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El grito del padre Patrick desde Santiago: «En mi país te matan por ser cristiano»

El sacerdote nigeriano comparte en el Instituto Teológico Compostelano el duro testimonio de las comunidades que viven entre el miedo, los secuestros y la violencia por motivos religiosos y políticos: «Vosotros vivís casi en el cielo»

El padre Patrick, ayer, en San Martín Pinario, en Santiago

El padre Patrick, ayer, en San Martín Pinario, en Santiago / Antonio Hernández

Arturo Reboyras

Arturo Reboyras

Santiago

El padre Patrick, sacerdote nigeriano, visitó ayer San Martín Pinario, en Santiago, invitado por la Fundación Ayuda a la Iglesia Necesitada para dar testimonio de la persecución que viven los cristianos y otras minorías religiosas en su país. Con nueve años de sacerdocio y cinco residiendo en España, explica que lo que sucede en Nigeria «no es solo una guerra religiosa, sino una guerra en la que se mezcla la agenda política, religiosa y cultural» y que se cobra «miles de víctimas» todos los años.

«Vengo a compartir cómo vivimos los cristianos en Nigeria frente a la persecución, el secuestro y la matanza. La vida humana es sagrada y nadie tiene derecho a impedir que otro viva», afirma en una entrevista concedida a EL CORREO. El sacerdote señala que los ataques están protagonizados por grupos de islamistas extremistas, «principalmente de la etnia fulani», y que incluso musulmanes moderados sufren la violencia. «No son los musulmanes en general, son los extremistas. También los musulmanes liberales son perseguidos», subraya. Aun así, reconoce que «quienes más sufren hoy son los cristianos, que viven con miedo constante».

El padre Patrick recuerda varios hechos recientes, como el secuestro del padre Immanuel y la desaparición de 260 estudiantes de una escuela católica. También menciona el asesinato del padre Bobbo Pascua y de su hermano. «No hay un día que pase en Nigeria sin perderse una vida. Cada día alguien muere por su fe o por su identidad», asegura.

El sacerdote recuerda que la Iglesia en Nigeria ha intentado alzar la voz ante esta realidad a pesar de su vulnerabilidad. «La Iglesia no tiene armas, no tiene soldados, no tiene policía. Es débil en lo material, pero fuerte en la fe», sostiene. En los últimos años, los obispos han denunciado públicamente la violencia y han salido a las calles para reclamar el respeto a la dignidad de toda persona, sin distinción de religión o etnia. «Pedimos que se proteja la vida del cristiano, del musulmán y de todo ser humano, porque todos formamos parte de la misma familia humana», insiste.

El padre Patrick, ayer, en San Martín Pinario, en Santiago

El padre Patrick, ayer, en San Martín Pinario, en Santiago / Antonio Hernández

Más allá de las cifras, quiere poner rostro al sufrimiento: «No son solo números. Son personas con nombres, con sueños, con aspiraciones». Relata, además, el caso de una joven universitaria cristiana que fue apedreada y quemada por escribir un mensaje religioso en un grupo de wasap. «Su único crimen fue expresar su fe. Y antes de morir preguntó: ‘¿Qué esperáis conseguir con esto?’», lamenta.

En contraste con esa realidad, el sacerdote destaca la situación que ha encontrado en España: «Aquí no he vivido falta de libertad religiosa. He visto armonía, respeto y convivencia entre personas de diferentes creencias. Eso me ha tocado mucho el corazón», declara. Sin embargo, advierte de que no hay que dar la paz por sentada: «Vosotros vivís casi en el cielo comparado con Nigeria. Pero es importante valorar esa libertad y defenderla», subraya el clérigo.

Su mensaje final consiste en una llamada a no guardar silencio: «El daño a uno es el daño para todos. Si no hablo por mis hermanos asesinados, su sangre grita. Ahora es el tiempo de hablar y de defender la vida y la dignidad humana».

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