El aeropuerto de Santiago aprueba los objetivos fijados por Aena desde 2022 pero ‘se tambalea’ ante los nuevos retos
Cumplió con creces en los tres últimos ejercicios al haberse superado los cupos de pasajeros, operaciones y mercancías establecidos tras la pandemia
Ante la recesión que registra actualmente, todo apunta a que le será difícil volver a cumplir

Pasajeros accediendo a la zona de embarque de la terminal de Lavacolla. / Antonio Hernández

Incertidumbre. Es la palabra que mejor define la situación del aeropuerto de Santiago-Rosalía de Castro ante el futuro que en próximas fechas van a diseñar la Secretaría de Estado de Transportes y Movilidad, la propia Secretaría General de Transportes y Movilidad y la Dirección General de Aviación Civil, junto a el gestor aeroportuario Aena, en el tercer Documento de Orientación Aeroportuaria (DORA 2027-2031), que debe fijar los criterios de cara al próximo quinquenio para un sector de vital importancia en la economía española. Esa inquietud viene dada a pesar de que la terminal compostelana ya hizo los deberes impuestos y superó con creces las previsiones que los citados organismo fijaron para este aeródromo en el DORA 2022-2026. Las cifras proyectadas las cumplió con creces en los tres últimos ejercicios al haberse superado los cupos de pasajeros, operaciones y mercancías que se habían fijado como objetivo tras el tremendo golpe que supuso la pandemia de la Covid en el tráfico aéreo.
Las previsiones de vuelos para el DORA 22-26, según los datos del Ministerio de Transportes, Aviación Civil y Aena en su documento elaborado en los últimos meses de 2021, estipulaban un escenario muy pesimista dada las enormes restricciones que se habían sufrido en el bienio 2020-2021 en todo el mundo. En el caso de Santiago-Rosalía de Castro, un aeropuerto englobado en Grupo III junto a Valencia, Sevilla, Fuerteventura, Bilbao, Tenerife Norte y Menorca, las previsiones eran de 2.044.512 pasajeros, 16.100 operaciones y 2.843.000 toneladas de mercancías para el inicio del periodo en 2022 y de 2.636.008 personas, 20.200 vuelos y 3.013.000 toneladas de carga al cierre del mismo en 2026. Unas proyecciones claramente realizadas a la baja en un momento de inseguridad al desconocerse el comportamiento que se iba a seguir tras la pandemia.
Lo cierto es que las proyecciones de actividad aeroportuaria del DORA 22-26 quedaron desfasadas justo en el año en que se activaba. Prueba de ello fue que en los aeropuertos de Aena la recuperación alcanzó un 88,7 % ya en el año 2022, cuando en las previsiones del quinquenio para los aeródromos del Grupo III (al que pertenece el de Santiago) se había establecido en un 7,55 % y de un 6,56 % para el compostelano. En ese primer ejercicio post pandemia Lavacolla cerró el año con 3.238.531 pasajeros, 25.459 vuelos y 4.853317 toneladas de mercancías; es decir, que ya superó ampliamente las previsiones de las autoridades aeroportuarias para 2026.
Mayor crecimiento porcentual de España en 2024
En 2024, el último ejercicio completo, el de Compostela fue uno de los aeródromos con un mayor crecimiento porcentual en España, ya que los 3.640.664 pasajeros suponían un 25,4 % más que el año anterior y superaban en más de un millón de billetes utilizados la previsión para 2026 mientras; que los vuelos rozaron las 27.000 operaciones, casi siete mil más de las que se pretendían alcanzar dos años después. Y movió casi dos millones más de toneladas de las proyectadas para este ciclo del DORA.
