Cinco cosas que sorprenden a un recién llegado a Compostela (II)
Se dice que segundas partes nunca fueron buenas, es hora de averiguarlo. De la vida nocturna al Botafumeiro: costumbres, contrastes y sorpresas que encantan o desconciertan a quienes llegan por primera vez a Santiago de Compostela

Vista de la Catedral desde la Alameda / Sergio Moino
Todo aquel que se atreva a viajar a otro país corre el riesgo inminente de sufrir un choque con la cultura y las costumbres locales... y Santiago de Compostela no es la excepción. Para quien llega por primera vez, ya sea desde una aldea cercana o tras cruzar medio mundo, la ciudad guarda un buen puñado de sorpresas que se descubren paso a paso. Algunas se muestran a plena luz, en la plaza del Obradoiro o en las calles empedradas de la zona vella; otras, en cambio, se esconden en la rutina y en los gestos más pequeños. Su propia cotidianidad ofrece escenas que son capaces de descolocar hasta al viajero más experimentado. Lo que para los compostelanos es rutina, para el recién llegado puede ser un auténtico “¿pero esto qué es?”.
Desde el silencio y la tranquilidad de los domingos hasta las noches mágicas en el casco histórico que parecen salidas de una película de Buñuel. La capital gallega baila a un ritmo propio: el de la gaita y pandeireta. No importa si eres peregrino, turista o estudiante en busca de nuevas experiencias: Santiago siempre tiene un par de sorpresas guardadas bajo la manga, listas para derribar cualquier expectativa. Por eso, desde El CORREO GALLEGO, traemos la segunda parte de esa lista de cosas que más puede sorprender a un recién llegado.
El surrealismo que arropa la noche
Quien les habla no es un trotamundos ni puede presumir de un pasaporte lleno de sellos. Sin embargo, sí que ha pasado por un par de capitales americanas conocidas por su vida nocturna. Sería injusto comparar desde el punto de vista técnico un bar compostelano tradicional de la zona vella y una discoteca bogotana moderna en plena zona rosa. Esto no va de cuál tiene mejor sonido o mayor tecnología, va de aura… y la noche en la capital gallega brilla con luz propia.

Fachada del Obradoiro de noche / Sergio Moino
Quizás sea el resplandor de sus farolas rebotando entre los callejones estrechos o ese tono sepia que combina a la perfección con la piedra de sus edificios. La fiesta en Santiago es como un documental de época: histórico. No destaca por sus bares con luces psicodélicas y pantallas brillantes, aunque hay para todos los gustos (tenéis Bláster, por ejemplo). Pero aquí, cualquier taberna pequeñita con aspecto medieval es el escenario perfecto para una fiesta digna de recordar. Hay muchísimas opciones: Paraiso Perdido, Modus Vivendi, Tarasca, Momo, Kapital, Avante… La lista es extensa y variada. Da igual si se busca algo tranqui o intenso, mainstream o alterno, Compostela tiene de todo y para todos.
Pero la noche es una experiencia en sí misma: caminar por las calles del casco histórico y cruzarte con un peregrino demasiado alegre que busca al siguiente grupo de hermanos inseparables con el que pasar los próximos cinco minutos. Un grupo de latinos y europeos del norte hablando en inglés sobre la vida. Personas vestidas (o no) de mil formas y estilos diferentes. Jóvenes haciendo intercambios sospechosos y dando señales con silbidos en las máquinas 24 horas. Gente haciendo ejercicio. Callejones que durante el día son admirados por los turistas y que por la tarde se convierten en baños públicos improvisados. El característico coche que limpia y cepilla el empedrado del suelo... La lista es interminable.
Es tan abierta la noche compostelana que incluso los abstemios pueden disfrutar y ser otro asistente más al espectáculo que la ciudad pone a disposición de sus residentes todas las noches. Una mezcla de épocas y ambientes que, junto a un poco de alcohol, puede confundir a más de uno y hacerle pensar que se ha estropeado la mátrix.
La cantidad de bares por m2
“Santiago tiene la calle con más bares por metro cuadrado de España”. Esa es otra de las frases más repetidas por los compostelanos cuando hablan de su ciudad... y si no es cierto, pega en el palo.

