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Fray Tomás, párroco de Conxo: «No quiero acostumbrarme al deterioro del templo»

El sacerdote impulsa un proyecto de rehabilitación que combina obras urgentes, restauración patrimonial y reconstrucción de la comunidad

La recuperación de iglesia de Nuestra Señora de la Merced supera los 190.000 euros y ha despertado la colaboración de vecinos, instituciones y voluntarios

Fray Tomás muestra el deterioro de la Virgen de los Dolores en el iglesia de la Merced

Fray Tomás muestra el deterioro de la Virgen de los Dolores en el iglesia de la Merced / Antonio Hernández

Arturo Reboyras

Arturo Reboyras

Santiago

La parroquia de Conxo, en Santiago, vive un momento decisivo, una encrucijada entre el deterioro material de un templo histórico y el renacer inesperado de su comunidad. Quien mejor encarna esa transición es el padre Tomás, mercedario manchego que llegó hace poco más de un año tras dieciocho en República Dominicana. Él mismo reconoce que el cambio ha sido profundo. «Este destino me lo propuso la Orden y me lo confirmó el arzobispo, pero fui yo quien dijo que sí», comenta mientras camina por la nave principal del templo. «Veo que aquí es posible construir comunidad», añade con un entusiasmo tranquilo que contrasta con el estado del edificio que lo rodea.

Fray Tomás en la iglesia de la Merced de Conxo

Fray Tomás en la iglesia de la Merced de Conxo / Antonio Hernández

A simple vista, la iglesia muestra las huellas de décadas de deterioro: humedad incrustada en las paredes, retablos oscurecidos por el polvo, grietas visibles, un techo que filtra agua y un campanario que necesita intervención urgente. El sacerdote lo señala todo sin dramatismos, pero con determinación. «La gente ve esto y se asusta, claro», admite. «Son muchos años sin intervenciones profundas y cuando uno llega nuevo se encuentra con un tesoro… pero también con un desafío enorme. Lo que no quiero es acostumbrarme al deterioro». Esa frase, repetida varias veces a lo largo de la conversación, parece ser algo más que un lema: una resistencia a que la dejadez se convierta en normalidad.

La parroquia ha elaborado un documento exhaustivo con todas las obras necesarias. La cifra final supera los 190.000 euros. La lista no solo es larga, sino reveladora: reparación del tejado, consolidación del muro que separa el templo del centro de salud, restauración de puertas principales que ya presentan zonas levantadas por la humedad, renovación del sistema de megafonía digital —más de 20.000 euros entre la nave central y la capilla del Cristo—, acondicionamiento del espacio donde se encuentra la pila bautismal, instalación de fibra óptica, sistemas de seguridad y videovigilancia, limpieza de retablos y restauraciones artísticas que por sí solas superan los 59.000 euros. A eso se suman acciones clasificadas como de prioridad baja, como la reparación y automatización del campanario o la instalación de pantallas y proyectores. «Está todo por hacer», reconoce el párroco. «Pero también está todo por soñar», añade.

Fray Tomás en la iglesia de la Merced de Conxo

Fray Tomás en la iglesia de la Merced de Conxo / Antonio Hernández

Durante la visita, el padre Tomás detiene sus pasos ante uno de los espacios que más le conmueven: la capilla del Cristo. Allí reposa una imagen conocida como Cristo transparente, una pieza insólita en España que recibe la luz a través de un vitral posterior, creando un efecto de profundidad único. Hasta hace poco permanecía oculta tras un antiguo cortinón. «Era uno de los pocos Cristos transparentes del país y casi nadie lo sabía», explica. «Cuando lo descubrimos, la gente empezó a venir solo para verlo. Pero la capilla estaba en un estado muy malo: bancos con carcoma, polvo de años, un retablo sin limpiar… Hemos avanzado mucho, pero falta seguridad para poder dejarla abierta y celebrar aquí la misa diaria sin miedo a robos o daños». El párroco recuerda con gratitud que algunos bancos fueron donados por instituciones eclesiásticas como la Catedral. «Son bancos antiguos, bellísimos, y le han devuelto dignidad al espacio», señala. «Pero queda mucho por hacer», insiste.

