Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Charo Barca: «Todos tenemos seres de luz»

Un jardín de 20.000 rosas led recuerda en Santiago a los «seres de luz», tanto a los que ya no están como a los que sí, para que su esencia brille esta Navidad en una ofrenda infinita. Esta es la brillante instalación solidaria de la Fundación Andrea, entidad que ayuda a familias de niños con enfermedades de larga duración, crónicas o terminales

Charo Barca, en el Jardín Infinito instalado en el Pazo de San Lorenzo, en Santiago.

Charo Barca, en el Jardín Infinito instalado en el Pazo de San Lorenzo, en Santiago. / Xoán Álvarez

Ágatha de Santos

Vigo

Fue la pasada Navidad, en Londres, cuando Charo Barca descubrió la instalación que acabaría inspirando el Jardín Infinito, una iniciativa solidaria que estas fiestas brilla con luz propia en Santiago. Acababa de perder a su padre de forma repentina y decidió viajar junto a su madre a la capital británica, donde reside su hija Ángela. Allí, alguien les habló de un proyecto vinculado a una entidad benéfica, concebido como un espacio de memoria para los seres queridos fallecidos. «A las tres nos sobrecogió lo hermoso que era. Y ahí comenzó ese runrún de por qué no hacer algo así aquí», explica la presidenta de la Fundación Andrea, una entidad que desde hace diecinueve años presta apoyo a familias de niños con enfermedades de larga duración, crónicas o terminales.

Ese runrún cobró vida este mes en el Jardín Infinito, una instalación lumínica de 2.000 metros cuadrados situada en el jardín amurallado del Pazo de San Lorenzo —un edificio declarado Bien de Interés Cultural—, en pleno corazón de Santiago, a solo cinco minutos de la praza do Obradoiro. El espacio alberga 20.000 rosas de luz led que se encienden cada noche en recuerdo de quienes ya no están, pero también como homenaje a quienes permanecen con nosotros.

El jardín está abierto todos los días de 18.00 a 22.00 horas (los días 24, 25 y 31 de diciembre y el 1 de enero permanecerá cerrado) y se ha convertido en la postal navideña de muchísima gente este año. «Galicia se merecía una instalación así; nos merecemos tener la posibilidad de disfrutar de cosas bellas y buenas», asegura Barca.

Charo Barca: «Todos tenemos seres de luz»

Una rosa, con una dedicatoria. / Xoán Álvarez

Ese runrún cobró vida este mes en el Jardín Infinito, una instalación lumínica de 2.000 metros cuadrados situada en el jardín amurallado del Pazo de San Lorenzo —un edificio declarado Bien de Interés Cultural—, en pleno corazón de Santiago, a solo cinco minutos de la praza do Obradoiro. El espacio alberga 20.000 rosas de luz led que se encienden cada noche en recuerdo de quienes ya no están, pero también como homenaje a quienes permanecen con nosotros.

El jardín está abierto todos los días de 18.00 a 22.00 horas (los días 24, 25 y 31 de diciembre y el 1 de enero permanecerá cerrado) y se ha convertido en la postal navideña de muchísima gente este año. «Galicia se merecía una instalación así; nos merecemos tener la posibilidad de disfrutar de cosas bellas y buenas», asegura Barca.

«La idea es que esa rosa brille durante toda la Navidad por alguien a quien amas, esté o no esté»

Los visitantes no solo pueden disfrutar del espectáculo que supone pasear entre esta rosaleda infinita, sino que también pueden dedicar una rosa a una persona especial a cambio de una donación solidaria a partir de diez euros. Toda la recaudación obtenida con este proyecto irá destinada a apoyar los programas de la Fundación Andrea: becas de soporte vital —psicoterapia, fisioterapia, logopedia, terapia acuática y ayudas de manutención o medicación; las Casitas —viviendas que la entidad pone a disposición de padres que deben alojarse en Santiago durante largos periodos hospitalarios—, y la dulcificación de espacios pediátricos hospitalarios —actuaciones que transforman habitaciones, salas comunes, pasillos y consultas en entornos más amables para los niños enfermos—. En la última década, esta entidad ha acompañado a cerca de 2.500 familias de toda Galicia, brindándoles apoyo en el cuidado de niños con enfermedades de larga duración, crónicas o en fase terminal.

Una joven, haciendo una fotografía del Jardín Infinito.

Una joven, haciendo una fotografía del Jardín Infinito. / Xoán Álvarez

Para escribir la dedicatoria, el visitante dispone de una carpa que garantiza la intimidad necesaria. «La dedicatoria se escribe en una tablilla de madera y después se elige la rosa en la que se desea colocar. La filosofía es dedicarla a los seres de luz de nuestras vidas. Todos tenemos alguno. Hay gente que se la dedica a sus hijos, a su pareja, a su madre, incluso a mascotas que han fallecido. La idea es que esa rosa brille durante toda la Navidad por alguien a quien amas, esté o no esté», explica Barca.

El ambiente es de recogimiento; apenas se escucha un susurro. «No hemos tenido que pedir guardar silencio. Es como entrar en una iglesia: la gente habla bajito, se mueve despacio. Es un ambiente mágico y muy emotivo», asegura su artífice.

También hay una caseta de madera donde se puede tomar un café o un chocolate caliente para combatir el frío. «Procuramos que el lugar sea lo más acogedor y familiar posible», comenta.

Para quienes se encuentran fuera de Santiago, la iniciativa permite participar de forma online. «La persona hace el donativo, escribe la dedicatoria y un voluntario la coloca. Después les enviamos una foto de la rosa para que sepan dónde está», explica.

«Es como entrar en una iglesia: la gente habla bajito, se mueve despacio»

El éxito está siendo abrumador, hasta el punto de que el portal del proyecto se colapsó temporalmente el pasado jueves debido al alto volumen de tráfico. Personas de toda España han dedicado rosas a sus seres queridos, que brillarán hasta el 9 de enero bajo el cielo compostelano.

«Esperábamos que gustase, porque creíamos que era algo realmente especial, una propuesta diferente que conjugaba ese punto más espiritual de la Navidad, pero no esperábamos esta respuesta masiva», reconoce.

El Jardín Infinito nace con la vocación de tener continuidad y la Fundación no descarta la posibilidad de llevarlo también a otras ciudades gallegas. Lo que sí tiene claro es que se trata de un proyecto vinculado a la Navidad. «Es una época en la que los sentimientos están a flor de piel y en la que se respira un ambiente mágico», afirma.

La Fundación anima, además, a compartir las imágenes del Jardín Infinito en redes sociales bajo el hashtag #eljardininfinito, una forma más de hacer que esta rosaleda solidaria a favor de los niños enfermos brille bajo las estrellas estas Navidades.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents