Medio siglo del local "de élite" de los 80: el pub donde todo Santiago bailaba hasta el amanecer
Para muchos santiagueses, el local era el mejor para terminar la noche al son de los temas con más ritmo de la ciudad

Jóvenes divirtiéndose en una discoteca / Ángela Precedo
Santiago siempre ha sido una ciudad amante de la fiesta. Ya sea jueves, viernes o sábado por la noche, los compostelanos se agolpan en los bares o esperan a su grupo de amigos en la puerta de alguno de los clubs de la ciudad, anticipando lo que -esperan- será una fiesta legendaria.
Este amor por los festejos alcanzó su punto álgido durante la época de la movida, cuando se creó todo un circuito de locales emblemáticos que eran parada obligada si se pensaba en salir. Algunos, como la popular Casa das Crechas, siguen al pie del cañón actualmente. Sin embargo, la mayoría de los sitios míticos de aquel tiempo cerraron sus puertas hace años y hoy solo permanecen en la memoria de quienes vivieron en ellos sus noches más largas.
Entre esos locales que siempre estaban dispuestos a forjar nuevos recuerdos se encontraba el Don Juan, el icónico club santiagués de los años 70 y 80. Sus canciones pegadizas siempre acababan llenando la pista de baile, donde se juntaban todos los que buscaban estirar un poco más la noche o encontrar ese romance que les había esquivado.
Así era el Don Juan, el fin de fiesta "de nivel" de la Compostela de los 80
Había en Compostela una regla de oro: cuando se salía de fiesta, siempre había quien mencionaba el Don Juan, que recibía a los fiesteros con su clásica moqueta y su ambiente rojizo. Se trata de un estilo vintage, ajustado a la madurez de su público más abundante.
Y es que el Don Juan era, sobre todo, un pub "de élite", con "clase" y pensado para un perfil más adulto. "Los jóvenes iban también, pero era más que nada para gente veterana. También iba gente de pasta. Los deportistas que venían a Santiago, de futbol o baloncesto, siempre tomaban las copas allí", recuerda un antiguo trabajador del local.
La clientela empezaba a llegar al club sobre las once y a la una aquello "ya estaba a reventar". Las piezas bailables que sonaban a todo volumen se convertían entonces en un reclamo irresistible para salir a la pista, donde uno podía encontrarse, si tenía suerte, con algunas de las grandes personalidades del momento.
Figuras como Tino Casal y Jiménez tomaron allí varias copas, así como Aute, que dejó un dibujo en el libro de firmas a modo de recuerdo. Era "un local de nivel" y lo demostraba siempre que podía, ya fuera con un portero elegante, con "una máquina de hielo en la que podías meterte" o con fastuosos festejos en las fechas especiales.
"Hacia unas fiestas de carnaval muy sonadas, con diez premios de disfraces. Y en la noche de Fin de Año daban canapés, bombones, sopa de ajo y chocolate", cuenta el exempleado del establecimiento.
Puede que su buen hacer fuera lo que permitió sobrevivir durante cerca de medio siglo. Y no fue fácil. Durante todos aquellos años, el local no solo se enfrentó a los cambios musicales, sino también al viraje en los gustos de una población que adora los clásicos, pero que siempre busca algo nuevo que experimentar.
Una época de oro y un cierre obligado
Las noches de los 70 y de los 80 en Santiago eran una auténtica coreografía. La gente comenzaban su circuito en las Galerías Viacambre y en las dos galerías de Rúa Nova de Abaixo, donde triunfaban el Picapeixe y el Cotón.
Después, tocaba darlo todo en el Pop Pool y el Yohakin, que se convertiría posteriormente en la mítica discoteca Ruta. Tampoco puede olvidarse el Liberty, conocido más tarde como La Facultad y renacido después bajo el nombre de Circus.
Cerca de él estaba el Don Juan, que comenzó su andadura en Alfredo Brañas en la década de los 60 y fue ganando popularidad poco a poco hasta disparar su fama en los 70. Aunque siempre se alejó un poco de la tendencia más 'rupturista' de la movida compostelana, aquellos tiempos fueron su edad de oro, que se alargó hasta principios de los años 80.
Con la entrada en los 2000, este clásico pub de Santiago fue perdiendo fuelle y enfrentando inspecciones e infracciones de la normativa. "En el 2000 cogió cierta mala fama. El ambiente de Santiago fue decayendo, porque se buscaban garitos en otras ciudades", recuerda el extrabajador.
Todo ello hizo que, en 2013, el local echara el cierre de forma definitiva. Se ponía así punto y final a toda una época en la urbe, una que supuso un capítulo importante en la vida de un gran número de santiagueses.
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