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Santiago despide al papa Francisco: «Era un santo; es una pena que no nos visitara»

Cientos de compostelanos se congregaron en la Catedral para el funeral por el pontífice

Monseñor Prieto señala que su papado de doce años ha sido «un don de Dios a la Iglesia»

Arturo Reboyras

Arturo Reboyras

Santiago

Santiago despidió ayer al papa Francisco con un funeral en la Catedral presidido por el arzobispo, monseñor Francisco José Prieto. Cientos de personas se congregaron en el santuario jacobeo para recordar la figura del obispo de Roma, fallecido el pasado 21 de abril a causa de un ictus. El Concello de Santiago estuvo representado por los concejales Borja Verea, José Antonio Constenla, Mercedes Rosón, Sindo Guinarte y Marta Abal. Ningún miembro del gobierno municipal. En representación de la Xunta, acudió el secretario xeral de Política Lingüística, Valentín García. También participó el alcalde de Padrón, Anxo Rey Arca.

Decenas de sacerdotes, religiosos y religiosas se sumaron a la misa de réquiem, que también contó con la presencia de los arzobispos eméritos de Santiago y Tánger, monseñor Julián Barrio y monseñor Santiago Agrelo. Además, participó activamente el Cabildo catedralicio. El deán, José Fernández Lago, recordó el legado del papa argentino en su monición de entrada, a la vez que instó a los fieles a rezar por él, como el mismo Bergoglio pedía habitualmente en sus intervenciones públicas. 

Monseñor Prieto sostuvo que el legado del papa Francisco «lo estudiarán con profundidad los historiadores; y los archivos desvelarán seguramente perfiles que enriquecerán su biografía. Ha sido el don de Dios a la Iglesia en estos 12 años y damos gracias por ello».

«Todo cristiano tiene una misión, decía el papa Francisco: la santidad de los santos de la puerta de al lado, cotidianidad, vivencia, cercanía, proximidad, como la que seguramente vivisteis este lunes y vivimos todos en la situación que aconteció y que hizo que también de nuevo la solidaridad brotara», continúo el prelado, para apuntar que «no había luz, pero había luces y las había en el corazón de la humanidad».

 Antes de hacer hincapié en los esfuerzos del papa Francisco a favor de la paz en el mundo y el fin de las guerras, monseñor Prieto puso en valor las veces que recordó a la Iglesia que «tenemos que recuperar, nunca perder, siempre mantener la dulce y confortadora alegría de anunciar el Evangelio. Así de sencillo y así de verdadero y auténtico era, y desde ahí, en palabras y sobre todo en gestos, fue desplegando una misión que solamente se entiende desde el corazón del Evangelio y desde Cristo, centro de la vida de la Iglesia y de los creyentes». Además, también subrayó que Francisco fue el papa que «nos llevó hasta las periferias, no en cuestión de distancia, sino de proximidad en aquel prójimo al que se tiene cercano». 

El compromiso por la paz, continuó, «no es una tarea, un ejercicio meramente político, sino que es el compromiso de un cristiano como don y como aquello que define nuestra categoría como sociedad. El papa nos invitaba a vivir también con corazón de padre».

Por otro lado, remarcó que «la Iglesia ahora vive la esperanza del nuevo Pedro», por lo que pidió que «el Espíritu conduzca en la elección de los cardenales a aquel que Dios escoge y elige para este momento de la Iglesia». Manifestó también su confianza en que «esta barca seguirá caminando y llegando a buen puerto porque el Espíritu sopla en sus velas desplegadas, aunque a veces las tormentas nos tensionen o la calma nos duerma y nos despiste. Porque el Señor está en medio de nosotros».

La opinión de los fieles

La convocatoria de la Archidiócesis de Santiago congregó a decenas de compostelanos que acudieron a la Catedral a despedir al papa de los pobres. «Nos queda la pena de que no viniera a vernos, pero este hombre era un santo, es un ejemplo de humildad y fue un padre para los pobres y las personas marginadas», señalaba en la cola para entrar a la misa María Luisa López, vecina del barrio de As Fontiñas. «Esperemos que el nuevo papa siga la misión que ha emprendido Francisco y que no demos un paso atrás, como ocurrió con Benedicto XVI después de Juan Pablo II, que también fue un papa carismático y cercano al pueblo», apuntaba la mujer. 

Sor Concepción, religiosa que acudió al réquiem acompañada por otras monjas de su orden, también hacía hincapié en la «santidad» del papa Francisco. Sobre la ‘no visita’ a Santiago, sostenía que «siempre quiso estar cerca de los sufrientes, de los perseguidos, de las víctimas de las injusticias de la pobreza y los abusos de todo tipo; por eso no le dio prioridad a los países desarrollados. Aunque yo pienso que él quería venir a Santiago, pero finalmente la enfermedad se lo impidió».

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