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La Berenguela estará en obras y andamiada en el Año Santo de 2027 pero la linterna se encenderá igual

El proyecto integral contempla la restauración de la piedra, la maquinaria del reloj, las estructuras de madera y la mejora de accesibilidad en la torre de la Catedral de Santiago

La intervención supera los 2,4 millones y se realizará entre 2026 y 2027

Torre de la Berenguela de la Catedral de Santiago

Torre de la Berenguela de la Catedral de Santiago / Antonio Hernández

Arturo Reboyras

Arturo Reboyras

Santiago

La Torre del Reloj de la Catedral de Santiago se prepara para una intervención integral que marcará un hito en la conservación de uno de los símbolos más emblemáticos de la ciudad. El proyecto, recientemente licitado mediante concurso público, contempla una restauración y rehabilitación completa que afectará tanto a la estructura como a los elementos históricos y mecánicos, incluyendo la gran campana y el reloj monumental. Óscar Andrés Quintela, arquitecto responsable del proyecto, explica a EL CORREO que la obra es «mucho más que un trabajo de conservación; es una lectura histórica de la torre, desde su base hasta la linterna. Cada elemento tiene un significado y una función, y queremos que todos se mantengan de forma segura y fiel a la historia».

El contrato tiene un presupuesto base de 2.455.751,02 euros con IVA incluido, distribuidos en dos anualidades: 1.176.816,63 euros para 2026 y 1.278.934,39 euros para 2027. «Es un presupuesto importante, pero necesario para abordar la torre de forma integral. No se trata de parches, sino de garantizar que la estructura y los elementos históricos duren muchos años», explica Quintela.

Uno de los trabajos más visibles será la restauración de la gran campana, que pesa cerca de seis toneladas y cuelga de vigas metálicas instaladas en 1932. «El golpeo del mazo del reloj había deteriorado la piedra y la estructura metálica estaba muy envejecida. Vamos a sustituirla por un sistema de cuelgue de madera, más sofisticado y cercano al original. Será seguro y respetará la historia de la torre», asegura Quintela. El arquitecto subraya la importancia de este tipo de intervenciones: «No es solo levantar la campana o moverla; es comprender cómo ha funcionado durante siglos y restaurarla sin perder su identidad», sostiene.

La maquinaria del reloj y el mecanismo de golpeo de las campanas también recibirán una atención completa. «La maquinaria estaba parada desde hace tiempo y muchas piezas necesitaban reparación o sustitución. Lo que haremos será restaurar la función original, manteniendo las piezas históricas que se pueden conservar y reemplazando las que están deterioradas», explica Quintela. «Queremos que el reloj vuelva a funcionar como hace siglos, pero con seguridad y fiabilidad moderna», remarca el arquitecto.

En el interior, los forjados y estructuras provisionales serán reemplazados por soluciones definitivas. «Los forjados de la sala del reloj y de la parte superior estaban obsoletos o en mal estado. Había escaleras y plataformas que se habían colocado de manera provisional a lo largo de los años. Ahora buscamos una solución integral, que sea segura y al mismo tiempo respetuosa con la arquitectura original», detalla el arquitecto. «Cada intervención en el interior tiene un doble objetivo: seguridad para quienes trabajan allí y coherencia histórica con lo que la torre ha sido a lo largo de los siglos», apunta.

El proyecto incluye también la restauración de las carpinterías exteriores e interiores. «Muchos vanos estaban abiertos o deteriorados, y permitían que el agua entrara por las escaleras y forjados. Vamos a sustituirlos por carpinterías que respeten el diseño original, pero que sean funcionales y resistentes a la intemperie. Esto es fundamental para proteger toda la estructura de la torre», comenta Quintela. Además, se ejecutará una nueva instalación eléctrica y de iluminación, pensada para resaltar los detalles arquitectónicos y facilitar el mantenimiento: «No solo buscamos que la torre se vea bien, sino que sea segura y accesible para quienes trabajan en su conservación».

Mantener viva la historia de la construcción.

Quintela enfatiza que todo el proyecto combina técnica y patrimonio: «Es un proyecto integral. Cada piedra, cada forjado, cada mecanismo mecánico y cada carpintería cuentan algo de la historia de la torre. Nuestro objetivo es mantener esa historia viva y comprensible para futuras generaciones». La financiación proviene en gran parte del Ministerio de Cultura, a través del programa del 2% cultural, que aporta el 75 % del presupuesto. El resto lo asumen la Fundación Catedral y el Arzobispado.

El arquitecto también resalta la importancia de la linterna, que seguirá operativa durante la obra, también en el Año Santo de 2027, cuando se convierte en faro para peregrinos: «La linterna puede funcionar sin problema. No interfiere con los trabajos y seguirá siendo un símbolo visible desde la plaza, pese a que la torre pueda tener andamios. Además, tendremos momentos espectaculares en los que la campana estará desplazada y se podrá ver cómo se realiza el trabajo sobre ella», indica.

Al respecto, cabe recordar que la linterna de la torre de la Berenguela desempeña un papel simbólico y funcional durante el Año Santo. Situada en lo más alto de la torre del reloj, su luz sirve como referencia visual para los peregrinos que se acercan a la ciudad, guiándolos hacia la Catedral, mientras que su presencia ilumina y destaca la silueta del monumento en la ciudad. Más allá de su función práctica, la linterna se convierte en un símbolo de bienvenida y continuidad de la tradición jacobea, recordando a los visitantes la importancia histórica y espiritual de la Catedral durante este periodo excepcional.

La actuación parte de un diagnóstico claro: la torre presenta patologías acumuladas durante años, muchas de ellas invisibles desde el exterior. «Hay problemas en la piedra y en otros elementos que no se aprecian a simple vista, pero que cuando se hace un estudio detallado quedan muy claros», señala Quintela. Incluirá la restauración de zonas que quedaron fuera de una limpieza anterior, como las esferas del reloj —de policromía pintada— y la coronación de la torre. En esta parte superior se detectaron antiguas patologías estructurales, reforzadas en su día con tirantes metálicos visibles desde el exterior. «Esos refuerzos se hicieron en un momento de urgencia. Ahora queremos que cumplan su función, pero sin que tengan una presencia tan evidente», detalla el arquitecto.

Aunque la obra no convertirá la torre en un espacio visitable como las cubiertas de la Catedral, sí mejorará notablemente la accesibilidad de los equipos técnicos. «Se podrá acceder de forma mucho más segura, por ejemplo, hasta la terraza. Había huecos sin carpintería que provocaban filtraciones y hacían caer agua por las escaleras de piedra. Era necesario intervenir», subraya.

Con estas actuaciones, la Torre del Reloj de la Catedral de Santiago se prepara para una transformación que combina seguridad, accesibilidad y respeto absoluto por el patrimonio, asegurando que uno de los símbolos más emblemáticos de la ciudad continúe contando su historia a lo largo de los siglos. «Al final, nuestro objetivo no es solo reparar o restaurar, sino que la torre siga viva, que se pueda visitar con seguridad y que cada detalle cuente su historia. Eso es lo que hace que un proyecto como este tenga sentido», concluye.

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