Esta calle de Santiago concentra un total de 80 establecimientos, entre bares y restaurantes, en 150 metros / Jesús Prieto
Se refieren a Rúa do Franco, una de las principales arterias empedradas de la zona vella. Su nombre, contrario a lo que la intuición histórica podría indicar, proviene de los peregrinos que llegaban a la ciudad hace siglos. Estos eran llamados "francos" por proceder de tierras del este europeo. Al llegar, encontraban descanso y comida en esta calle tras el largo viaje. Hoy, esa tradición continúa y los turistas saben (o lo leen en las guías) que es un buen lugar para encontrar comida, vino y un gran ambiente. No por nada es la calle más transitada de Compostela (y la más evitada por quienes se hartan de los turistas, sobre todo en temporada alta).
El Rally París-Dakar
Rúa do Franco también es conocida por ser el escenario del mítico “rally París-Dakar”. Una ruta nocturna que consiste en recorrer los bares de la calle tomando una taza de vino en cada uno. El origen del nombre es muy sencillo: la ruta empezaba en la cafetería O París y acababa en la cervecería Dakar. Un recorrido de 150 metros y más de 80 locales que hoy día sigue siendo un enjambre que aglutina a las hordas de turistas.
Situada al lado de la Praza do Obradoiro y a escasos metros de la Catedral, Rúa do Franco es un símbolo de la gastronomía gallega y una referencia obligada para cualquier visitante de Compostela.
La cultura gallega y su querencia
“En Santiago vas a escuchar a mucha gente hablando en gallego, español e inglés… en ese orden”. Así introducían a un servidor a las calles de Santiago al salir de una estación Intermodal todavía en obras.
Casi un año después, esas palabras recobran un nuevo sentido. Según el Instituto Gallego de Estadística, el uso del gallego como primera lengua está en claro descenso en toda la comunidad. Vigo es la ciudad en la que menos se habla gallego, un 13% frente al 87% que prefiere utilizar el castellano. En A Coruña la situación no es muy diferente, con un 15,48% de galegofalantes. Sin embargo, en ese sentido - aunque también ha perdido terreno - Santiago se sostiene como el último bastión (junto a Ourense), en el que se utiliza el gallego como primera lengua: un 44,52 % de la población prefiere utilizarlo antes que el castellano.

Moita xente nova participa nestas foliadas da Azotea cos seus propios instrumentos / ECG
Pero más allá de los datos, es la vibra de la ciudad, cómo se vive. En Santiago es común ir andando por la calle y encontrar una foliada espontánea en un bar. Se organizan conciertos gratuitos de artistas galegofalantes, exposiciones y otros eventos. La ciudad respira su propia cultura, la tiene a flor de piel... y a mucha honra. Basta con caminar un par de minutos por otras ciudades de Galicia para echar en falta esa esencia gallega que desprende Compostela en cada esquina.
Los supermercados no abren los domingos
Si habéis leído la primera parte de este artículo, no os sorprenderá ver que, de nuevo, uno de los puntos rompa con la premisa. Es una marca personal.
Aquí, cuando el reloj marca las 22:00 del sábado, más te vale haber hecho la compra… o resignarte a improvisar una receta con lo que tengas en casa. El domingo (y los festivos) todos los supermercados bajan la persiana, con excepción de un par que se mantienen abiertos, pero con precios más elevados. Esto no es exclusivo de Galicia y ocurre en toda España, pero para quien se crió en América (el continente, no el país), un domingo sin supermercados es algo inconcebible, pues ese suele ser, justamente, el día de la compra.