No fue el de Santiago el único aeropuerto que vació de sentido las previsiones de actividad aeroportuaria, que habían sido elaboradas con prudencia en este complejo escenario. Solo ocho de las 26 terminales de los cuatro grupos principales no habían alcanzado a finales de 2024 el objetivo fijado para 2026. Las 18 restantes (entre las que aparecen Santiago, Vigo y A Coruña) sí que los cumplieron. Sorprende que los dos mayores aeropuertos, Madrid-Barajas y Barcelona-El Prat, en 2024 no llegaron al objetivo fijado para 2026, que era de 67.137.051 y 56.063.000 pasajes. El primero con 66.196.984 se quedó a medio millón de pasajeros mientras; que el catalán, que tuvo 55.034.955, necesitaba un millón más de viajeros. Un objetivo, no obstante, que se cubrirá ampliamente en 2025 o, en el peor de los casos, en 2026 cuando finalice la vigencia del actual Documento de Orientación Aeroportuaria.
La incertidumbre a la que nos referíamos al inicio se debe a muchos factores y el principal viene dado por la pérdida de la base de Ryanair con la drástica reducción de plazas desde y hacia Lavacolla por la política de la aerolínea irlandesa que, enfrentada a Aena ante lo que considera unas tarifas aéreas excesivas, decidió suprimir dos rutas y 370.000 pasajes, lo que supone más del 30% del tráfico aéreo en el aeropuerto de la capital gallega. No fue la única aerolínea que aplicó tijeretazos a su oferta en Compostela: Iberia también canceló vuelos y redujo la capacidad de sus aviones al operar con su filial regional Air Nostrum. Algo parecido a lo que hizo Vueling.
Comienzo de año con mal pie
Estas actuaciones han provocado una importante caída en los datos de tráfico en la principal terminal del noroeste peninsular ya que en el primer cuatrimestre del año se perdió la pujanza de los dos anteriores ejercicios. Entre enero y mayo de 2025 por Lavacolla pasaron 1.206.251 pasajeros (187.988 el primer mes, 185.997 en febrero, 244.637 en marzo, 284.639 en el cuarto de este ejercicio y 302.990 en mayo) que son prácticamente doscientos mil menos que los 1.406.718 contabilizados en idéntico periodo de 2024.
Otro aspecto a tener en cuenta es el de la competencia del Sá Carneiro de Porto que, tras aquella agresiva campaña bajo el lema de El principal aeropuerto de Galicia, está jugando la baza del Camino de Santiago al haberse convertido la ruta portuguesa la de mayor crecimiento. Las autoridades aeroportuarias lusas son conscientes del tirón del fenómeno xacobeo y están explotando sus muchas frecuencias internacionales con ocho compañías que cuentan con base fija en esa terminal que mueve a más de 15 millones de pasajeros al año. Una parte importante de los 65.000 peregrinos extranjeros que hicieron el Camino por sus dos variantes lusas, hasta el 4 de julio, llegaron a través del Sá Carneiro, gracias a las facilidades de las autoridades aéreas, regionales y municipales del vecino país.
El riesgo de caer de grupo
Pero desde Aena tampoco llegan buenas noticias. La terminal santiaguesa figura en el grupo III de aeropuertos españoles pero corre el riesgo de caerse un peldaño, al IV, en el que figuran A Coruña y Vigo junto a Girona, La Palma, Asturias, Granada, Santander, Jerez, Reus o Almería. De hecho en las previsiones del gestor aeroportuario de cara al próximo DORA (el tercero que se elabora y que está en fase de estudio y no se presentará hasta 2026) se contemplan actuaciones importantes y prioritarias en trece aeropuertos: en los de Madrid, Lanzarote y Tenerife Sur y Tenerife Norte, ya en fase de proyecto; y en los de Barcelona, Málaga, Alicante, Valencia, Ibiza, Menorca, Santander y Melilla en lo que Aena denomina diseño funcional o en fase previa al proyecto.
En Lavacolla, eso sí, está previsto que en abril-mayo de 2026 se lleve a cabo una obra importante como es la regeneración del pavimento de las pistas, tras aprobar en febrero el Consejo de Administración del gestor aeroportuario una inversión de 33 millones de euros. Esa evidente y necesaria mejora supondrá un contratiempo para este aeropuerto ya que el cierre al tráfico de la terminal provocará una caída importante en el número de pasajeros y vuelos. Precisamente cuando se está elaborando el Documento de Orientación Aeroportuaria para el siguiente quinquenio.
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