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Generación tinta: jóvenes tatuadores que redefinen el arte en Santiago

Son jóvenes, son tatuadores y son la nueva generación que viene a derribar los muros que se crearon hace 50 años, cuando los tatuajes eran vistos como un condicionante de estatus social. Llegan para cambiar los prejuicios que hay detrás de la profesión y transformar las formas de expresión por medio del arte de la tinta

En la camilla, la tatuadora Patricia  ‘Pipa’ Lorca Cuevas, Marta  ‘Tuki’ López Rodríguez y tatuando, Sergio García Andrey.

En la camilla, la tatuadora Patricia ‘Pipa’ Lorca Cuevas, Marta ‘Tuki’ López Rodríguez y tatuando, Sergio García Andrey. / Jesús Prieto

Santiago

Son jóvenes y «creadores de artesanías», como ellos mismos dicen. Patricia Pipa Lorca Cuevas (28 años), tatuadora murciana que trabaja en Trasnos Tattoo; Sergio García Aldrey (27) y Marta Tuki López Rodríguez (26), dueño y socios, respectivamente, de Lume Tattoo, son algunos de los tatuadores menores de 30 años que alberga la ciudad de Santiago de Compostela. Vienen a cambiar los prejuicios que se crearon alrededor de los tatuajes y de lo que significaba llevarlos en la piel para integrarse en la sociedad. Buscan transformar el cómo la gente ve el mundo de la tinta y crear una nueva forma de expresión artística.

El primer contacto con la tinta

Empezaron en su época de bachillerato, y el dibujo era lo que más les gustaba hacer. Este fue el puntapié para que los tres se iniciaran en el mundo de la tinta. Tatuaban en sus casas o en sitios prestados y como explican los tres, «al inicio, no tienes idea de nada».

«No me gustaba estudiar, pero sí dibujar. Dejé Bachiller, empecé a dibujar y a tatuar, y a ganar dinero. Pedí un préstamo en el banco y me monté mi primer estudio», cuenta Sergio García Aldrey.

Por su parte, Marta Tuki López explica que al haber empezado tan joven implica «buscar información de todas partes y por donde sea». López comenzó con una máquina que le regaló su hermano a los 17 o 18 años, mientras tanto, estudiaba escultura. «Comencé en la habitación de mi hermano. Me fui pillando el carro, la camilla, pero empecé tatuando en la cama. Ahora lo pienso y digo ‘bua’», señala López.

Por su parte, Pipa Lorca sabía que quería dedicarse a algo que estuviera relacionado con el dibujo. «Llevo dibujando desde que tengo uso de razón. Ya cuando empecé a desarrollar mi lóbulo frontal, empecé a darme cuenta de que realmente a mí me apetecía muchísimo dedicarme al dibujo. A los 14 o 15 años vi un documental de un chico que se paseó por todo el mundo tatuándose con técnicas ancestrales del tatuaje. Y yo dije, ‘¿qué hay que hacer para hacer eso en España?’ Me parecía el intermediario perfecto entre dibujar y ganar dinero. En plan, mi pasión, ganar dinero», señala Lorca.

La tatuadora murciana comenta que había un modus operandi para comenzar en el camino de la tinta: «Hasta hace 15 años necesitabas que te apadrinara un tatuador en un estudio de tatuajes y ser aprendiz, pero, al mismo tiempo, era un aprendizaje que ahora mismo no se tiene». Hoy en día, señala Lorca, «tenemos toda la información que queremos, pero se está yendo un poco de las manos, porque cualquier persona que se compre una máquina se llama tatuador, y no es así. Tienes que tener un bagaje detrás».

Los tres tatuadores confirman que lo más importante, en sus inicios, fue el boca en boca, entre amigos y conocidos. «Gente que dice ‘ah, estás empezando’, y yo, venga, vente pa’ casa, te tatúo», explica López entre risas.

Derribando muros

«El tatuaje en España ha ido con vaselina y muy rápido», explican los tatuadores acerca de como se ha ido aceptando el uso de la tinta en la piel. «Ha sido muy suave pero muy de golpe», asevera Pipa Lorca.

«Yo no creo que esté aceptado, de todas formas. Tengo una amiga que fue a una entrevista de trabajo y le dijeron que si tenía tatuajes, que ya nada», explica López.

Los tatuadores creen que el crecimiento del tatuaje en España ha sido muy evidente y poco a poco se está empezando a asumir que la gente los lleva pero «todavía está ese pensamiento de la piel virgen y limpia», comentan López y Lorca.

Los jóvenes tatuadores consideran que también están derribando muros en su profesión. «Yo ahora mismo diferencio tres tipos de tatuadores. Primero los boomers, que tienen entre 50 y 60 años, que dicen ‘esto no es un tatuaje’, que tatuaban sin guantes y le escupían a los cups antes de tatuar. Después están los tatuadores que siguen a los boomers, que eran muy herméticos y empezaron a meter a gente en la que confiaban, y después estamos nosotros, que somos la ‘nueva escuela’. Se supone que nosotros deberíamos recibir un poco del legado de tatuadores que llevan 15 años tatuando pero que son menores de 40», apostilla Lorca.

La experiencia de trabajar con tatuadores de la generación pasada les permitió a estos jóvenes poder «hacer un puente y tener una conexión entre lo de antes y lo de ahora», así lo explica Tuki López.

La murciana comenta que el gran problema que tiene la generación que son menores de 30 años es que muchos «se dedican a esto por tontería, por glamour o por pasta y generan un discurso horrible», señala Lorca. Son tatuadores que no dibujan «ni tienen interés en dibujar, simplemente se dedican a comprarse una máquina y a copiar y pegar exactamente lo que hacen los demás y tampoco tienen interés en estudiar anatomía del cuerpo o como funciona la piel», explica la murciana.

El grupo coincide en que tatuar es un «oficio de artesano» porque deben pasarse años detrás de un maestro, aprender a dibujar porque «el tatuaje es 80% dibujar y 20% tatuar» y estudiar los diferentes estilos para poder desempeñarse como un buen profesional. «Desde fuera se ve como si fuéramos ricos, y no es así. Hay mucho dinero que invertir», explica García.

El poder de las redes sociales

«Al final, el que más tatúa hoy en día, es el que más ruido hace en redes sociales. El factor suerte creo que a veces es muchísimo más grande que el factor trabajo», asevera Lorca acerca del poder que tienen las redes sociales en el mundo del tatuaje.

«Es muy importante dedicarles tiempo a las redes sociales si quieres vivir de esto, ya que un gran porcentaje de clientes entran por ahí. Con los años la demanda ha subido pero como consecuencia la oferta también se ha disparado», concreta García Andrey, pero también agrega que los tatuadores no deberían olvidarse del boca a boca: «Aunque no sea tan visible, está ahí y también ayuda a consolidarte».

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