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Veinte años de bodas con orgullo en Santiago

El 30 de junio de 2005 se aprobó la ley del matrimonio igualitario. Guillermina y Estela y Jose y Paco fueron los primeros en oficializar su amor en la capital gallega, de la mano de la concejala Mercedes Rosón. Ambas parejas recuerdan con cariño el día del ‘sí, quiero’.

Estela y Guillermina oficializaron su amor hace 20 años.

Estela y Guillermina oficializaron su amor hace 20 años. / Cedida

Daniel Rey

Santiago

Se cumplen 20 años desde la aprobación de la ley que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo, hito que marcó historia en la lucha por los derechos civiles del colectivo LGBT. Una situación que, pese a ser foco en aquel momento de oposición política y social, permitió a las parejas oficializar su amor y ampararlo bajo la protección del Estado. Entre estas parejas destacan Jose y Paco y Guillermina y Estela, que, sin buscarlo, se convirtieron en pioneros en Santiago de la mano de la concejala Mercedes Rosón.

Jose y Paco

Jose y Paco / Cedida

«Veinte años parece un mundo, pero el tiempo pasa tan rápido», afirma Paco Mateo, cuyo amor hacia Jose se mantiene como el primer día. Jose y Paco se conocieron en la playa de Riazor (A Coruña) hace veintinueve años. Paco era un defensor activo de los derechos del colectivo, por lo que no dudó en acercarse a Jose, quien se mostró interesado al momento. Tras nueve años de relación, y con la aprobación de la ley del matrimonio en 2005, decidieron dar el paso: «Fue todo muy repentino, queríamos tomar nuestras decisiones juntos, así que aprovechamos para conseguir esa seguridad legal», sostiene Jose Márquez. Al igual que el matrimonio de Jose y Paco, el de Guillermina y Estela también fue un acto sin dudas.

«Nuestro matrimonio no solo fue un acto de amor, también fue un acto de justicia social. Queríamos reivindicar nuestro derecho, dar visibilidad a la nueva ley», relata Guillermina Domínguez.  En el caso de Guillermina y Estela, su inicio de relación no fue tan simple como el de Jose y Paco; ambas se conocieron en un bar de Santiago hace veintisiete años. «Estela ya me tenía fichada», relata riendo Domínguez. Sin embargo, Guillermina acababa de salir de un matrimonio de dieciocho años y con tres hijas en común. «No podía engañarlo, pero aún más importante, no quería engañarme a mí misma. Quería ser feliz», cuenta Guillermina. Un matrimonio roto y algunas relaciones personales perjudicadas solo son algunas de las consecuencias de su elección. Pese a ello, Guillermina preservó su resiliencia, tenía un nuevo objetivo y era libre para comenzar su nueva vida. Al igual que Domínguez, Paco procedía de una familia tradicional. Sin embargo, el recibimiento de la noticia fue muy diferente al esperado: «Cuando vieron el contrato matrimonial lo aceptaron al momento. Si había un contrato oficial tenía que ser correcto», relata Mateo entre risas. 

«Nuestro matrimonio no solo fue un acto de amor, también fue un acto de justicia social»

Guillermina Domínguez

— Historiadora

El inicio de un matrimonio es usualmente interesante y está cargado de curiosas anécdotas. Ellos no son la excepción. Paco cuenta como, en su primer año de matrimonio, al realizar la declaración de la renta le llamaron de inspección solicitando que llevara el libro de familia para poder comprobar que su matrimonio era real. Sin duda, el libro de familia es un nexo común entre ambos matrimonios, pues Guillermina guarda un documento muy particular, incluso único. En ambos casos, las parejas recibieron un obsequio especial, digno de un regalo de boda. «Cuando fuimos a recoger el libro de familia la trabajadora nos pidió disculpas porque no tenían un libro que registrara esposa y esposa, por lo que añadió a boli un rabillo a esposa», narra alegremente Domínguez. En el caso de Jose y Paco, ellos regresaron a su hogar con un tachón y la palabra esposo escrita con bolígrafo. A pesar de estos curiosos trámites legales, ambas parejas guardan con cariño estos documentos, pues al final son «objetos únicos, la envidia de los coleccionistas».

«La lucha debe continuar, sino los derechos que creemos asegurados pueden desaparecer»

Paco Mateo

— Activista LGTB

Una lucha por el respeto

La historia de estas parejas nos recuerda que la lucha por la igualdad no fue, ni es, un camino de rosas. «No fue sencillo. Mis hijas todavía estaban estudiando, por lo que tuvieron que ser víctimas de un sinfín de comentarios desafortunados. Sin embargo, fueron mi mayor apoyo, siempre respetaron y se alegraron por mi elección» , relata Guillermina. En el ámbito laboral, no todos entendieron su decisión. Domínguez recuerda un incidente en el pasillo con un alumno: «Dijo: ahí está la bollera». Lejos de regañar al joven, la historiadora optó por un enfoque más educativo: «Le dije a una profesora que le recomendase leer a Safo para que conociese el origen de la palabra lesbiana. Reconozco que no fue mi mejor idea. Terminó siendo un pesado, no dejaba de preguntarme cosas», cuenta riendo Guillermina.

Estela y Guillermina

Estela y Guillermina / Cedida

Un derecho que debe perdurar

Cada persona concibe el amor de una manera distinta y las nuevas generaciones ya no muestran el mismo interés por el matrimonio. En tres años solo se han registrado cuarenta y dos matrimonios entre parejas del mismo sexo en Santiago, según datos del INE. «Al final el matrimonio también implica una cesión de derechos porque dejas que alguien controle tu intimidad», explica el activista Alfredo Saborido. 

En la última década, el progreso en materia de derechos civiles se ha multiplicado, no obstante, tanto las parejas como el activista coinciden en la problemática actual: «Somos una sociedad que olvida muy rápido. Debemos tener la memoria histórica presente. Es un hecho que tendemos a cometer los mismos errores», sentencia Xandre Garrido, miembro de la asociación gallega Avante LGBT+. 

La sociedad ha logrado grandes conquistas sociales en los últimos veinte años, tales como la ley del matrimonio entre personas del mismo sexo o la ley trans. Sin embargo, los activistas coinciden en que solo la acción promueve el cambio. «Hay que recordar a todas las generaciones que la lucha debe continuar, sino los derechos que creemos asegurados pueden desaparecer en un instante», concluye Mateo.

Las manifestaciones, marchas y charlas son importantes, pero Paco afirma que también son relevantes pequeños gestos como las muestras de afecto en público que implican una normalización directa de la situación. Han pasado dos décadas desde que Santiago acogió a los primeros matrimonios LGBT. No obstante, con el fin de poder celebrar el amor de más parejas, entiende que «la lucha por mantener ese derecho debe perdurar».

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