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El claustro de la Catedral de Santiago: la última fachada del Obradoiro pendiente de un ‘lifting’

La restauración de la fachada del claustro catedralicio culminaría décadas de intervenciones

El proyecto de rehabilitación del frontispicio incluye también la cubierta y está a la espera de financiación

Fachada del claustro catedralicio pendiente de restaurar a excepción de la Torre de la Vela.

Fachada del claustro catedralicio pendiente de restaurar a excepción de la Torre de la Vela. / Antonio Hernández

Arturo Reboyras

Arturo Reboyras

Santiago

La fachada del claustro de la Catedral de Santiago que se abre a la plaza del Obradoiro constituye en la actualidad la última gran fachada del conjunto catedralicio pendiente de restauración y la única intervención necesaria para dar por completada la recuperación integral de las fachadas históricas que conforman este espacio monumental. Su futura rehabilitación permitiría culminar un proceso iniciado hace décadas y que ha ido devolviendo progresivamente al Obradoiro su unidad arquitectónica y patrimonial.

En los últimos años, la plaza ha sido escenario de importantes actuaciones de conservación. A la restauración de la fachada de la basílica y del Pazo de Xelmírez se han sumado las intervenciones en el Pazo de San Xerome, actual sede del Rectorado de la Universidade de Santiago, y en el Pazo de Raxoi, sede del Ayuntamiento. A este conjunto se añade ahora el Hospital Real, hoy Parador Nacional, que se encuentra inmerso en un proceso de rehabilitación. En este contexto, la fachada del claustro representa la pieza que falta para completar la lectura restaurada del frente monumental del Obradoiro.

El proyecto para esta intervención ya ha sido elaborado y plantea una actuación de mayor alcance de lo que podría deducirse a simple vista. Tal y como explica el arquitecto Óscar Andrés Quintela, uno de los responsables técnicos del mantenimiento y restauración del conjunto catedralicio, la propuesta no se limita a la piel exterior del edificio: el objetivo es actuar de forma coherente sobre todo el sistema constructivo de la panda del claustro que mira a la plaza. En este sentido, Quintela señala que el proyecto incluye también la cubierta, un elemento esencial tanto desde el punto de vista estructural como de conservación del conjunto.

La ejecución de esta obra está condicionada por la disponibilidad de financiación, un factor determinante en un monumento de la complejidad y dimensión de la Catedral de Santiago. Según explica Quintela, se trata de una situación habitual en la gestión patrimonial del templo, donde conviven grandes proyectos de restauración con una intensa labor de mantenimiento cotidiano. El arquitecto subraya que la estrategia seguida consiste en disponer de proyectos redactados y técnicamente definidos, de manera que puedan activarse cuando se obtienen los recursos económicos necesarios.

Varias partes restauradas

En lo que respecta específicamente al claustro catedralicio, en los últimos años ya se han llevado a cabo importantes actuaciones de restauración en varios de sus frentes. En 2019 se rehabilitaron las fachadas que dan a la plaza de Platerías y la Torre del Tesoro, mientras que con posterioridad se intervino también en la fachada que se abre a la rúa Fonseca. En contraste, el frente del claustro orientado al Obradoiro permanece prácticamente intacto, ya que hasta el momento la única actuación realizada en ese ámbito se limitó a la restauración de la Torre de la Vela, lo que refuerza el carácter pendiente y estratégico de esta futura intervención.

Junto a esta gran intervención pendiente en el Obradoiro, el conjunto catedralicio mantiene numerosas actuaciones de menor escala, muchas de ellas poco visibles para el público. Se trata principalmente de trabajos en cubiertas interiores, patios y espacios secundarios, que no tienen el impacto visual de una fachada monumental, pero que resultan imprescindibles para garantizar la conservación a largo plazo del edificio. Quintela destaca que estas labores forman parte de lo que el equipo técnico denomina «cuidados», una política de mantenimiento continuo que exige una inversión constante y que absorbe una parte significativa del presupuesto anual.

Esta forma de gestión permite compatibilizar las grandes restauraciones con una atención permanente a los problemas cotidianos del monumento, desde pequeñas reparaciones hasta consolidaciones puntuales. En palabras del arquitecto, la clave está en avanzar de manera progresiva, priorizando las necesidades más urgentes y aprovechando cada oportunidad de financiación para ejecutar los proyectos ya preparados.

La futura restauración de la fachada del claustro tendría, además, un fuerte valor simbólico. No solo supondría la recuperación de uno de los frentes menos conocidos del conjunto catedralicio, sino que permitiría cerrar definitivamente el ciclo de restauración de las fachadas históricas del Obradoiro, consolidando la imagen de la plaza como un espacio monumental plenamente recuperado y coherente desde el punto de vista patrimonial. Con ello, la Catedral de Santiago daría un paso más en la conservación de uno de los conjuntos arquitectónicos más relevantes de Europa, culminando un proceso que ha transformado de forma profunda la percepción y el estado de uno de los lugares más emblemáticos del Camino de Santiago.

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