Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

El príncipe irlandés que se hospedó en San Martín Pinario

Las leyendas, la fauna, el cromosoma Y, por no hablar de la música, la danza y el folclore tradicionales irlandeses y españoles sugieren una larga y estrecha relación entre ambos países

El príncipe irlandés que se hospedó en San Martín Pinario

El príncipe irlandés que se hospedó en San Martín Pinario / Cedida

Carlos Burgos / Miguel R. Taboada

Cuenta la leyenda que algunos de los primeros pobladores de Irlanda zarparon hace más de 2.000 años desde el norte de España. Estudios del instituto de genética Trinity College de Dublín aseguran que llegaron acompañados de fauna, que a día de hoy sigue siendo típicamente española. Este estudio, dirigido por el profesor de genética molecular Dan Bradley, sostiene que el cromosoma Y, que se transmite a través del padre y que está presente en parte de la población irlandesa -sobre todo en el oeste de la isla- coincide con el que se detecta en Galicia y el País Vasco. Además, cierta fauna irlandesa, como la musaraña enana, las martas, los tejones o las liebres de montaña también comparten el cromosoma Y con sus parientes peninsulares. La explicación más plausible es que la isla fue poblada por emigrantes del norte de España -principalmente gallegos- cuando los glaciares que cubrían Irlanda empezaron a derretirse en la última edad de hielo, y que la mayoría de los animales de Irlanda llegaron en barcos. En El Libro de las Invasiones, del siglo VIII, ya hace referencia a las incursiones del rey español Milesius, por no hablar de los mitos en torno a los legendarios descendientes de Breogán.

Las numerosas similitudes entre la música, la danza y el folclore tradicionales irlandeses y españoles sugieren una larga y estrecha relación entre ambos países, vínculos que se desarrollaron gracias al comercio entre los pueblos pesqueros irlandeses y españoles, el catolicismo compartido reflejado en los peregrinos irlandeses que seguían el Camino de Santiago de Compostela, en el apoyo de España a los irlandeses en conflictos con Inglaterra y acontecimientos como el naufragio de la Armada Española frente a la costa oeste de Irlanda y la huida de los Condes de Irlanda a España.

En Santiago de Compostela confluyen dos elementos claves de la historia común entre España e Irlanda. El Camino Celta que nace en Irlanda terminando en Santiago, y el que transcurrió en la Hospedería de San Martín Pinario, el segundo monasterio religioso más espacioso de España tras El Escorial, donde se albergó el príncipe Irlandés Red Hugh O´Donnell en 1602 en su camino hacia la entonces capital de España, Valladolid - que fue capital entre el 10 de enero de 160, día en que se oficializó el traslado, y el 4 de marzo de 1606 en que la corte volvía a Madrid- para encontrarse con el rey Felipe III.

Representación de Red Hugh por Ó Brogain

Representación de Red Hugh por Ó Brogain / Sean Ó Brogain

Irlanda es una isla que, sin ser de las más grandes, es enorme en la expansión por todo el mundo de sus descendientes. Sólo en Estados Unidos se consideran con raíces directas irlandesas más de treinta y siete millones de Norte-americanos. Y son de allí muchos de los peregrinos que quieren conseguir su acreditación a través de Irlanda para hacer el Camino de Santiago.

Nuestro pelirrojo Príncipe Red Hugh, líder del Clan de los O´Donnell de Tyrconnell (el hoy denominado condado de Donegal), junto con los O´Neill de Tyrone, encabezaron hace cuatro siglos la rebelión contra los ingleses que pretendían invadir la isla esmeralda. Esta rebelión irlandesa que daría lugar a la Guerra de los nueve años (1593-1603), tuvo en los españoles a un aliado fundamental. España, primero con Carlos V y Felipe II, y después con Felipe III, hicieron alianzas, enviaron hombres, barcos, y armas para defender Irlanda. Esta confederación tenía en la fe católica compartida uno de los ejes fundamentales frente a la Inglaterra protestante, el otro eje la defensa del territorio y cultura gaélica.

Recreación anual del funeral por las calles de Valladolid

Recreación anual del funeral por las calles de Valladolid / Cedida

La denominada Isla de los Santos desde tiempos de San Patricio (s. V), tuvo en Red Hugh, a pesar de su corta vida -no llegó a cumplir los treinta-, a uno de sus máximos defensores. Vivió cercano a los franciscanos como había hecho todo su clan, sobre todo su madre. Fue sacudido por todo tipo de aventuras épicas, como ser secuestrado y encarcelado por los ingleses en el Castillo de Dublín, lideró guerras, ganó batallas, sufrió derrotas, y partió hacia una muerte no prevista en tierras hispanas, donde buscaba la ayuda, del también joven rey de España, Felipe III.

Recreación anual del funeral por las calles de Valladolid

Recreación anual del funeral por las calles de Valladolid / Cedida

Mientras esperaba en el Castillo de Simancas la reunión con el monarca se sintió aquejado de grandes dolores de estómago, falleciendo a los pocos días. Era la mañana de un 10 de septiembre de 1602. Una infección, o una tenia, o tal vez un envenenamiento por parte de un espía inglés en ese momento destinado en Simancas, se llevaron la vida de esta figura épica, que hasta Disney quiso inmortalizar en una de sus primeras películas en 1966.

Enterado el rey de la muerte de su aliado, quiso concederle un entierro con honores reales en el lugar donde el agónico príncipe había solicitado ser enterrado en su testamento, el convento de San Francisco de Valladolid. Y así fue, y así está detallado históricamente en los Anales de los cuatro Maestros. Carruaje tirado por caballos, grandes antorchas flanqueando el féretro, guardia real, corte de franciscanos y público en general, que acompañaron desde el Palacio Real donde fue expuesto el cuerpo hasta la Capilla de las Maravillas del convento franciscano.

Recreación anual del funeral por las calles de Valladolid

Recreación anual del funeral por las calles de Valladolid / Cedida

La búsqueda de su cuerpo desaparecido en los siglos, al igual que el propio convento, desamortizado y derribado en su totalidad, dio lugar a la famosa excavación de hace cinco años en el centro de la ciudad de Valladolid. Los investigadores Juan Carlos Urueña y Óscar Burón certificaban que la capilla de las Maravillas estaba bajo el suelo del número 10 de la calle Constitución. Ayuntamiento de Valladolid, Embajada de Irlanda y la Asociación Hispano-Irish trabajaron en la excavación y en la difusión de la búsqueda de esos restos del descanso del guerrero que había compartido lugar de descanso con el Almirante Cristóbal Colón.

Ofrenda de las autoridades delante de la placa de bronce en el lugar del enterramiento con el nombre de Colón y de Red Hugh O'Donnel

Ofrenda de las autoridades delante de la placa de bronce en el lugar del enterramiento con el nombre de Colón y de Red Hugh O'Donnel / Cedida

Ello dio lugar a un increíble y desconocido impacto mediático internacional sobre las obras. Seguidas desde The New York Times, y ocupando páginas completas en la BBC, The Guardian, el anglicísimo Daily Mail, Fox News, o la TV irlandesa RTÉ, además de otros 60 medios de primera línea.

Y de allí surgieron, motivados por la asociación Hispano-Irish con el apoyo de Ayuntamiento y Embajada, documentales sobre Red Hugh, festivales, ferias de libro, recreaciones anuales del funeral por las calles de la ciudad castellana, hasta la colocación de una majestuosa placa de bronce en el lugar del enterramiento con el nombre de Colón y de Red Hugh O´Donnell, que ahora es visitada por numerosos irlandeses como un lugar de peregrinación gaélico.

Tracking Pixel Contents