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Seis cosas que sorprenden a un recién llegado a Santiago de Compostela

Una ciudad que se revela a pedacitos, donde la piedra habla y el tiempo se estira: lo que asombra, desconcierta y enamora a quien pisa por primera vez las rúas de Compostela

Rúa de San Francisco

Rúa de San Francisco / Sergio Moino

Santiago de Compostela es una ciudad que no se deja conocer de golpe. Para quien aterriza por primera vez en la capital gallega, venga de la comunidad vecina o del otro lado del océano, hay una larga lista de sorpresas que lo esperan a la vuelta de cada esquina. Algunas están a simple vista y otras están escondidas en los rincones.

Aunque la ciudad no es extensa, sí que es densa. Hay que descubrirla poco a poco, sin ninguna prisa. Para el visitante curioso -y también para el residente distraído- hay infinidad de detalles que pasan desapercibidos entre la rutina del día a día y el murmullo de los peregrinos.

Este artículo no pretende ser una guía turística, más bien una forma de compartir ese asombro inicial, casi infantil, que muchos sentimos al llegar por primera vez a Compostela. Porque a veces lo más sorprendente no está en lo extraordinario, sino en lo que se vive como si fuera lo más normal del mundo.

La Catedral de Santiago

Imponente y majestuosa, poco más se puede agregar a lo ya escrito sobre la milenaria Catedral de Santiago de Compostela que ha sido pivote y razón de ser de toda una ciudad. Construida originalmente en el siglo IX, cuando solo era una pequeña y modesta capilla de unos veinte metros de largo por siete de ancho, con el tiempo sufrió diversas ampliaciones y reformas que, poco a poco, la hicieron crecer hasta convertirse en el monumento arquitectónico de interior románico y exterior barroco que es hoy en día.

Fachada del Obradoiro

Fachada del Obradoiro / Sergio Moino

Es un placer pararse frente al templo compostelano, de día o de noche, solo a contemplarlo. Reflexionar sobre el tiempo transcurrido e imaginar la cantidad de personas de distintos lugares del mundo que han pasado por allí desde que se colocó la primera piedra. Resulta irónico que muchos residentes, cegados por la venda de la cotidianidad, pasemos todos los días por el Obradoiro esquivando peregrinos pasmados de asombro sin siquiera pararnos a echarle un vistazo a semejante obra de la cultura humana. Sin duda, es uno de esos 'lujazos' que solo los compostelanos podemos permitirnos.

Los hórreos en los barrios de Santiago de Compostela

Los ojos forasteros e inexpertos podrían confundir estas curiosas construcciones, ubicadas normalmente en la parte trasera de las casas, con mausoleos u otros elementos funerarios, ya que muchas veces tienen cruces en su fachada.

El conjunto de hórreos de Bornalle se encuentra muy cerca de la playa homónima, en la parroquia de Abelleira

El conjunto de hórreos de Bornalle se encuentra muy cerca de la playa homónima, en la parroquia de Abelleira / ECG

Los hórreos son construcciones elevadas diseñadas para resguardar las cosechas (maíz, trigo o centeno, pero también otros alimentos) de la humedad y de los animales. Se trata de la versión adaptada a Galicia de los graneros de toda la vida.

En la Compostela más urbana ya no es tan común verlos, pero basta con salir del asfalto y adentrarse en los barrios y parroquias del rural santiagués para que aparezcan estas curiosas acompañantes de las casas gallegas, unas visiblemente antiguas y otras más modernizadas.

Lavadoiros, lugares de encuentro

Lavadoiro costa da santa isabel

Lavadoiro costa de Santa Isabel / Sergio Moino

Quizás hoy en día a alguien podría parecerle una locura, pero en el pasado, antes de que las lavadoras mecánicas llegaran a solucionarnos la vida, la ropa se lavaba a mano. Había que ir a lugares públicos, como ríos, zonas empedradas… o lavadoiros.

Estas tradicionales y auténticas reliquias del pasado son construcciones particulares que, como los hórreos, están adaptadas a las peculiaridades de la región gallega y representan un lugar de encuentro en el que las mujeres de la época se juntaban a lavar la ropa de sus hogares y, de paso, a crear lazos de apoyo y comunidad. 

Lavadoiro costa da santa isabel 2

Lavadoiro costa de Santa Isabel / Sergio Moino

Los lavadoiros son estructuras formadas por un canal de agua que llega a un depósito de granito u hormigón cerrado por losas inclinadas y estriadas contra las que se frotaba la ropa enjabonada. Desde la intervención y democratización de las lavadoras, han quedado en desuso, y son vestigio de un pasado en peligro de extinción. Sin embargo, hoy en día en Santiago todavía quedan algunos que se pueden visitar y utilizar.