Supermercado. / Europa Press
La medida tiene raíces en una mezcla de factores culturales, legales y económicos. Galicia, como otras comunidades, regula la apertura de supermercados en domingos y festivos, salvo en contadas ocasiones. ¿La idea? Proteger el descanso de los trabajadores y fomentar un comercio más humano. De esta forma, el domingo compostelano (y español) tiene otro ritmo, pausado. La gente sale a pasear, tomar algo en una terraza o de comer en un restaurante.
Para el forastero, sobre todo si viene de ciudades donde el consumo nunca duerme, este “apagón comercial” es un pequeño gran choque cultural. No faltarán las anécdotas de peregrinos que, tras caminar durante días, lleguen un domingo por la tarde con hambre de león y se encuentran con que su única opción es la máquina 24 horas de la esquina. Es otra forma de vivir, más pausada y pensando siempre en el bienestar del trabajador y ahí está el verdadero encanto.
El Botafumeiro
¿Qué más se puede decir sobre el incensario de metro sesenta que sobrevuela las naves de la Catedral de Santiago?. El Botafumeiro es uno de los símbolos más reconocibles del templo y un espectáculo que mezcla liturgia, ingeniería y mucha aura. Con sus 53 kilos de peso y colgado de la cúpula con un sistema de poleas, verlo en acción es algo que se queda grabado en la retina.
Pero para aquellos visitantes de la ciudad, estáis advertidos: el botafumeiro no se balancea todos los días. Son muchos los peregrinos que llegan convencidos de que forma parte de cada misa, y no es así. Su uso habitual está reservado a celebraciones litúrgicas solemnes —como el 25 de julio, Día de Santiago Apóstol— o a fechas especiales del calendario eclesiástico. En los canales de comunicación de La Catedral se publica cada año un calendario oficial con las ocasiones programadas, y también existe la posibilidad de que un grupo de peregrinos o feligreses financie su puesta en marcha en una misa concreta. Por lo que para verlo en acción se requiere organizarse con mucha anticipación o un poco de suerte.

Botafumeiro en vuelo / Antonio Hernández
El origen de este gigantesco incensario no está claro. Una de las teorías dice que su función era combatir el olor que dejaba la aglomeración de peregrinos exhaustos tras semanas de camino. Hoy en día su función es puramente ceremonial y simbólica. Cuando el Botafumeiro surca la nave central, la mezcla de humo de incienso, la música del órgano y la solemnidad del rito logran un ambiente único y asombroso capaz de poner la piel de gallina. Cualquiera que tenga la suerte de estar allí en uno de esos momentos entenderá por qué este coloso colgante es, junto con la propia Catedral, una de las experiencias más icónicas de Santiago de Compostela.
Al final, lo que sorprende de Santiago no son solo sus edificios antiguos, su catedral o su historia, sino esa mezcla entre tradición y modernidad que se respira en cada rincón. Una ciudad que no teme mostrarse auténtica, con costumbres que a veces chocan pero que, en realidad, son parte de su encanto más profundo. Tal vez sea esa la clave: Compostela no busca deslumbrar con artificios, quiere ser genuina. Quien llega acaba descubriendo que, entre sus tabernas y calles empedradas, la ciudad ofrece algo que pocas ciudades pueden regalar: la sensación de haber entrado en un mundo distinto.
Santiago de Compostela es, al mismo tiempo, escenario y protagonista de sus propias paradojas: solemne pero festiva, tradicional pero libre, misteriosa y cercana. Sus calles empedradas son testigos de siglos de historia, pero también del bullicio contemporáneo de quienes la viven y la visitan día a día. Cada rincón guarda una sorpresa, un detalle que se escapa en la rutina pero que espera ser redescubierto por algún ojo atento. Y quizás ese sea el verdadero regalo de Compostela: que nunca termina de mostrarse del todo, porque siempre encuentra la manera de asombrarnos de nuevo.
- Luto en la TVG y la Radio Galega por la muerte de la periodista Mabel Montes
- La inminente apertura de la A-54 convierte Lavacolla en aeropuerto central del Bierzo
- Apagón en Santiago: una avería deja sin luz a 2.700 vecinos de Santiago
- Un vuelo de Ryanair entre Valencia y Santiago acaba desviado a Madrid por el mal tiempo
- Un restaurante compostelano se cuela entre los favoritos de los españoles para comer en 2025
- La periodista estrella de TVE visita Santiago: Silvia Intxaurrondo llega invitada por la Fundación Araguaney
- Accidente múltiple en la AP-9 a la altura de San Lázaro: uno de los heridos, hospitalizado en la UCI
- La patronal acepta la mediación pero de momento la huelga de buses se mantiene en Santiago