Antoni Ros-Marbà, extitular de la RFG: «Una orquesta sin entendimiento con su director no puede funcionar bien»
El reconocido compositor y exdirector de la Real Filharmonía de Galicia alerta sobre los riesgos de una ruptura entre el podio y los músicos: «Es una maquina muy sensible»

Antoni Ros-Marbà / Andreu Dalmau / EFE

El compositor y director de orquesta Antoni Ros-Marbà, una de las figuras más respetadas de la dirección orquestal española y con una trayectoria internacional que supera el centenar de orquestas dirigidas, reflexiona sobre la situación de la Real Filharmonía de Galicia, formación de la que fue director titular durante doce años (2001-2013) y a la que sigue considerando «mi familia artística».
Ros-Marbà recuerda que su salida de la Real Filharmonía fue una decisión meditada y natural. «Después de mi tercera renovación ya dije que era momento de buscar un director titular para el futuro», explica. Después de toda una vida volcado en la dirección orquestal, el maestro se dedica ahora a una faceta que había quedado relegada por la intensa actividad como director: la composición. «Tenía una asignatura pendiente, que era componer. Necesitaba tiempo, y cuando uno está viajando continuamente por medio mundo no lo tiene». Desde entonces ha estrenado nuevas obras con notable acogida.
Más allá de su trayectoria personal, Ros-Marbà se detiene en una cuestión que considera esencial para entender cualquier crisis interna en una formación sinfónica: la relación entre el director y la orquesta. En este sentido es tajante: «Una orquesta nunca puede funcionar bien si existen discrepancias profundas entre los músicos y el director. Por supuesto que no».
Conflictos que no son excepcionales
El maestro recurre a una metáfora clara para explicar esta relación: «Una orquesta con su director es como un matrimonio. Hay matrimonios que funcionan y matrimonios que no funcionan». Y subraya que este tipo de conflictos no son excepcionales, ni siquiera en las grandes formaciones internacionales: «Esto pasa muy a menudo, incluso en orquestas famosísimas».

Antonio Ros-Marbà / EFE
Ros-Marbà insiste en que el entendimiento artístico y humano —el feeling— es un elemento decisivo. «Influye muchísimo el feeling que pueda tener la orquesta con su director. Es una máquina enormemente sensible», señala, antes de remarcar que se trata de un colectivo que «trabaja siempre junto, toca siempre junto», lo que amplifica cualquier tensión interna.
Músicos muy competentes
En el caso de la Real Filharmonía de Galicia, Ros-Marbà evita entrar en polémicas concretas, pero reconoce que conoce el malestar existente «por lo que llega, por lo que se comenta». Aun así, deja claro que la orquesta cuenta con una base sólida: «La Real Filharmonía tiene músicos muy competentes y por aquí han pasado directores de primer nivel».
El director catalán también alerta sobre los riesgos de una mala gestión artística a medio plazo. Cita una reflexión de su maestro Igor Markevitch: «Educar una orquesta requiere un mínimo de seis años, pero se puede destruir en una sola temporada». En su opinión, una orquesta puede venirse abajo rápidamente «si no se cuida la transición, el trato y el equilibrio interno».
«Señores, adiós muy buenas»
En ese contexto, Ros-Marbà defiende que, cuando la relación entre director y músicos se rompe de forma irreversible, la única salida digna es la separación: «Si yo me encontrara en una situación de enfrentamiento entre orquesta y director, lo primero que haría sería decir: señores, adiós muy buenas. Así no se puede trabajar».
El maestro recuerda además una máxima ampliamente aceptada en la profesión: «No hay orquestas malas, hay directores malos. Esto lo sabe toda la profesión». No obstante, se muestra prudente y evita personalizar: «Yo no puedo emitir juicios si no veo cómo trabaja un director con la orquesta».
También se detiene en una de las críticas que planean sobre la Real Filharmonía de Galicia: la orientación del repertorio. Sin cuestionar la necesidad de programar música actual, el maestro introduce una reflexión matizada y pedagógica. «La música contemporánea hay que hacerla, se ha hecho siempre», afirma, pero advierte de que la programación debe responder al contexto social y cultural de la orquesta. «Es como una medicina: no hay que aplicar una medicina que esté en contra del paciente». En su opinión, una orquesta no puede desligarse de la realidad de la sociedad a la que sirve.
Un todo para todos
El director subraya que formaciones como la Real Filharmonía, con apenas tres décadas de historia, cumplen todavía una función esencial de consolidación cultural. «Estas sociedades están todavía creciendo artísticamente», explica, y por ello necesitan un repertorio que sea «un todo para todos». Ros-Marbà alerta del peligro de convertir a una orquesta de estas características en un foco casi exclusivo de música contemporánea: «No podemos pensar que una orquesta en nuestro entorno sea un foco de cultura contemporánea, porque no hay tiempo». A su juicio, el equilibrio entre el gran repertorio, la música actual y la conexión con el público es una condición indispensable para que la orquesta avance y no se debilite.
El maestro pone también el acento en un aspecto que considera decisivo y a menudo infravalorado en la vida de una orquesta: la gestión. Ros-Marbà advierte de que no basta con un buen director y buenos músicos si no existe una estructura administrativa sólida y conocedora del hecho artístico. «No solamente se trata del director, sino también de los gestores que están llevando la orquesta desde el punto de vista administrativo», señala, y lamenta que en muchos contextos «no ha habido una verdadera cultura de cómo manejar una orquesta, ni desde el punto de vista artístico ni desde el político».
Elemento de equilibrio
En su experiencia internacional, el director subraya que un buen manager debe conocer profundamente el funcionamiento interno de la orquesta y actuar como elemento de equilibrio. «Es una máquina muy sensible”, insiste, y recuerda que la gestión adecuada implica saber «cuál es la medicina que necesita la orquesta, y que debe servir al mismo tiempo al público”. Ros-Marbà cita su etapa al frente de la Orquesta de Cámara de Holanda como ejemplo de estabilidad: «En diez años vi pasar tres managers, y los tres fueron buenos». Para el maestro, encontrar perfiles así no es fácil, pero resulta esencial para preservar la fortaleza artística y humana de formaciones como la Real Filharmonía de Galicia.
Ros-Marbà concluye sus reflexiones desde una posición de afecto y distancia. A sus 88 años, y tras haber dirigido algunas de las principales orquestas del mundo, asegura guardar un recuerdo «fantástico» de la Real Filharmonía de Galicia. «Fue la última familia que tuve como director titular», afirma, y admite que le habría gustado volver a dirigirla. Pero también advierte: «Situaciones como esta son peligrosas. Una orquesta necesita estabilidad, entendimiento y una dirección que sepa escuchar».
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