Recuperación del patrimonio artístico

El recorrido continúa entre retablos que alternan la belleza artística con el deterioro evidente. «Esta de San Andrés es una talla de castaño preciosa, pero fíjese en el polvo y en las grietas», comenta mientras acaricia con cuidado uno de los relieves. «Y la Dolorosa está aún peor. Tenemos presupuestos de restauración, pero son trabajos delicados y caros. Lo mismo ocurre con la iluminación o la megafonía; algunos altavoces que ve aquí son prestados». Pese al panorama, el sacerdote no se muestra abatido. «Cuando uno enseña la realidad, siempre aparece alguien que dice: padre, yo puedo ayudar con esto. Por eso lo mostramos todo. Porque ocultarlo sería condenarlo».

Pero no todo es deterioro. La comunidad, que en los últimos años parecía en declive, empieza a reactivarse. El padre Tomás lo nota cada día. «La parroquia estaba muy apagada cuando llegué. La gente venía a misa y poco más. Había miedo, había cansancio, había hábitos que se habían quedado por inercia», comenta. «Pero ahora empezamos a ver un resurgir». La catequesis infantil ha pasado de un grupo mínimo a unos veinte niños. Se ha formado un grupo de trece jóvenes para la confirmación. La misa diaria reúne cada día a diez o doce personas. Nuevos voluntarios se acercan, preguntan, ayudan. Incluso los coros han recuperado iniciativa: el concierto benéfico organizado por la formación local Voces Graves Crecente y otros grupos recaudó más de 2.300 euros. «Eso a mí me llena de esperanza», confiesa. «Ver que la comunidad se mueve, que no está dormida, que quiere participar».

Fray Tomás en la iglesia de la Merced de Conxo

Fray Tomás en la iglesia de la Merced de Conxo / Antonio Hernández

No obstante, más allá de la revitalización pastoral, lo que más preocupa al sacerdote es la realidad social del barrio. Durante las visitas y encuentros cotidianos, ha descubierto situaciones de profunda soledad. «Aquí hay mucha gente que vive sola, mucha más de la que imaginamos», afirma con gravedad. «Hace poco me encontré con una señora en la calle y me contó su situación. No se habla con sus hijos, vive angustiada, apenas tiene con quién relacionarse. Es un drama silencioso». Según él, muchas personas mayores encuentran en la misa su único punto de contacto humano. «He oído decir más de una vez: ‘Padre, usted es el único buenos días que escucho en todo el día’. Eso parte el alma». Por eso, junto con Cáritas, la parroquia está diseñando un proyecto de acompañamiento para que voluntarios puedan visitar, llamar o simplemente estar presentes para quienes atraviesan estas situaciones.

El centro de catequesis es otro de los frentes abiertos. Algunas salas estaban tan deterioradas que, según el propio párroco, «se te caía el alma al verlas». Hoy, gracias al trabajo conjunto de vecinos, catequistas y familias, varias han sido limpiadas, despejadas y acondicionadas, aunque aún quedan reformas importantes: calefactores, mobiliario nuevo, recursos didácticos y la reparación del tejado. «Poco a poco hemos ido transformando las cosas», dice Tomás. «Cuando los padres ven que la parroquia se está moviendo, también se animan ellos. Y cuando los niños entran a una sala digna, se les ilumina la cara».

Fray Tomás en la iglesia de la Merced de Conxo

Fray Tomás en la iglesia de la Merced de Conxo / Antonio Hernández

Una de las partes más complejas del proyecto es la coordinación con las instituciones. El Consorcio ya trabaja en un proyecto de iluminación; el Arzobispado ha creado un departamento de arte sacro que centraliza las intervenciones patrimoniales; la alcaldesa y varios concejales han visitado recientemente el templo. Aun así, el ritmo es lento. «Como todas las cosas de palacio, van despacio», reconoce el párroco con cierta ironía. Por eso insiste en la colaboración del barrio: «En República Dominicana pedía para construir escuelas, guarderías o centros médicos. Estoy acostumbrado a tocar puertas. Aquí me cuesta más, pero si hay que hacerlo, se hace. La parroquia es del pueblo y el pueblo la puede levantar».

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