios que pueden ser esenciales para la población, como las farmacias. “Pudimos aguantar una hora después del apagón gracias a la batería alterna que tenemos pero desde entonces no podemos despachar ningún medicamento. Todo está informatizado, y es imposible”, explicaba a este diario Santiago Álvarez, farmacéutico en el establecimiento de la praza do Toural, que añadía que su preocupación eran ahora las neveras: “Hay medicamentos que necesitan esa refrigeración si no pueden echarse a perder”.
"Hasta que no nos den una directiva, nosotros vamos a seguir abiertos", comentaba ayer por la tarde la camarera del Studio 34, bar del Ensanche en la calle Frei Rosendo Salvado, que tenía su terraza llena de gente tomando un vino, una cerveza o gaseosa.
Los bares de plaza Roja tenían a todo tipo de clientes, jovenes, mayores con sus mascotas y familias con sus hijos, que los habían retirado del coelgio. Los clientes, si o sí debían pagar con efectivo, porque los sistemas de TPV de los bares, no funcionaban.
Por la zona de San Lázaro y Fontiñas los hosteleros también veían como iba a evolucionar el panorama del apagón. El dueño de un bar de la zona ofrecía a los clientes cerveza gratis, porque decía que luego caliente no la podía servir.
Los locales de comida para llevar fueron las grandes protagonistas de la tarde, con grandes filas de clientes en sus puertas, esperando para coger algún plato preparado, como fue el caso de Victoria, Almirez y Os Tres Cucharons.
En La Tagliatella estaban sentados en la puerta del establecimiento los dos cocineros del restaurante italiano, riendose y viendo sus móviles. "Si no hay luz, no podemos cocinar. No sabemos si podemos abrir", comentó uno de los cocineros del restaurante italiano.
El resto de los locales comerciales del centro compostelano decidieron bajar sus persianas. A las 13.30 horas se podía ver a los trabajadores de los diferentes locales, sentados en la puerta de los comercios, hablando entre ellos y comentando las posibles causas del apagón.
Del 'apagón' de Finsa a la normalidad de Urovesa
En la mayor empresa compostelana, la maderera Finsa, con instalaciones en Santiago, Padrón, San Cibrao das Viñas, Vilagarcía y Rábade, entre otras localidades, confirmaron que las líneas de producción estuvieron paradas a causa del apagón. Por el contrario, en Urovesa, fabricante de vehículos blindados y especiales, el corte del suministro eléctrico no afectó a la actividad. La firma trabajó “con normalidad” con su propio grupo electrógeno, como confirmó el presidente de la compañía, Justo Sierra.
La lonja de Ribeira trabajó con cierta normalidad al contar con sus propios generadores. Tanto las descargas como la subasta de pescado pudieron llevarse a cabo, aunque en las instalaciones se respiraba un ambiente de profunda incertidumbre. “La gente está pendiente de saber si va a poder enviar el producto y si va a poder conservarlo”, señalaba Manuel Tomás Abal, operario de la lonja. En la empresa Gerca, con 150 empleos en sus instalaciones de Vimianzo, los trabajadores del turno de tarde fueron avisados por WhatsApp de que no acudiesen a trabajar.
Mientras, el Matadero Comarcal de Soneira pudo mantener la actividad gracias a un generador de gasóleo, aunque tres trabajadores fueron enviados a casa porque el grupo electrónico “no da para que funcione todo el complejo”, como explicaba el gerente, Luis Lema. “Espero que se solucione pronto porque mañana [por hoy, martes] no sé si podremos seguir trabajando”, añadía.
En la fábrica de importación y exportación de pescado Actemsa, situada en A Pobra do Caramiñal, tardaron una hora en poder activar el sistema de cogeneración alternativa. “Aún así, tuvimos que parar la fábrica completamente”, indicaba su director general, José Antonio Guisande. “Hace falta mucha luz para poder limpiar el atún y en esa hora no pudimos hacer ninguna operativa”, agregaba. Entre las 12.34 horas, cuando se produjo el apagón, y las 13.40 horas, cuando se puso en marcha el grupo electrógeno, los aproximadamente cien trabajadores del turno de mañana estuvieron parados. “Al final es una hora de trabajo que hay que pagar igual, lógicamente, pero que no es productiva, y a la que hay que sumar los pedidos que no se llegan a hacer”, subrayaba.
