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El precio de la vivienda acentúa la vulnerabilidad de los sin techo de Santiago

El alza de los precios que se ha experimentado es un obstáculo añadido al trabajo de Cruz Roja y el Semus con personas sin hogar

SEMUS servicio municipal de emergencias sociales

Jesús Prieto

Koro Martínez

Koro Martínez

Santiago

Con una incidencia de personas sin hogar que suele variar a lo largo del año, y que en el caso concreto de Santiago «se suele incrementar durante los meses de noviembre y diciembre», según apunta la coordinadora comarcal de Cruz Roja en Compostela, Leonor Silva explica que el proyecto de la entidad para este colectivo trabaja siempre con la premisa de que «cualquier persona se puede ver en una situación de calle en cualquier momento de su vida». Insiste en hacer un llamamiento a «no olvidar nunca que son personas que tienen sus derechos y hay que respetarlos», punto del que parten como organización «para intentar estar cerca de quienes nos necesitan y ayudarles a lograr una vida digna».

Y es que, como subraya la técnica de la entidad Alba Jiménez, «son personas con una situación social agravada, vulnerables, a las que hay que proteger como a las víctimas de violencia de género o a menores en situaciones concretas».

Un trabajo en el que Cruz Roja lleva volcada en Santiago desde inicios de este siglo, a partir de 2015 con el proyecto de personas sin hogar y en estrecha colaboración con el Servizo Municipal de Urxencias Sociais (Semus) desde su creación en 2021, dirigido a gente «en situación de risco de exclusión social moi severa», incide la también técnica Beatriz Mato.

SEMUS servicio municipal de emergencias sociales

SEMUS servicio municipal de emergencias sociales / Jesús Prieto / t

En conversación con EL CORREO GALLEGO, las tres explican que el proyecto de personas sin hogar pretende paliar situaciones de urgencia que requieren de un apoyo inmediato, con la vista puesta en «conseguir un itinerario a largo plazo, muy centrado en el presente, pero que permita ir dando pequeños pasos en la atención integral», señala Leonor Silva, quien resalta que «hay que estudiar cada caso concreto, valorar si necesita una actuación en temas de salud, de higiene o autocuidados, o incluso de vivienda».

Salir de la calle

Interrogadas sobre si han conseguido que algunas personas salgan de la calle, responden que sí que se logra en algunos casos porque «cada situación es única y las circunstancias por las que alguien ha llegado a ella son muy diversas». No obstante, al igual que está sucediendo con gran parte de la población en España, el problema del acceso a la vivienda representa también un verdadero obstáculo para la reinserción social de estas personas. Y es que, en palabras de la coordinadora comarcal, «si se consigue que salgan de la calle, tenemos un problema muy importante con la vivienda porque el acceso es muy difícil en general, y nos resulta verdaderamente complicado, ya que cuesta encontrar la colaboración de entidades y asumir el coste económico».

Leonor Silva, Beatriz Mato y Alba Jiménez en la sede de Cruz Roja Santiago

Leonor Silva, Beatriz Mato y Alba Jiménez en la sede de Cruz Roja Santiago / Jesús Prieto

Añade que en Santiago «el precio del alquiler se ha incrementado muchísimo y, teniendo en cuenta que exigen fianzas y contratos laborales, la vivienda es hoy un problema para cualquiera de las personas que atendemos porque tienen que destinar más de la mitad de sus salarios a ello, y muchas veces se ven obligadas a compartir o a buscar en la periferia, lo que supone una dificultad añadida».

A ello se suma que la capital gallega es «una ciudad muy turística, en la que en determinados meses la ocupación en los hostales es del 100% y, por otro lado, no todos los establecimientos quieren alojar a este tipo de perfiles».

El albergue de Xoán XXIII

En cuanto a la opción del albergue de Xoán XXIII, Beatriz Mato recuerda que «é un recurso que temos cun máximo de dez noites ao mes e dispón de 25 prazas», aunque afirma que «cando estamos traballando cunha persoa de forma coordinada, inténtase ampliar un pouquiño ese prazo, ata que quede algo libre» y se les pueda trasladar a alguna de las habitaciones de las que disponen.

Pese a ese enorme reto de encontrar una solución habitacional, cifran en unas 25 o 30 personas las que habrán pasado este año por alguno de los alojamientos que consigue Cruz Roja para quien decide dar el paso y dejar la calle, y con cuyos gastos corre la entidad hasta que pueden sufragarlos, o bien porque se les ha reconocido una prestación económica o porque han encontrado un empleo.

Sin embargo, y pese a que la cifra no es nada desdeñable, recuerdan que conseguir que una persona sin hogar se mantenga en un recurso habitacional no es fácil y, para llegar ahí, el camino tampoco lo ha sido. Y ni siquiera es esa la meta, sino poder prestar una atención integral y ayudar en lo que puedan, incide Leonor Silva. Lo fundamental es «poder dar respuestas muy inmediatas ante situaciones de emergencia, como en alertas por condiciones climáticas adversas, tanto en verano como en invierno», y para ello recorren las zonas de Santiago en las que tienen localizadas a personas sin hogar tres días a la semana, en horario de 20:00 a 23:00 horas.

El equipo suele estar formado por tres personas de Cruz Roja y algún voluntario, junto con personal del Semus, y al que un día a la semana se suman trabajadoras sociales municipales.

En esas rutas se acercan a las dársenas de Xoán XXIII y La Salle o al edificio de Correos para intentar establecer unos lazos, «una relación de confianza sin forzar nada que permita llevar a cabo una intervención porque no suelen acudir a una entidad y diseñar un itinerario individualizado», según explica, recalcando que «las intervenciones ni son tan rápidas ni los objetivos se alcanzan tan rápido; es un trabajo diario y de mucho tiempo».

No obstante, pone en valor que «en Santiago hay un trabajo importante, con una estrecha coordinación con los servicios sociales y con el resto de entidades que se dedica a apoyar a estas personas».

Más jóvenes y en situaciones cronificadas

Con un perfil de personas sin hogar que en Santiago es mayoritariamente hombre y de entre 50 y 55 años, Leonor Silva admite que últimamente está cambiando y «empezamos a ver en determinados momentos más jóvenes, más mujeres y con situaciones más cronificadas; es decir, que llevan ya mucho tiempo en la calle y no son capaces de salir de ahí, con lo que la intervención resulta más difícil».

Recuerda que con las sucesivas crisis económicas, «empezamos a ver perfiles distintos que nos han ido llevando a tener que adaptarnos a lo que venía, teniendo que cubrir la demanda de alimentos o el pago de suministros», e incluso «los gastos de farmacia, óptica o ayudas sanitarias», añade Alba Jiménez, siempre con el objetivo de lograr que el usuario llegue a ser autónomo y a tener independencia.

La coordinadora comarcal destaca la importancia de la colaboración ciudadana en todos los proyectos de la entidad y, aunque en Navidades «aumentan las donaciones, se puede colaborar todo el año porque es cierto que la necesidad la tenemos todos los días del año». No obstante, incide en que más allá de los donativos, «el voluntariado aporta mucho valor a la organización». Un colectivo formado en la actualidad por 300 personas voluntarias activas, y que junto a la plantilla de la propia Cruz Roja contribuyeron a atender el año pasado a «dos mil personas vulnerables en Santiago».

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