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Santiago

Medio siglo en el CHUS: «Más duro que el paso de la máquina al ordenador, lo fue del Xeral al Clínico»

Mari Carmen Barca Esturao se jubilará oficialmente como personal administrativo del CHUS el 16 de julio tras un largo periplo profesional que arrancó el 1 de octubre de 1976 cuando tenía 18 años, y en el que ha pasado de las notas a mano y a máquina a desarrollar un trabajo totalmente informatizado

Mari Carmen Barca lleva cinco décadas como personal administrativo del CHUS

Mari Carmen Barca lleva cinco décadas como personal administrativo del CHUS / Antonio Hernández

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Koro Martínez

Koro Martínez

Santiago

Oficialmente de vacaciones hasta que el 16 de julio, día de su santo y de su cumpleaños, se materialice una jubilación como personal de administración del Complexo Hospitalario Universitario de Santiago, Mari Carmen Barca Esturao aún no ha tomado mucha conciencia del camino que va a iniciar, entre otras cuestiones porque «estoy con despedidas y celebraciones con las que durante tanto tiempo fueron mis compañeras».

A sus casi 67 años, aunque admite que la decisión tras toda una vida de trabajo es difícil, asegura que «ahora me voy convencida, estaba a gusto y me sentía bien, pero creo que ha llegado el momento», si bien tenía la opción de retrasar la jubilación hasta los 70 años o de haberla materializado a los 65, pero en aquel momento «tenía unas circunstancias familiares que hacían que estar ocupada me viniera bien».

Inicios en Oftalmología

En un ejercicio de retrospectiva, recuerda en conversación con EL CORREO GALLEGO que su primer día como trabajadora en el entonces Hospital Xeral de Santiago fue el 1 de octubre de 1976. Entró en Oftalmología a los 18 años, en un servicio en el que estuvo 13 hasta que se convocaron unas plazas de promoción para Recursos Humanos, departamento en el que ha continuado hasta el final de su trayectoria profesional.

De aquella primera época en Oftalmología recuerda que «compaginaba el trabajo con los estudios de Relaciones Laborales en el nocturno, y mi labor consistía en pasar a los pacientes a la consulta de los médicos y citarlos, que entonces venían con los volantes y se les iban dando las citas por escrito». Y es que en una época sin internet ni teléfono móvil y con el fijo aún no extendido en la mayoría de los domicilios españoles, «el teléfono no se usaba, el médico de cabecera daba el volante para el especialista y una compañera y yo éramos las encargadas de citar a los pacientes». «Teníamos mucho trabajo, pero el trato era muy directo con los pacientes y es lo que más me gustaba», dentro de un servicio que «era buenísimo, y lo sigue siendo». Interrogada sobre cómo se ha ido adaptando a los cambios a lo largo de estas casi cinco décadas, señala que «cuando fui a Recursos Humanos ya teníamos una máquina de escribir, que después fue eléctrica; los contratos se escribían en ella con un papel de calco, y los asientos laborales también eran manuales».

La llegada de la informática

La informática entró en su vida profesional «no recuerdo si en 1995 o 1996, y nos fuimos adaptando con cursos» porque, aunque «veníamos de otra época y meterse con el ordenador parecía difícil, no recuerdo que fuera demasiado complicado», asegura sobre una etapa ya superada, con todo prácticamente informatizado.

Considera, sin embargo, que fue más duro el traslado desde el antiguo Xeral de Galeras al Clínico, «mucho peor que el salto a la informática». Una situación compleja en su extensa trayectoria laboral que achaca en parte al hecho de que «el volumen de personal era muchísimo mayor porque el hospital también era mucho más grande que el Xeral, no conocías el edificio, y bueno, fueron dos años muy estresantes, el primero sobre todo fue una auténtica locura».

Con dos hijos y natural de Negreira, Mari Carmen Barca lleva viviendo en Santiago «desde los 14, 16 años, cuando me vine a estudiar», y recuerda que fue en esta ciudad en la que inició su andadura profesional tras superar una prueba de acceso al Xeral que incluía un examen de mecanografía y a la que le acompañó su padre. «La prueba fue en la Facultad de Medicina, yo tenía 18 años y me acompañó mi padre porque había que llevar la máquina de escribir y era de esas antiguas muy grande». Una vez allí, «no recuerdo en qué consistía el examen, pero sí como tronaba la facultad cuando dieron la orden de que empezáramos y comenzaron a sonar las máquinas de todos los aspirantes al mismo tiempo; se me quedó grabado porque la verdad es que era muy impactante».

Apunta que en su convocatoria entraron en el hospital con ella otros dos chicos y varias chicas «porque el hospital había abierto unos tres años antes, que es cuando entró mucha gente, pero hicieron esta nueva oposición al hacer falta cubrir más plazas».

Nuevas rutinas

Con esa larga etapa profesional que arrancó el 1 de octubre de 1976 ya rematada, además de continuar manteniendo el contacto con las que han sido sus compañeras, avanza que «julio y agosto me los voy a tomar de vacaciones, y luego en septiembre mi idea es empezar con algunas actividades que me gusten porque estaba acostumbrada a trabajar de ocho a tres de la tarde y, si no, se me va a hacer muy largo ocupar el día», además de seguir yendo al gimnasio como ya hacía. Añade que su marido «se jubiló hace unos años y me lleva la delantera, él ya tiene sus actividades programadas».

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