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La histórica Tórculo, en fase de liquidación tras no superar el concurso de acreedores

Desde Marras y Asociados, al frente de la administración concursal, confirman que no hubo ofertas en plazo

A la espera de la resolución judicial, la plantilla se aferra a una propuesta que habría llegado casi al límite, el 23 de mayo

Sede central de Tórculo Comunicación Gráfica, situada en la Vía Edison, en el polígono industrial del Tambre, en Santiago.

Sede central de Tórculo Comunicación Gráfica, situada en la Vía Edison, en el polígono industrial del Tambre, en Santiago.

Koro Martínez

Koro Martínez

Santiago

Tórculo Comunicación Gráfica, S.A., firma con más de cuatro décadas de historia y una larga trayectoria en el mundo de las artes gráficas, y por cuyas instalaciones en la céntrica plaza de Mazarelos no pocos estudiantes han pasado durante años para fotocopiar los consabidos apuntes, está llamada a convertirse en una de las empresas de Santiago que próximamente echarán el cierre.

Y es que en este momento se encuentra en fase de liquidación, según confirmaron a EL CORREO GALLEGO desde el despacho de abogados Marras y Asociados, encargados de la administración concursal de la compañía.

Interrogados sobre la posibilidad de que existiera alguna oferta para hacerse con la unidad productiva de Tórculo que pudiera salir adelante y evitara con ello su cierre, la respuesta fue que «no» e incidieron en que «en este momento está solamente en liquidación», además de apuntar que el plazo para presentar esas posibles ofertas ya había pasado. En principio, esa fecha límite estaba fijada para el pasado 23 de mayo, momento hasta el que los posibles interesados tenían la posibilidad de trasladar sus propuestas al Juzgado de lo Mercantil número 2 de A Coruña.

Proceso de liquidación

En cuanto a la duración estimada del proceso de liquidación en el que se encuentra inmersa, desde la administración concursal tampoco se aventuraron a dar unos plazos concretos.

Sin embargo, desde la representación de los trabajadores de CIG se indicaba a este periódico que en este momento estaría aún sobre la mesa una oferta presentada el viernes en el que vencía el plazo (23 de mayo), y que la plantilla se encuentra a la expectativa mientras no se conoce la decisión que finalmente tomará la jueza sobre la misma, con lo cual mantienen aún la esperanza de que esa vía pueda cuajar, sin conocer más detalles sobre la misma.

No obstante, y si finalmente se materializa la inexistencia de alguna opción de compra de la unidad productiva sobre la mesa dentro del plazo establecido, el más que previsible cierre de Tórculo pondrá fin a una historia a lo largo de la cual la empresa ha tenido que ir adaptándose a los numerosos cambios que se iban produciendo en el sector de las artes gráficas, durante un período en el que, además de contar con la sede de Santiago, también ha estado presente en Vigo, A Coruña y Madrid.

Concurso de acreedores voluntario en noviembre

El último periplo de una compañía con medio centenar de trabajadores en plantilla, 49 en concreto, ha venido marcado por la presentación en noviembre del año pasado de un concurso de acreedores voluntario, a través del que los propietarios de la misma pretendían poder resolver una delicada situación financiera.

Una compañía catalana, Socigestal S.L., mostraba su interés por ponerse al frente de la veterana firma compostelana, si bien la compra quedaba finalmente anulada por parte de la jueza encargada del caso en marzo de este año, por entender que la oferta presentada no contaba con las suficientes garantías para los trabajadores.

El administrador concursal procedió entonces a presentar un escrito en dicho juzgado de A Coruña y poniéndose como fecha tope el 23 de mayo para presentar propuestas de adjudicación de la unidad productiva de Tórculo.

Preocupación entre los trabajadores

A mediados del pasado mes de mayo los trabajadores hacían públicos sus peores temores sobre la continuidad de sus empleos. El sindicato CIG-Industria de la comarca de Santiago denunciaba entonces que la firma acumulaba una deuda de siete millones de euros y culpaba de la delicada situación a la actual gerencia.

Además, aseguraba que estaban en peligro los 49 puestos de trabajo de unos empleados cuya media de edad ronda los 50 años.

Un pilar de las artes gráficas en Galicia

En ese momento, la representación de los empleados de la CIG solicitaba transparencia y soluciones que priorizaran la continuidad laboral, y recordaba que Tórculo «foi un piar das artes gráficas en Galicia, facturando ata seis millóns de euros anuales», cifras que contraponía a una deuda de «sete millóns de euros, froito da mala xesión do seu xerente». Benedicto Blanco se lamentaba de que «parece mentira que despois de 50 anos unha empresa como Tórculo, pola súa ambición de medrar, estea na bancarrota, sen cartos para pagar as indemnizacións».

Ponía también el foco en la adquisición por parte de Tórculo de una empresa en Madrid, que se encontraba en concurso de acreedores y «cunha débeda non saldada que non sabemos con certeza» a cuánto asciende su cuantía total.

Denunciaba también lo que calificaba como prácticas opacas por parte de los responsables de la compañía y la generación de gastos elevados para comprar, por ejemplo, «unha máquina denominada Rotativa Rico VC 70.000, a única no Estado español valorada en arredor dun millón de euros».

Este periódico se ha puesto en contacto con los responsables de Tórculo, tanto para conocer su opinión sobre las denuncias formuladas por parte de la representación de los trabajadores, como sobre la situación en la que se encuentra el procedimiento concursal, si bien han declinado manifestarse al respecto.

Situación delicada agudizada en el último año

El representante de la CIG de los trabajadores de Tórculo Comunicación Gráfica S.A., Benedicto Blanco, aseguraba a mediados del mes pasado que la crisis en la empresa compostelana se vio agudizada en mayo de 2024, momento en el que se producían ya atrasos en los pagos establecidos, y criticaba que el equipo de dirección, al que señalaba como responsable del colapso actual, estuviera intentando «montar unha sociedade para quedarse con ela», pero sin garantías de viabilidad, insistía, y cuestionaba además su credibilidad para liderar ahora una supuesta recuperación económica al frente de la misma.

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