Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Postais dende Raxoi

Plaza de la Quintana, alma viva de Santiago

Plaza de la Quintana, alma viva de Santiago.

Plaza de la Quintana, alma viva de Santiago.

José Antonio Constenla

La Plaza de la Quintana es un corazón de piedra que late en silencio, un escenario donde se abrazan la infancia y la leyenda, un espacio donde el tiempo aprendió a detenerse y mirarnos.

Al abrigo de la Catedral se abre con gesto solemne, nacida de un viejo cementerio que se hizo plaza y escalera al cielo. La división entre Quintana de Vivos y de Mortos convierte sus peldaños en frontera delicada entre lo que somos y lo que ya solo permanece en la memoria.

La Quintana acoge desde siglos a peregrinos cansados, estudiantes soñadores, vecinos que se conocen por el nombre y viajeros que llegan con los ojos llenos de asombro. Allí, donde antaño marchó el Batallón Literario, cada paso resuena como un verso grave, y el eco de aquella valentía se mezcla con el rumor discreto de la ciudad.

En sus losas gastadas jugábamos de niños como quien navega en un mar de granito, con las risas rebotando en los muros y perdiéndose en el aire húmedo de la ciudad. Quedábamos allí sin prisas, como si la plaza tuviera la capacidad de convocarnos sin necesidad de palabras.

Cuando anochece, entre luces doradas y rincones oscuros reaparecen los primeros amores, las confidencias en las escaleras, las despedidas que duelen, pero que prometen siempre un regreso.

Con los años aprendí a sentarme en silencio, a mirar cómo cae la tarde sobre la fachada de la Catedral, cómo la luz convierte la piedra en algo casi humano. Entonces entiendo a Álvaro Cunqueiro cuando escribió que «Santiago no es una ciudad, es un sueño».

Tracking Pixel Contents