Navidad solidaria en el Paluso
Los Bomberos de Santiago participaron en la entrega de regalos a los más pequeños
Un batallón de voluntarios colaboró con Chus Iglesias en la elaboración de los menús que se sirvieron en la carpa de la Alameda

Chocolatada y regalos en la Navidad más solidaria de Santiago / Jesús Prieto

La carpa del Paluso volvió a convertirse en Nochebuena y Navidad en uno de los grandes símbolos de la solidaridad en Santiago. Situada en plena Alameda, fue durante dos días un refugio de calor, compañía y encuentro para cientos de personas que, por diferentes circunstancias, viven estas fechas en soledad o con dificultades económicas. La Fiesta del Paluso, organizada desde hace más de 30 años por Chus Iglesias, volvió a cumplir su objetivo fundamental: que nadie se sienta excluido en Navidad y que todas las personas puedan compartir mesa, conversación y celebración en un ambiente de respeto e igualdad.
Uno de los momentos más esperados y emotivos fue, un año más, el reparto de regalos a los más pequeños, protagonizado por los Bomberos de Santiago, cuya implicación y cercanía arrancaron sonrisas y aplausos entre niños y familias. Ataviados para la ocasión, los bomberos hicieron de la ilusión la gran protagonista de la jornada, en un gesto ya tradicional dentro de la Fiesta del Paluso. En este acto estuvo presente la alcaldesa de Santiago, Goretti Sanmartín, que quiso acompañar a la organización, a los voluntarios y a los asistentes, destacando el valor social y humano de una iniciativa que se ha consolidado como una cita imprescindible del calendario navideño de la ciudad.

Jesús Prieto
La programación continuó el día de Navidad por la mañana con una chocolatada con churros que llenó la carpa de ambiente festivo y familiar. Desde primera hora, decenas de personas se acercaron para compartir este desayuno especial, que dio paso posteriormente a las comidas previstas. A lo largo de ambas jornadas, se sirvieron menús calientes y variados, pensados para ser nutritivos y fáciles de preparar, pero elaborados siempre con mimo y dedicación, manteniendo la esencia de una cocina casera que caracteriza a esta fiesta solidaria.

Jesús Prieto
Nada de esto sería posible sin el trabajo incansable de los voluntarios que, junto a Chus Iglesias, se encargaron de la preparación del menú, la organización de los turnos y la atención directa a los asistentes. Su labor, muchas veces discreta pero fundamental, permitió atender a alrededor de 250 personas cada día, garantizando no solo comida y bebida, sino también cercanía, escucha y acompañamiento. La Fiesta del Paluso volvió así a demostrar que la Navidad también se construye desde la solidaridad y el compromiso colectivo.
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