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Chus Iglesias, alma del Paluso: «La fiesta no puede decaer, ver la cara feliz de la gente me da paz»

La asociación organiza hoy y mañana en la Alameda su tradicional fiesta para que personas que viven solas o sin recursos disfruten la Navidad

Chus Iglesias, presidenta de laAsociaciónPaluso.

Chus Iglesias, presidenta de laAsociaciónPaluso. / Jesús Prieto

Arturo Reboyras

Arturo Reboyras

Santiago

En plena Navidad, mientras muchas familias se preparan para celebrar en sus hogares, la carpa del Paluso en la Alameda de Santiago se transforma en un refugio de calor y compañía para quienes se encuentran solos o con escasos recursos. Este año, la Fiesta del Paluso se celebrará en Nochebuena y Navidad, como siempre, ofreciendo no solo comida y bebida, sino también un espacio de encuentro, entretenimiento y afecto para cientos de personas, gracias al esfuerzo constante de Chus Iglesias, organizadora del evento desde hace 30 años.

«La fiesta se va a hacer sí o sí», asegura Chus con determinación, a pesar de que este año cuenta con menos voluntarios y aún faltan fondos para cubrir completamente el presupuesto. Gracias a su pensión, a un adelanto recibido y a la recaudación de un concierto benéfico, que aportó mil euros, la celebración podrá llevarse a cabo. Se espera atender a alrededor de 250 personas cada día, con un menú tradicional adaptado a la ocasión: mariscos y jamón asado en Nochebuena, chocolatada y entrega de juguetes el día de Navidad por la mañana, y la clásica paella navideña a mediodía, complementada con otras comidas caseras, pensadas para ser fáciles de preparar y muy nutritivas.

Chus destaca la importancia de la inclusión y la igualdad durante la celebración: «Hay personas con trabajo y otras de la calle. No hacemos distinción de raza, religión ni condición social. Todas se sientan a la misma mesa y forman lo que yo llamo la gran familia del Paluso», comenta con emoción. Más allá de la comida, la Fiesta del Paluso se ha convertido en un símbolo de solidaridad y comunidad, donde asistentes habituales se reencuentran cada año y se incorporan nuevos participantes, muchos de ellos afectados por la soledad, la precariedad o la reciente llegada a la ciudad.

'Hoy por ti y mañana por mí'

La organizadora resalta también el valor humano que aporta la celebración: «Nuestro lema es ‘hoy por ti, mañana por mí’. Enseña que, aunque compartas un poco, puedes llegar muy lejos y ayudar a quienes más lo necesitan. Estas acciones no se hacen esperando recibir nada a cambio, pero generan alegría, esperanza y sentido de comunidad». La Fiesta del Paluso se ha convertido en un espacio donde se rompen las barreras sociales y se fomenta la empatía, recordando que la Navidad no es solo un momento de regalos, sino de solidaridad, escucha y afecto hacia los demás.

Además, Chus resalta el aspecto emocional de la celebración, ligada a la memoria de su marido y al espíritu familiar que siempre ha querido transmitir: «La fiesta no puede decaer. Ver la cara de la gente, su alegría y sus sonrisas, me da paz y me recuerda por qué vale la pena seguir adelante», afirma. La experiencia, añade, genera un impacto positivo también en los voluntarios, quienes año tras año participan aportando su tiempo y energía, ayudando a que la Navidad sea más cálida y significativa para todos los asistentes.

Por último, la Fiesta del Paluso no se limita a la comida o los regalos: es un acto de unión y humanidad, donde personas de diferentes edades, condiciones y experiencias se encuentran, celebran juntos y construyen lazos que perduran más allá de las fechas navideñas. En la carpa de la Alameda, estas Navidades, la solidaridad, la inclusión y la alegría se convierten en protagonistas, recordando que, incluso en los momentos más difíciles, la Navidad puede ser un tiempo de encuentro, esperanza y verdadera comunidad.

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