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Entrevista | Miguel A. Caínzos Catedrático emérito de la USC y cirujano emérito del CHUS

El primer europeo designado académico de la SIS de EEUU es un cirujano compostelano

Experto en el ámbito de las infecciones quirúrgicas, subraya que "en cirugía la palabra clave es calidad, y la infección la empeora"

Miguel A. Caínzos con el diploma de la SIS junto a Yeh de Denver, jefe del Fellowship Committee de la SIS.

Miguel A. Caínzos con el diploma de la SIS junto a Yeh de Denver, jefe del Fellowship Committee de la SIS. / Cedida

Koro Martínez

Koro Martínez

Santiago

Primer europeo designado fellow de la Surgical Infection Society (SIS) de Norteamérica, el catedrático emérito de Cirugía de la Universidade de Santiago y cirujano emérito del CHUS recogió hace unos días en Filadelfia una distinción que se le otorga por alcanzar los estándares fijados y demostrar la experiencia adecuada en el manejo, prevención y tratamiento de las infecciones durante una operación quirúrgica. Miguel A. Caínzos extiende este reconocimiento a las dos instituciones públicas a las que ha estado vinculado durante toda su carrera en Santiago.

¿Cómo se consigue un nombramiento de este tipo?

La SIS creó un programa curricular con cinco puntos, en el que se analizaba de forma exhaustiva desde el propio currículum a las publicaciones o el trabajo hospitalario, y se me nombró nuevo fellow. Supone una satisfacción a nivel personal, pero también porque este tipo de distinciones reconocen a su vez a la USC, de la que soy catedrático emérito de Cirugía, y a este hospital (CHUS), del que soy cirujano emérito. 

Santiago, referente nacional y europeo

¿Y que el primer europeo proceda de Santiago?

Yo había hecho mi tesis doctoral en 1979 sobre las infecciones en cirugía, se publicó una monografía sobre ella y se nos demandó si podíamos formar a profesionales en España. Y hace 37 años empezamos en el entonces Hospital General de Galicia. El primer curso se hizo en febrero de 1988 y lo clausuró un cirujano británico, y el de julio de 1998 un norteamericano, y desde entonces Santiago ha sido una referencia para España e incluso para Europa porque entre congresos, cursos de doctorado y monográficos sobre el tema, por aquí han pasado más de setenta cirujanos extranjeros. En Santiago había una experiencia reconocida en todo el mundo sobre el tema.

¿En qué consiste su labor como fellow?

Lo que se espera de uno es que conozca el problema en profundidad, forme a la gente y ayude a evitar las infecciones en cirugía. Se me olvidada decir que en 2005 también en Santiago se organizó un curso en internet para formar a cientos de cirujanos de todo el mundo, y un 46% eran profesionales americanos, con lo cual siempre ha habido un contacto muy estrecho. Siempre me ha llamado poderosamente de la Norteamérica que yo he conocido su enorme capacidad para reconocer el mérito ajeno y participar en todo lo que se les solicita.

Las infecciones quirúrgicas, un serio problema

¿Continúa con la labor investigadora y formadora?

Por supuesto, sigo escribiendo y formando a todo aquel que tenga interés en aprender, todo lo que yo pueda contribuir a formar colegas y, sobre todo, a despertar el interés por este asunto, ya que como cirujanos nuestra inclinación es por la parte técnica, pero se debe conocer la importancia de las infecciones. La palabra clave en cirugía es calidad, pero la infección estropea esa calidad y lleva a que un enfermo en lugar de estar unos días en el hospital esté unas semanas, en peores condiciones para él y dificultando también la gestión de las camas quirúrgicas. Este es un problema de la mayor magnitud, y por eso se creó hace 44 años la SIS, ya que hasta 1981 formaba parte del Colegio Americano de Cirujanos. 

Bacterias más resistentes y enfermos mayores con un débil sistema inmune

¿En qué ha cambiado en todo este tiempo la cirugía?

Se han solucionado muchas cosas. Hoy hay mucha cirugía robotizada, desde los 90 hay cirugía laparoscópica, la parte técnica ha tenido un desarrollo increíble, pero el enemigo mayor de la cirugía siguen siendo las infecciones. Ya el profesor William Altemeier había publicado en 1976 una fórmula según la cual la infección en cirugía era el resultado del número de bacterias que podían contaminar al enfermo multiplicado por la agresión quirúrgica y dividido por la resistencia del enfermo, su sistema inmune. El traumatismo quirúrgico ha disminuido mucho con todas estas técnicas y las bacterias al agredir menos también. Sin embargo, persisten dos problemas, hay menos bacterias pero más resistentes a los antibióticos, y estamos operando a enfermos de más de 90 años, con una capacidad defensiva frente a la agresión mucho menor.

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