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Hosteleros de Santiago: «Cerramos cuando la cerveza se calentó»

El apagón eléctrico de este pasado lunes afectó a los establecimientos compostelanos obligando a la mayoría a echar el cierre

Alimentación Victoria, durante el apagón, el pasado lunes

Alimentación Victoria, durante el apagón, el pasado lunes / Jesús Prieto

Irene Carril

Irene Carril

Santiago

El apagón generalizado de este pasado lunes afectó a todos los establecimientos de Santiago dejando a hosteleros, hoteleros y comerciantes con recursos bastante reducidos. Algunos pudieron continuar su actividad durante varias horas, después del fallo eléctrico, con relativa normalidad gracias a los generadores de energía de sus locales; otros, por el contrario, se vieron obligados a cerrar poco después del apagón.

A media mañana, cuando se fue la luz en torno a las doce del mediodía, solo había confusión. En un primer momento, tanto comerciantes como clientes pensaron que lo sucedido se debía a una avería en el suministro eléctrico de su calle. Sin embargo, con el paso de las horas y la llegada de alguna que otra información, se fue comprendiendo el alcance del contratiempo. Tanto vecinos como trabajadores –que salían de sus establecimientos para comprobar la conexión de sus teléfonos– confirmaron el fallo en la red eléctrica.

Entendiendo que el apagón de luz iría para largo, y ante la imposibilidad de atender con eficiencia a sus clientes, la mayoría de establecimientos decidieron echar el cierre. «Cuando se fue la luz, por la mañana, cerramos. Pensamos que acabaría volviendo y, sobre las 16.30 horas, vinimos de nuevo a la tienda pero no había posibilidad de trabajar y nos fuimos a las 17.15 horas», comenta Enrique Suárez, gerente del establecimiento ‘Cierto Moda Hombre’, ubicada en la Rúa do Hórreo.

Enrique Suárez, gerente del establecimiento ‘Cierto Moda Hombre’

Enrique Suárez, gerente del establecimiento ‘Cierto Moda Hombre’ / I. C.

Destaca que fueron muchos los comerciantes de su calle que tomaron la misma decisión. «Algunos vinieron por la tarde un rato, para ver si se podría reabrir; pero otros ya cerraron por la mañana tras el apagón», explica Suárez.

Los negocios locales dedicados a la alimentación, como panaderías o tiendas de comida preparada, terminaron como pudieron una jornada compleja. Fue el caso de la panadería artesana ‘La Bulanxerí’, situada en Doutor Teixeiro. «Tras el apagón seguimos trabajando de forma manual. Como la báscula continuó funcionando, pudimos seguir atendiendo hasta que terminamos los productos. La diferencia es que solo aceptábamos efectivo. Algunos clientes de siempre, que no tenían dinero suelto lo dejaron a deber y vinieron a pagar ayer por la mañana, que ya funcionó todo con normalidad», cuentan las empleadas del establecimiento, Aída y Sabela, quienes añaden que «la gente vino mucho a comprar, de hecho se creó una larga cola en la calle, y cuando ya no había pan pedían pastas o lo que tuviéramos».

Aída y Sabela, atendiendo con normalidad a una clienta este pasado martes

Aída y Sabela, atendiendo en La Bulanxerí a una clienta, este pasado martes / I. C.

También 'Victoria', uno de los locales de referencia en Compostela de comida para llevar, registró grandes colas a lo largo de la mañana del lunes. «Tuvimos muchísima gente. De hecho, las empleadas que trabajaban en el obrador, tuvieron que venir a ayudar debido a la sobrecarga de trabajo; una tuvo que ponerse en una puerta, controlando a los clientes; y la otra en la entrada, para evitar que accedieran más de cinco personas a la vez, porque no podíamos atender a tanta gente», explica María Sánchez, que añade que «se vendió toda la comida del día y también muchísimas conservas, la gente tenía algo de miedo a lo que pudiera pasar al día siguiente».

Terrazas llenas

Por sus parte, muchos hosteleros compostelanos aprovecharon el buen tiempo para mantener sus locales abiertos hasta cerca de la noche, y multitud de plazas, parques y terrazas. En Porta Faxeira, los empleados del 'Mesón Cestaños' cuentan a EL CORREO GALLEGO que cerraron sus puertas sobre las 20 horas. «Las terrazas de la zona estuvieron llenas toda la tarde. Nosotros cerramos cuando la cerveza y el vino se empezaron a calentar. No podíamos cobrar con tarjeta y tuvimos que avisar previamente a los clientes. Ayer, por suerte, ya pudimos trabajar con normalidad, el único problema que tuvimos fue con los helados de hielo, que los tuvimos que tirar», detalla uno de los empleados.

Javier Calo, responsable de la 'Cafetería Farggi', situada también en Porta Faxeira, recuerda que la jornada del lunes «fue complicada. Tuvimos mucho trabajo y lo realizamos hasta que pudimos. Una vez que se acabaron los productos frescos tuvimos que cerrar. Pero durante toda la tarde tuvimos la terraza llena». En el Ensanche, más concretamente en Frei Rosendo Salvado, las calles también se llenaron de gente. «Hasta que no nos den una directriz, nosotros vamos a seguir abiertos», comentó la empleada del bar 'Studio 34', a este periódico.

Javier Calo, responsable de la Cafetería Farggi

Javier Calo, responsable de la Cafetería Farggi / I. C.

Las plazas más céntricas y concurridas de Santiago congregaron también en la jornada de este pasado lunes a centenares de oriundos y visitantes, que aprovecharon la falta de electricidad para disfrutar de la ciudad.

«Seguiremos abiertos hasta que a los turistas se le termine el efectivo o las bebidas estén ya calientes». Este irónico comentario lo realizaba un camarero del bar 'La Quintana', y ejemplifica a la perfección lo vivido por los comerciantes que asistieron al repentino apagón de la red eléctrica.

Negocios afectados

Sin embargo, otros se vieron obligados a bajar la verja. El 'Bar Suso', en la rúa do Vilar, fue uno de los negocios afectados por esa situación. «No tenemos agua caliente, ni puedo cobrar a los clientes que quieren pagar con tarjeta. Voy a tener que cerrar», explicaba poco tiempo después del fallo eléctrico su propietario, Carlos Quintela.

Quien decidió mantener la puerta abierta fue la Iglesia, posibilitando una huida del sol de justicia a muchos peregrinos que pudieron refrescarse en el interior de una Catedral, en penumbra casi por completo.

La compleja situación también afectó a negocios esenciales para la población, como las farmacias. 

«Pudimos aguantar una hora después del apagón gracias a la batería alterna que tenemos, pero desde entonces no podemos despachar ningún medicamento. Todo está informatizado, y es imposible», explicó Santiago Álvarez, farmacéutico en el establecimiento de la praza do Toural.

Alicia González y Estela Durán, de la Farmacia Berenguela

Alicia González y Estela Durán, de la Farmacia Berenguela / I. C.

Desde la 'Farmacia Berenguela', en la rúa Doutor Texeiro, Alicia González y Estela Durán recuerdan que en el momento del apagón «teníamos varios clientes, pero ya no pudimos seguir trabajando porque llegó un momento en el que no había manera ni de dispensar las recetas».

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