Lucía, un siglo de historia familiar en Abastos: "Mi abuela ya vendía pimientos, lo llevo en la sangre"
La placera de tercera generación dirige un puesto emblemático en el mercado de Compostela, donde muchas cosas han cambiado en los últimos años

Lucía Diéguez, en su puesto del Mercado de Abastos. / Jesús Prieto
"Nós somos de Herbón, terra dos pementos. Empezou a miña avoa en 1912 e eu levo aquí desde o 2007". Lucía Diéguez, tendera de tercera generación, habla con orgullo del linaje que su familia ha construido en el Mercado de Abastos, donde tienen uno de los puestos más conocidos del lugar: Pementos Lucía. Tanto, que solo hace falta decir su nombre para que todo el mundo sepa de quién se habla. "Os que viñeron antes ca min deixáronme as portas moi abertas. Miña avoa estivo aquí ata os 84 anos e a min gustábame acompañala sempre que podía", explica.
La placera -que sigue vendiendo sus famosos pimientos de Herbón y otros productos de su huerta-, aún era una niña cuando empezó a pasear entre los puestos. Cada vez que le daban vacaciones en el colegio, aprovechaba para acercarse con su abuela -con quien comparte nombre- al mercado, donde pasaba las mañanas vendiendo pimientos y, las tardes, tomando helado del carrito de La Imperial de la Alameda.
Lo suyo, dice, fue una vocación que tuvo clara desde el principio. "Miña avoa xa vendía pementos, viña coas veciñas aos seis anos no coche de liña de Marín. Logo veu miña nai, así que lévoo no sangue", asegura la placera, que se recuerda siempre deseando que llegara el buen tiempo para salir al campo.
Sus padres, cuenta, intentaban convencerla para estudiar, pero a Diéguez aquello no le entusiasmaba. "Eu ía á escola, á pasantía... Pero, cando vía aos meus pais na eira, xa pousaba os libros e quería axudar". Y no había forma de distraerla. "O meu irmán máis vello tróuxome unha cámara de Suíza. E sabes para que a usei eu? Para sacarlle fotos aos invernadoiros de pementos!", dice entre carcajadas la comerciante, que cogió el timón del puesto en el año 2000.
Pementos Lucía, el fin de un legado familiar en el Mercado de Abastos
Cuando su madre se retiró, Pementos Lucía pasó a manos de la tercera generación familiar para seguir surtiendo a los compostelanos de pimientos de Herbón "con denominación de orixe" y otros vegetales que Diéguez cultiva con mimo, como puerros, espinacas o lechugas.
El puesto sigue siendo un referente, pero hay muchas cosas que han cambiado. "Hai algún bar que lle compraba á miña avoa e que segue a vir, porque di que non confía nos pementos das tendas. E hai quen sacrifica a hora do café para mercar algunhas cousas. Pero agora veñen sobre todo os particulares, cando antes viña xente de todas partes de Santiago".
Tampoco existe ya O Pementeiro, el camión que, cada mañana, llevaba a las placeras y a sus cestos rebosantes hasta la Praza de Abastos para devolverlos vacíos por las noches. Ni la tienda abre de lunes a sábado, como hacía su abuela, sino los martes, jueves y sábado, "os días máis fortes".
Es por eso por lo que, aunque tenga dos hijos, Diéguez no lamenta que no quieran seguir con el negocio. "Un é chef e a outra mestra. Fai uns anos diríache que me daba mágoa que todo o que construíu a miña familia vaia ao monte, pero, nos tempos nos que estamos, que traballamos para pagar...", reflexiona.
La situación actual de los comerciantes no es lo único por lo que Diéguez no siente tanto pesar por la falta de relevo. Y es que sabe mejor que nadie todo el trabajo que hay detrás de sus famosos pimientos de Herbón.
Cada día, se pasa hasta las tres o cuatro de la madrugada "escollendo os pementos" y a las seis ya está en pie para ir a la plaza. Por la tarde, ya de vuelta en el hogar, las tareas siguen, porque "hai que volver á eira".
"Teño que estar pendente do vento, da chuvia, de que non veña unha plaga... Tes que estar atenta durante os 365 días do ano", explica Diéguez que, aun así, espera jubilarse en el puesto como hicieron sus antecesoras. "Eu teño xa 62 anos. Agora non me vou apuntar aos alumnios, que non me queren", dice con humor.
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