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Crimen carnicero Santiago

Un smartwatch y un testigo: pruebas que llegan al jurado en el juicio de Antonio Costa

La Audiencia Provincial juzgará desde este lunes a Kevin Martín Guillén y Carlos Yépez como autores del crimen del carnicero

Jesús O.V, izq., con Kevin Martín Guillén y Carlos Yepez, en un pub de Santiago antes de la agresión

Jesús O.V, izq., con Kevin Martín Guillén y Carlos Yepez, en un pub de Santiago antes de la agresión / ECG

Arturo Reboyras

Arturo Reboyras

Santiago

La madrugada del 12 de noviembre de 2024, la violencia irrumpió en uno de los accesos a la Plaza de Abastos de Santiago y acabó con la vida de Antonio Costa Martínez, histórico carnicero del mercado y propietario del puesto Chelo&Muñico. Lo que comenzó como una discusión derivó en una agresión brutal que dejó también herido al vigilante de seguridad que trató de intervenir para frenar el ataque.

El caso llega a juicio. A partir de este lunes 26 de enero un jurado popular deberá reconstruir lo ocurrido aquella noche y determinar la responsabilidad de los dos acusados, Kevin Martín Guillén y Carlos Eduardo Yépez Núñez, para quienes la Fiscalía solicita 16 años de prisión: 14 por el homicidio de Antonio Costa y dos años más por las lesiones causadas al vigilante.

El guarda de seguridad de la Plaza de Abastos se ha convertido en una figura central del procedimiento. Según los atestados, fue el único testigo presencial que intentó mediar cuando se inició la reyerta y que acabó siendo también agredido por los atacantes, sufriendo lesiones por las que la Fiscalía reclama condena adicional para ambos acusados.

Su testimonio es uno de los pilares de la acusación. No solo relató la secuencia de la agresión, sino que reconoció sin dudas a los dos acusados en las rondas de reconocimiento practicadas durante la instrucción, extremo que figura de forma expresa en las diligencias policiales. Aseguró en su declaración que consiguió oír a Antonio Costa decir «suéltame, suéltame», mientras Carlos Yépez se encontraba sobre él a horcajadas y repetía continuamente: «Si hay que matar, se mata; yo a este me lo cargo». Además, en un momento dado también habría dicho a la víctima: «Te voy a matar».

Precisamente, la acusación particular considera que los hechos que se van a juzgar son constitutivos de un delito de asesinato con alevosía sobrevenida y ensañamiento, por lo que pide para ambos acusados una condena de veinte años de prisión.

Junto al testimonio del vigilante, la investigación policial se apoyó en grabaciones de cámaras de seguridad, tanto del entorno de la Plaza de Abastos como de locales de ocio frecuentados por los acusados en las horas previas, y en elementos materiales hallados tras la agresión. Entre ellos figura un Apple Watch localizado en el suelo, junto al cuerpo de Antonio Costa, y que fue recogido por los agentes al constatar que no pertenecía a la víctima. Este reloj aparece citado en varias ocasiones en el atestado y es uno de los indicios que los investigadores relacionan con Carlos Eduardo Yepez.

Las cámaras del pub Momo muestran, según la Policía, a Yépez portando un smartwatch de color blanco, coincidente en características con el encontrado en la Plaza de Abastos horas después. La hipótesis policial es que el reloj se perdió o cayó durante la pelea, quedando en el lugar del crimen. No se trata de la única coincidencia. La identificación de los sospechosos se basó también en la ropa que vestían durante la madrugada de los hechos —color y tipo de prendas—, vestimenta que posteriormente fue localizada en los domicilios de los acusados, reforzando la reconstrucción de los movimientos previos y posteriores a la agresión.

Un indicio difícil de rebatir

Aunque el smartwatch no es la única prueba del procedimiento, su presencia en el escenario del crimen supone un indicio relevante que complica la estrategia defensiva de Yépez, especialmente cuando se suma al reconocimiento del vigilante y al análisis de las imágenes de seguridad. Para los investigadores, el conjunto de estos elementos sitúa a ambos acusados en el lugar de los hechos en el momento de la agresión. Yépez fue, de hecho, el último en ser detenido. Cuando los agentes acudieron a su domicilio, según consta en el atestado, manifestó que «os estaba esperando» y «sé por lo que venís», ofreciendo su colaboración desde el primer momento y solicitando hablar antes con su pareja para explicarle lo sucedido.

El juicio servirá también para despejar algunas de las incógnitas y contradicciones iniciales de la investigación. En una primera fase, el primero de los detenidos —que había estado con los acusados en el pub Momo y los acompañó hasta la rúa das Ameas, aunque no habría participado en la agresión a Antonio Costa— señaló como participante en la agresión a un ciudadano italiano, que llegó a ser arrestado, pero que posteriormente quedó descartado al demostrarse, mediante grabaciones, que se encontraba en otro local de ocio en el momento de los hechos, y no en la Plaza de Abastos, como publicó en su día este medio.

Será ahora el jurado quien deba valorar la fiabilidad de los testimonios, el peso de los indicios materiales y la participación concreta de cada acusado en una agresión que conmocionó al corazón comercial de Santiago. El juicio se prolongará durante seis sesiones, en las que está prevista la declaración de unos 23 testigos y peritos, entre ellos agentes de la Policía Nacional, forenses y especialistas en análisis de imágenes, además del vigilante de seguridad y personas del entorno de la víctima. La vista oral buscará esclarecer si Antonio Costa pudo defenderse, cómo se produjo exactamente la agresión y qué grado de responsabilidad corresponde a cada uno de los acusados por la muerte del carnicero y por las lesiones sufridas por quien intentó evitarla.

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