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Entrevista | Pamela Cabarcos Investigadora en el Instituto de Ciencias Forenses de la USC

Una experta en toxicología de la USC: «Investigar a un paciente con VIH ayudaría a dimensionar el fenómeno ‘chemsex’»

Pamela Cabarcos (Neda, 1982), coordinadora de Toxicología Forense en la Asociación Española de Toxicología, impartió este miércoles una conferencia sobre sexo, drogas y salud en la Facultad de Química. Cuenta que las sustancias más utilizadas en el chemsex son el GHB, la metanfetamina y la mefedrona

Pamela Cabarcos es investigadora en el Instituto de Ciencias Forenses de la USC.

Pamela Cabarcos es investigadora en el Instituto de Ciencias Forenses de la USC. / Jesús Prieto

Lorena Rey

Lorena Rey

Santiago

P. El consumo de alcohol y otras drogas antes de mantener relaciones sexuales es un hábito extendido. En la actualidad, ¿es el ‘chemsex’ un problema de salud pública en Galicia?

R. Por lo que yo conozco, no existen estudios poblacionales recientes que estudien la prevalencia del chemsex centrados en Galicia. Por este motivo, no es considerada como una zona de alta prevalencia de chemsex. Además, una de las características de esta práctica es que está más presente en grandes ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia, lo cual no quiere decir que no exista en regiones más pequeñas, pero su incidencia sería menor. De la misma forma, la ausencia de datos no significa que el chemsex no exista en nuestra comunidad, simplemente que por el momento no se ha estudiado lo suficiente.

P. ¿Qué nos puede contar del patrón de consumidor ‘chemsex’?

R. El fenómeno chemsex está más extendido entre hombres que tienen sexo con hombres, de hecho, su origen radica precisamente dentro del colectivo gay allá por la década de los 90, en Londres. Sin embargo, hoy en día esta práctica no está limitada únicamente al colectivo homosexual, pero sí es donde está más presente. Según los datos estadísticos, se trata de hombres con edades comprendidas entre los 25 y 45 años, con estudios universitarios, buena posición social, laboralmente en activo. Suelen vivir en grandes ciudades, hay una mayor prevalencia de VIH positivo y no suelen percibir el consumo de ciertas sustancias como perjudicial para su salud.

P. ¿En la práctica se cumple lo que fijan esos estudios?

R. Los estudios de chemsex tienen un sesgo importante. Hay una falta de consenso a la hora de establecer una definición porque hay definiciones que incluyen solo un consumo de dos sustancias, por lo que solo los consumidores de estas drogas entran en el estudio, dejando fuera a los demás. También influye la disponibilidad de la sustancia en función del país y el verdadero motivo de consumo, ya que puede resultar difícil saber si la persona ha consumido una droga con fines sexuales. Además, existe una falta de estudios anteriores para poder comparar con lo que ocurre en la actualidad y suelen ser estudios centrados en grandes ciudades. Con todo, muchos autores se cuestionan si el chemsex es un fenómeno en expansión o si la mayor prevalencia se debe a investigaciones actuales más minuciosas debido a que se conoce más sobre esta práctica.

Pamela Cabarcos impartió este miércoles una conferencia sobre sexo, drogas y salud en la Facultad de Química.

Pamela Cabarcos impartió este miércoles una conferencia sobre sexo, drogas y salud en la Facultad de Química. / Jesús Prieto

P. ¿Cuáles son las drogas que habitualmente se utilizan en estos encuentros sexuales?

R. Son varias las drogas empleadas, pero quizá las más frecuentes sean el GHB, la metanfetamina y la mefedrona. Todo ello junto con los poppers y los fármacos para tratar la disfunción eréctil como el sildenafilo, más conocido como viagra. También se emplean otras sustancias, aunque menos, como la ketamina, la cocaína o el MDMA. No estamos hablando del consumo de una única sustancia. En chemsex, al igual que sucede en otros contextos, se da el policonsumo, lo cual permite que la sesión dure más tiempo.

P. ¿Se debería de investigar lo que hay detrás cuando un paciente acude a consulta y da positivo en alguna enfermedad de transmisión sexual como el VIH?

R. Sí, creo que esto ayudaría a prevenir nuevas infecciones, ofrecer ayuda y proteger la salud del propio paciente. Si se desconoce el contexto, la persona puede volver a exponerse al mismo riesgo sin recibir herramientas efectivas para reducirlo. Además, también ayudaría a dimensionar el fenómeno chemsex en una determinada zona.

P. ¿No tienen los jóvenes la suficiente información sobre salud sexual y estupefacientes?

R. Creo que hoy en día la información está al alcance de todos, pero muchas veces está incompleta, errónea o sensacionalista, sin rigor científico.

P. Al sexo y las drogas se suman las redes sociales. ¿Quién debe atajar estas adicciones?

R. El fenómeno sexo, drogas e internet es muy complejo. La responsabilidad no puede recaer en una única institución u organismo, sino que debe ser abordado de forma colectiva. Las administraciones públicas tendrían el deber de implementar educación sexual y sobre drogas, financiar programas de prevención, formar a sanitarios, apoyar servicios de salud mental y adicciones, crear campañas, etc. Se deberían usar las redes sociales como medio de divulgación, ya que también el chemsex las usa para comunicarse. Por otro lado, las familias deberían implicarse, siendo las primeras fuentes de educación emocional y también el sistema sanitario, detectando consumos problemáticos e identificando señales de riesgo (ITS repetidas, intoxicaciones…).

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