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Un estudio realizado en Santiago muestra cómo crece el estrés al camuflar rasgos autistas

La investigación del Cimus y el IDIS ayuda a «comprender el fenómeno del 'burnout' autista», según la científica Sabela Conde-Pumpido

Montse Fernández Prieto, izquierda, Sabela Conde-Pumpido y Karl Lundin.

Montse Fernández Prieto, izquierda, Sabela Conde-Pumpido y Karl Lundin. / Cedida

Koro Martínez

Koro Martínez

Santiago

Cuando una persona con autismo intenta camuflar en público los rasgos de ese trastorno, se ve sometida a un mayor estrés psicológico y biológico, tal y como se ha demostrado en un estudio liderado desde el Cimus de la USC a través del grupo Genomics and Bioinformatics y el Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago (IDIS), en colaboración con el Karolinska Institutet de Suecia.

Y es que, según la investigadora del Cimus y coautora del estudio Sabela Conde-Pumpido Zubizarreta, el trabajo muestra que «las personas que se camuflan más, independientemente de si son autistas o no, tienen niveles más altos de la hormona del estrés, el cortisol, acumulado en el tiempo en el cabello».

Si bien señala que los resultados aún no son concluyentes, apunta a EL CORREO GALLEGO que «la relación entre el camuflaje de estos rasgos y el estrés psicológico solo se vio en el grupo de personas adultas, observando que las que más camuflaron tenían más cortisol acumulado y autoinformaron de más síntomas relacionados con el estrés percibido».

Coste psicológico y cognitivo

Los resultados de este trabajo aportan «información clave para comprender mejor el burnout autista, un fenómeno cada vez más extendido; la salud mental y para detectar perfiles de riesgo», asegura, y recuerda que «el burnout autista ha sido descrito muchas veces en la literatura científica», y añade que lo que se observa es que intentar ocultar constantemente «produce un coste psicológico y cognitivo, de tal manera que llega a agotar a algunas personas autistas». Un agotamiento asociado con diversos efectos emocionales y que se produce «por el esfuerzo de estudiar a los demás, la propia conducta y ocultar partes importantes de la identidad; lo que lleva a algunas personas autistas a necesitar un tiempo de descanso tras socializar para recargar sus recursos cognitivos y sociales».

El estudio, que acaba de ser publicado en la revista Molecular Autism, es el «primer trabajo que ha logrado hallar evidencias de que el camuflaje de rasgos autistas puede actuar como estresor crónico, influyendo en el eje HPA (hipotálamohipofisario-adrenal, que es el principal sistema de respuesta del cuerpo al estrés, que involucra al hipotálamo, la hipófisis y las glándulas suprarrenales), lo que provoca una elevación del cortisol acumulado.

Estancia en el Instituto Karolinska sueco

La investigación forma parte del trabajo que realizó Sabela Conde-Pumpido el año pasado en el Centro de Trastornos del Desarrollo Neurológico del Instituto Karolinska en Suecia, dentro de un campo sobre el que desarrolla su tesis doctoral, dirigida por Montse Fernández-Prieto, Ángel Carracedo (Grupo Genomics and Bioinformatics, Cimus, y grupo de investigación en Medicina Xenómica) y por Adriana Sampaio (Universidade do Minho).

156 parejas de gemelos y una familia de trillizos

Se analizaron 156 parejas de gemelos y una familia de trillizos de la cohorte sueca RATSS (Roots of Autism and ADHD Twin Study in Sweden), 315 participantes en total de los que 69 tenían autismo y ninguno presentaba discapacidad intelectual. En esta ocasión se incorporó un biomarcador objetivo: la concentración de cortisol en el cabello, un marcador de estrés a largo plazo que refleja el acumulado durante cinco meses.

Se comprobó que quienes recurrían más a estrategias de camuflaje tendían a mayores niveles de cortisol acumulado. En adultos el camuflaje se asoció con síntomas de estrés psicológico y niveles elevados de cortisol.

Factores genéticos y ambiente familiar

Para la investigadora del Cimus la clave está en la diferente vinculación entre camuflaje y estrés en base a factores genéticos y ambiente familiar, ya que «en general la persona de la pareja de gemelos que camufla más, tiene más cortisol acumulado, tanto en el subgrupo de personas autistas como de adultas, pero si controlamos la genética y el ambiente compartido, esta relación desaparece y, sorprendentemente, en la submuestra de personas autistas y en la de adultas, vimos que se invertía, quien más camuflaba, presentaba menos cortisol». Cree que podría deberse a que «el camuflaje intenso tras aumentar de manera sostenida los niveles de cortisol puede llegar a agotar el sistema neuroendocrino que lo produce», aunque aclara que los resultados no son concluyentes.

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