Aena medirá el ruido y dará fondos para insonorizar viviendas próximas al aeropuerto de Santiago
El plan incluye sustitución de ventanas, mejoras en carpinterías, actuaciones en fachadas o refuerzos en cubiertas si se demuestra que el zumbido de los aviones afecta a los vecinos

Un avión pasando cerca de una vivienda justo antes de aterrizar en el aeropuerto de Santiago / Antonio Hernández

El aeropuerto de Santiago afrontará desde este año un nuevo ciclo de mediciones acústicas, estudios de ruido y posibles obras de insonorización en viviendas situadas en su entorno, tras la aprobación de un contrato estatal de Aena que se prolongará durante cinco años y que afecta directamente a la terminal compostelana.
El aeródromo de Lavacolla figura expresamente en el lote que agrupa a los aeropuertos gallegos, lo que garantiza que el Plan de Aislamiento Acústico seguirá activo hasta 2030, con actuaciones continuadas destinadas a evaluar el impacto real del tráfico aéreo sobre los vecinos que viven bajo las rutas de despegue y aterrizaje.
Mediciones en viviendas y edificios sensibles
El nuevo contrato permitirá realizar mediciones acústicas ‘in situ’ en viviendas, principalmente en dormitorios y salones, con el objetivo de comprobar si el ruido de los aviones supera los límites legales establecidos para el interior de los hogares. En función de los resultados, Aena podrá autorizar obras de aislamiento acústico financiadas con fondos públicos, que incluyen la sustitución de ventanas, mejoras en carpinterías, actuaciones en fachadas o refuerzos en cubiertas.
Estas mediciones son un paso imprescindible: sin ellas no se puede activar ningún expediente de insonorización. El pliego fija además plazos estrictos para la entrega de los informes, lo que busca acelerar la tramitación de los casos pendientes y dar respuesta a las reclamaciones vecinales.
El contrato también contempla la posibilidad de realizar estudios de ruido ambiental específicos en el entorno del aeropuerto de Santiago, tanto en el exterior como en el interior de edificios, cuando Aena lo considere necesario. Estas campañas pueden prolongarse durante varios días o semanas y están pensadas para analizar con mayor detalle la afección acústica en zonas concretas, especialmente si hay quejas ciudadanas, cambios operativos o nuevas situaciones de impacto. La inclusión de Santiago en este marco supone un refuerzo del control del ruido en la comarca, en un contexto de creciente sensibilidad social por los efectos del tráfico aéreo sobre la calidad de vida de los residentes cercanos al aeropuerto.
El impulso a las mediciones acústicas llega en un momento en el que el aeropuerto de Lavacolla atraviesa una etapa de descenso del tráfico aéreo, con una pérdida significativa de pasajeros y vuelos en el último año. Pese a ello, Aena mantiene la vigilancia ambiental y la aplicación del Plan de Aislamiento Acústico, consciente de que la afección por ruido no depende solo del número de vuelos, sino también de su distribución horaria, los tipos de aeronaves y las rutas utilizadas.
Menos operaciones no implica necesariamente la desaparición de problemas acústicos en determinadas zonas, especialmente en horarios sensibles como la noche o primeras horas de la mañana.
Obras en la pista y cambios temporales en el ruido
El calendario de actuaciones acústicas coincidirá además con un hito relevante para el aeropuerto compostelano: las obras de regeneración de la pista y mejora de los sistemas de aterrizaje, previstas para 2026, que obligarán al cierre del aeropuerto al tráfico durante más de un mes en primavera. Aunque estas obras no forman parte del contrato acústico, sí tendrán un efecto indirecto sobre el entorno, al modificar temporalmente el patrón de ruido: habrá una reducción drástica de despegues y aterrizajes durante el cierre, pero también episodios puntuales de ruido asociados a la maquinaria y los trabajos nocturnos. Este escenario obligará a ajustar las campañas de medición para que reflejen fielmente la actividad real del aeropuerto.
Cinco años de actuaciones y presupuesto garantizado
El contrato aprobado por Aena tiene una duración de cinco años y asigna más de 1,3 millones de euros al lote que incluye a Santiago, lo que garantiza disponibilidad presupuestaria para mediciones, informes y estudios en el entorno del aeropuerto durante todo el periodo. Aena no está obligada a gastar la totalidad del importe, pero sí a ejecutar los trabajos que sean necesarios en función de los expedientes que se activen, lo que abre la puerta a nuevas solicitudes de medición y aislamiento por parte de los vecinos que residan dentro de la huella acústica oficial del aeropuerto.
Con este nuevo pliego de contratación, el aeropuerto de Santiago consolida su inclusión en el sistema estatal de control del ruido aeroportuario. Las mediciones, los informes técnicos y las posibles obras de insonorización seguirán siendo el principal instrumento de Aena para compatibilizar la operativa aérea con la protección de los residentes de las zonas más expuestas.
El periodo 2026-2030 será, así, clave para determinar si la reducción de tráfico, las obras de infraestructura y las medidas de aislamiento acústico logran rebajar de forma efectiva el impacto sonoro del aeropuerto sobre su entorno inmediato.
Sigueiro y Boqueixón, los más afectados
Lavacolla es quizás la parroquia menos perjudicada por el ruido que genera el aeropuerto. A la asociación de vecinos no le consta malestar por este motivo ya que no ha recibido quejas de residentes en la zona por el zumbido que generan los aviones. De hecho, la entidad apunta a los concellos de Sigüeiro y Boqueixón como los más afectados por las incomodidades que genera el tráfico aéreo, concretamente las maniobras de despegue y aproximación de las aeronaves. Esto se debe a la orientación de la pista y el trazado que deben seguir los aviones tanto al elevarse como al tomar tierra, maniobras que suelen precisar de toda la potencia en sus motores, lo cual genera un ruido capaz que incluso puede ser molesto en el interior de las viviendas y a horas intempestivas. Teniendo en cuenta estas circunstancias, todo apunta a que los estudios que realice a partir de este año Aena en la zona, y que no son los primeros de este tipo, se centren en las áreas más afectadas por el movimiento de las aeronaves.
Los vecinos de Lavacolla recuerdan que en otras ocasiones Aena llegó a financiar actuaciones de insonorización tras comprobarse que los decibelios excedían el límite establecido.
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