Por su parte, Frinsa funcionó con total normalidad gracias a la planta de cogeneración de la que dispone, por lo que no fue necesario interrumpir el trabajo en ningún momento. Por el contrario, Congalsa, en A Pobra, sí vio afectada su actividad, ya que su grupo electrógeno apenas dio para abastecer de electricidad el área de oficinas. En las cinco naves con las que cuenta la empresa, con unos 600 operarios en total, no se pudo trabajar. Desde la empresa señalan que es pronto para cuantificar los perjuicios económicos causados por el apagón.

Del Clínico a Lavacolla: así se ha vivido el apagón en Santiago / Jesús Prieto
Los hoteles, "bajo mínimos" a base de generadores
"Bajo mínimos". Así aguantaron en el día de ayer hoteles de la capital gallega como el Santiago Plaza. Lo lograron haciendo uso de generadores eléctricos que permitieron mantener la luz dentro de los establecimientos, aunque fuese durante unas pocas horas. Empleados del citado hotel aseguraban a EL CORREO GALLEGO, a primera hora de la tarde, que "habían estado tirando del grupo electrógeno para mantener la electricidad". "Estamos bajo mínimos. Hemos ido a por algo de combustible, pero hay poco y muchas gasolineras no han podido abrir. Por suerte, los clientes del establecimiento lo están entendiendo a pesar de que, de momento, no lo están notando mucho. A ver por la tarde y la noche", explicaban.
El trabajo de los generadores usados por algunos hoteles de Santiago para mantener la luz permitió a clientes como Jorge recargar el teléfono móvil. Este canario, que vino a la ciudad del Sar por trabajo, se enteró del apagón en un bar de la capital gallega. "Se fue la luz de repente. Al poco rato me empezaron a llegar mensajes al móvil de gente de Barcelona y Madrid diciendo que tampoco tenían luz. He estado dando vueltas esperando a que volviese la electricidad pero, al ver que los establecimientos seguían a oscuras, decidí volver al hotel. Allí pude, por suerte, comer y recargar el teléfono. Es increíble que en un país tan desarrollado como España pase esto", relataba.
En esa misma línea se manifestaba Arantxa, una madrileña que llegó ayer por la mañana a Santiago por trabajo. "Está fatal todo. Me sorprende la falta de información que hay". El apagón le pilló en un hotel compostelano y, más tarde, le obligó a buscar durante un buen rato un restaurante en la ciudad que sirviese comida en frío. "Estaba casi todo cerrado y pudimos comer una ensalada. Al volver al hotel tenía todo. Lo único que nos han pedido es que no usemos el ascensor para que siga funcionando el grupo electrógeno, pero hay Wifi, luz en las habitaciones y he podido pedir un café, que era lo único que quería (ríe). Y me lo han puesto", sentenciaba.
Graduación de Medicina entre nervios, alegría y fallos eléctricos
La promoción del 2019-2025 de estudiantes de Medicina de la Facultade de Santiago celebró este lunes su acto de graduación entre nervios y fallos eléctricos. Con un Palacio de Congresos abarrotado -entre los más de 300 estudiantes, autoridades, miembros del claustro y familiares de los jóvenes- el acto de graduación estuvo marcado por los fallos técnicos que interrumpieron las intervenciones de los padrinos, representantes del estudiantado y el rector de la USC. Pese al apagón generalizado en toda la Península, el evento continuó con relativa normalidad, pues lo técnicos estuvieron pendientes tanto de las luces como del sonido -lo que más falló-.
Los tres padrinos de la graduación, Inés Sánchez Sellero, Ana Bermejo y Juan Suárez Quintanilla, recordaron a los recién estrenados médicos la importancia de la humanidad profesional en su futuro trabajo, ya que "tratarán con gente", algo que deben tener siempre presente. Los dos estudiantes, encargados de dar el discurso y representar a al resto de sus compañeros, recordaron sus inicios (marcados por la Covid-19), las horas de ocio, prácticas y sobre todo estudio y trabajo duro.
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