Los callejones angostos

Para alguien del “Nuevo Mundo”, donde los espacios son más abiertos gracias a la extensión del territorio, llama la atención cuando vas por la calle y te cruzas con uno de estos callejones, si es que podemos llamarlos así.

Imagen de la parte más estrecha del callejón

Imagen de la parte más estrecha del callejón / Esteban Delaiglesia

A los residentes de Compostela les gusta presumir de que varios de estos resquicios entre las rúas tienen récords por ser los más angostos de España e incluso del mundo. Hay que creerles: uno no anda por las calles con una cinta métrica para certificarlo. Sin embargo, cuando una persona de 1.90 como quien les habla roza los hombros con las paredes de lado y lado, ciertamente se queda sin argumentos para ponerlo en duda.

Compostela ha sido y está acostumbrada a ser una ciudad pequeña. Aunque los barrios nuevos intentan alejarse, tanto en estilo como en dimensión, de lo que caracteriza a su Zona Vieja, las aceras pequeñas y las calles angostas con señoras paseando con sus carritos de mercado, mantienen viva esa sensación que acompaña lo que es vivir en esta capital.

Atardeceres a las 11 de la “noche”

En esta lista de curiosidades, este punto puede parecer fuera de contexto, pero perdonarán a un servidor por tomarse esta licencia. Para alguien acostumbrado al trópico, no deja de ser curioso y desconcertante cuando el reloj marca las 11 de la noche y aún hay luz en el cielo. Empiezan a tener sentido las expresiones que uno escucha decir a los españoles, como “a las siete de la tarde”. ¿De la tarde? En Latinoamérica, a esa hora y en el mejor de los casos, apenas quedan un par de minutos de crepúsculo.

Sin embargo, aunque extraño, no deja de ser un evento hermoso. Puede ser confuso para un cerebro con dos décadas y pico acostumbrado a anochecer a las seis, pero tiene su encanto que se haga de noche tan tarde. El tardeo gana puntos y los atardeceres se sienten diferente.

¿Por qué anochece a las 23:00 en España?

Infografía horario verano e invierno

Infografía horario verano e invierno / Instituto Geográfico Nacional

Este fenómeno se debe a su ubicación geográfica, mucho más al norte que el continente americano. Mientras más cerca se está del polo norte, los días serán más largos durante el verano. Por este motivo anochece más tarde y amanece más temprano. Esta situación se invierte cuando llega el invierno.

El contraste entre la Zona Vieja y Zona Nueva

Resulta un espectáculo, un auténtico viaje en el tiempo, detenerse en Rua da Senra y contemplar el horizonte. A un lado está la Praza de Galicia, con sus modernos locales de marcas de ropa; al otro, la Zona Vieja y sus edificios del siglo XIII. Un salto de varios siglos que dura lo que tarda el cuello en girar la cabeza de un lado a otro. Insólito y surrealista, que, en menos de un segundo, el ojo salte de un escaparate con lo último de la moda a una fachada de la Edad Media.

Zona vieja y zona nueva

Zona vieja y zona nueva / Sergio Moino

La zona vieja de Compostela, por lo que se sabe, comenzó a construirse en el siglo IX, aunque los edificios que vemos hoy en día datan aproximadamente del siglo XIII en adelante. Son el testimonio vivo de una ciudad milenaria que ha visto infinidad de gentes pisar sus calles empedradas en todos estos siglos de existencia.

El Ensanche, por otro lado, comenzó a desarrollarse a principios del siglo XX, siendo de 1960 a 1975 cuando experimentó su mayor expansión. Este periodo fue fundamental para el gran aumento de población ocurrido en esos años, producto del éxodo rural. Hoy en día, el Ensanche es la principal zona comercial de la ciudad, donde están las principales tiendas, hoteles y supermercados, relegando a la Zona Vella a un comercio cada vez más orientado a los turistas y peregrinos con la proliferación de tiendas de recuerdos o de productos gourmet.

Dos barrios, dos tiempos, dos mundos. Mil cien años de distancia separados por unos pocos metros.

Santiago de Compostela es en sí misma una contradicción encantadora: antigua pero actual, pequeña pero cosmopolita, cotidiana pero surrealista. Su rúas no solo cuentan historias pasadas, también hablan del presente. Solo hay que prestar un poco de atención para que la piedra gastada o el callejón imposible nos recuerden que vivimos en un lugar rebosante de historia. Porque al final, quizás el mayor privilegio no sea descubrir Santiago por primera vez, sino tener la oportunidad de sorprenderse y redescubrirlo cada día.

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