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Una cubana que vive en un sótano en Compostela: “En Santiago llueve, pero los alquileres te dejan seco”

La mujer ha compartido su experiencia buscando piso en la ciudad, una misión que califica como "otro nivel de estrés"

Una joven mira viviendas en venta frente a una inmobiliaria.

Una joven mira viviendas en venta frente a una inmobiliaria. / EFE

Alquilar un piso en Santiago de Compostela es cada vez más complicado. A la larga peregrinación de estudiantes que buscan anualmente una vivienda para el curso escolar, se suman aquellas personas que, por motivos laborales o personales, desean asentarse en el capital gallega.

El aumento de la demanda ha provocado una escalada en los precios, hasta el punto de que el Concello ha solicitado por segunda vez la declaración de zona tensionada. En dos años, el alquiler en Compostela ha subido casi 100 euros, situando la media en más de 650 euros mensuales para obtener una vivienda.

Para las personas con menos recursos, como los jóvenes universitarios o los extranjeros, encontrar un sitio digno en el que vivir se ha convertido en "otro nivel de estrés". Así lo calificaba en TikTok una inmigrante cubana que reside en Santiago desde hace 4 años y que vivió un largo periplo hasta encontrar el sótano en el que actualmente vive.

Alquileres imposibles y "pisos sin ventana": la 'pelea' para encontrar piso en Santiago

La subida del precio de la vivienda en Compostela, con precios abusivos, y las cuestionables condiciones de algunos de los espacios ofertados son los dos aspectos que más suelen entorpecer la localización de un piso en la capital. En su odisea para dar con un lugar para vivir, @leyanetfrankedelp tuvo que enfrentarse exactamente a las mismas dificultades.

"Déjenme hablarles claro: los alquileres aquí están carísimos. Caro nivel: tú ves el precio y dices esto incluye desayuno, wifi celestial y un abrazo del Apóstol", comenta en redes la joven.

Asegura que firmar el contrato de arrendamiento fue una auténtica pelea, "tanto como un 31 diciembre tratando de comprar pan en Cuba". "Encontrar alquiler en Santiago de Compostela es otro nivel de estrés. Aun así, estoy agradecida, porque tener un techo con calefacción que funcione es casi como tener un tesoro", dice.

La joven reside actualmente con su familia en un sótano, compuesto por dos habitaciones, cocina, baño y patio. Para dar con lo que llama su "rinconcito", antes tuvo que hacer malabares y buscar entre casas con arrendamientos muy superiores a las comodidades que ofrecen. "Me encontré pisos sin ventana por 700 euros. Y estudios donde, si mueves un brazo, lavas los platos sin querer. En Santiago llueve, pero los alquileres te dejan seco”, denuncia.

La creadora de contenido también tuvo palabras para los arrendadores y las condiciones que imponen a los inquilinos, que considera excesivas y que suponen, muchas veces, un obstáculo más en la búsqueda de vivienda en Compostela. "Los dueños otro tema. Te piden nómina, contrato indefinido, fiador, test psicológico, análisis de sangre y casi que un vídeo tuyo diciendo que no roncas", señaló con sarcasmo.

El alquiler en Galicia, una burbuja que no se detiene

A pesar de la odisea que supuso, la creadora de contenido acabó consiguiendo un piso en Santiago por un precio bastante económico. Solo paga "425 euros al mes sin gastos de agua, electricidad ni calefacción" aunque, como ella misma indica, se trata de un sótano.

No es lo habitual en la capital gallega, ya que el precio del alquiler en Santiago cerró 2025 con una subida anual del 10,9%, una cifra que lo sitúa entre los cinco ayuntamientos gallegos que se han disparado por encima del 10%. De las siete grandes ciudades de la comunidad, A Coruña es la más cara, con más de 700 euros mensuales, seguida de Vigo, con alquileres de 696,6 euros al mes.

Santiago, una de las zonas más turísticas de Galicia -y el centro universitario por excelencia del territorio-, se acerca cada vez más a los precios que lideran el ranking. El Concello tratará ahora de que la Xunta declare Compostela como zona de alquiler tensionado, una medida que permitiría limitar la subida de los arrendamientos en la ciudad.

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