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Legado familiar

De histórica mercería en Santiago a triunfar en Sevilla: "Era el sueño de nuestra madre"

La compostelana Lucía Sebio abrió hace unos catorce meses una mercería Lans en Sevilla, a donde se mudó hace años por amor, y con la que mantiene vivo el legado familiar

Lucía Sebio abrió otra mercería Lans en Sevilla para continuar con el legado familiar

Lucía Sebio abrió otra mercería Lans en Sevilla para continuar con el legado familiar / CEDIDA

Lucía Martínez

Lucía Martínez

Yo conocí a tu madre, te pareces mucho a ella”, dijo una clienta a María Jesús 'Marisú' Sebio, actual propietaria de la mercería Lans de Santiago, tras observar la fotografía en blanco y negro que esta mostraba a EL CORREO GALLEGO y en la que aparecía una Marisú más joven, junto a una de sus hermanas, su madre y su abuela frente a la tienda.

Esta escena, que ocurrió hace unas semanas en la histórica mercería compostelana, resume totalmente, el alma de un comercio que ha pasado de generación en generación, tanto dentro como al otro lado del mostrador.

La vieja fotografiaba de la mercería de la abuela de Marisú y Lucía Sebio

La vieja fotografiaba de la mercería de la abuela de Marisú y Lucía Sebio / CEDIDA

Abierta en 1985, en la mercería Lans compraron primero las abuelas, después las madres y ahora lo hacen las hijas. "Xa viña con miña nai", comentaba a este respecto otra clienta mientras compraba hilo para remendar el bajo de un pantalón.

Y es que, si algo caracteriza a la histórica mercería compostelana es su fiel clientela, heredada y construida a base de cercanía y bajo la premisa "de non dicir nunca que non e de buscar sempre o que cliente necesita, aínda que nun primeiro momento non o teñamos", cuenta Marisú.

Un oficio heredado

La mercería siempre nos gustó”, continúa. Antes de Lans, su abuela regentó su propia tienda que luego pasó a manos de su tío Lino, un lugar que finalmente ocupó su madre Amelia. “A nosa nai sempre quixo montar unha mercería. Era o seu soño”, admite.

Un sueño que Lucía Sebio, la hermana pequeña de Marisú, mantiene también vivo a casi mil kilómetros, en Sevilla, a donde se mudó hace casi tres décadas por amor y donde abrió hace catorce meses su propia mercería -llamada también Lans-, para continuar con el legado familiar y cumplir el sueño de su madre. "Mi madre siempre quiso que las tres tuviéramos mercería. Era el sueño de nuestra madre", en alusión a su otra hermana, la mayor, que tuvo su propio negocio en O Milladoiro.

La Mercería Lans de Santiago

La Mercería Lans de Santiago / Lucía Martínez

De Santiago a Sevilla, por amor

Lucía creció entre botones, lanas y tras el mostrador de Lans, donde empezó a trabajar cuando era adolescente. No obstante, con 26 años dejó atrás su tierra natal y se mudó a Sevilla. “Me vine por amor”, cuenta a EL CORREO GALLEGO. Allí formó una familia y durante unos años aparcó la idea de tener su propio negocio. "Siempre quise tener una", admite.

Un deseo que nunca desapareció y que acabó por materializarse el 1 de octubre del año pasado, cuando dio el paso definitivo y tomó el traspaso de una pequeña mercería -en la que Lucía trabajó como empleada durante un tiempo- y a la que transformó por completo.

Lucía Sebio delante de la mercería Lans que abrió en Sevilla

Lucía Sebio delante de la mercería Lans que abrió en Sevilla / CEDIDA

Así, quitó la ropa de calle que caracterizaba al anterior negocio, fue trayendo género poco a poco, mucho de él desde Galicia, como lanas, pijamas, ropa interior... y, lo más importante, mantuvo el nombre: Mercería Lans. “Era importante que siguiera siendo algo familiar”, matiza. Una decisión que, como aclara, consultó previamente con sus hermanos y familiares.

Pero más allá del nombre, Lucía conserva además la antigua máquina de forrar botones que heredó de su abuela y que tiene más de cien años. Dicha reliquia familiar la guarda con mimo en su casa, mientras que en la mercería utiliza otra, especialmente en fechas señaladas como la Semana Santa, en la que "se forran mogollón de botones", confiesa.

Fusión entre tradición y redes

Si bien la Lans compostelana es todo un referente en la capital gallega, la Lans sevillana no se queda atrás. La acogida fue, desde el principio, "estupenda", cuenta Lucía.

"Yo llevo aquí muchos años, me conoce muchísima gente y el boca a boca hace mucho", confiesa. A todo ello se suma la buena ubicación de la mercería, pues es el único negocio de este estilo que hay cerca. "En esta zona no hay más, solo estoy yo", precisa.

Así las cosas, fue su hija mayor la que dio con otra de las claves del éxito de la mercería: el salto a redes sociales.

"Me dijo un día: 'Mira mamá, con fotos no haces nada, hay que hacer vídeos, que es lo que la gente ve'", cuenta. Y tenía razón. Pues uno de los primeros vídeos se viralizó y superó las 200.000 visualizaciones en Instagram. “Yo alucinaba”, reconoce.

Desde entonces, las visitas, las llamadas y los mensajes no han dejado de crecer. “Las redes dan un empujón enorme”, afirma.

Tanto es así que en poco tiempo se ha vuelto viral, alcanzando casi los 2.500 seguidores en Instagram y sumando miles de visualizaciones diarias.

Un impacto que no solo se refleja en el número de seguidores, sino también en los comentarios de sus clientes, muchos de ellos ya habituales y algunos que, al igual que ella, acabaron por cosas de la vida en Andalucía. "Qué fuerte!! ¡Soy de Santiago también, vivo en Sevilla y me acuerdo de ir con mi madre de pequeña muchas veces a esa mercería! Qué alegría saber de vosotros aquí en Sevilla también!!!", escribía hace unos días una usuaria que confirma que Lans es mucho más que un negocio.

Con todo, la esencia es la misma que sigue su hermana en Santiago: cercanía, atención personalizada y compromiso. “Si no tengo algo, intento traerlo. Me gusta que la gente se vaya contenta”, finaliza Lucía.

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