Vecindario solidario
Un gran barrio, desde Fontiñas a Senegal
Con una merienda se presenta la Rede Veciñal de Apoio ás Persoas Migrantes. Una iniciativa ciudadana surgida en los barrios de San Pedro y Fontiñas (en el centro sociocultural de este último tuvo lugar el encuentro el pasado viernes) a raíz de la llegada a los albergues de Monte do Gozo y Roxos de migrantes africanos, en 2024, en busca de protección internacional.

Un gran barrio, desde Fontiñas a Senegal / Jesús Prieto / Jesús Prieto

«Que los niños vuelvan a jugar en la calle hará más seguras las ciudades». Francesco Tonucci, pedagogo y dibujante italiano no se resiste, sino que persiste en esta idea: recuperar el espacio público, para los niños, para las personas. Y algo de este ideal emana entre Fontiñas y San Pedro, la recuperación de la relación vecinal en el espacio común, en las calles y plazas, rescatar el espíritu del barrio, donde vecinos y lugares son responsabilidad de todos.
Y así, a la sombra de esta premisa, nació en 2024 la Rede Veciñal de Apoio ás Persoas Migrantes, que este viernes superó el grupo de Whatsapp que es su vecindario virtual y se dio a conocer en el Centro Sociocultural de Fontiñas con una merienda gallego-africana para verse las caras y mostrárselas a la ciudadanía, para que todos nos impliquemos en el acompañamiento de los jóvenes migrantes que hace dos años llegaron a Monte do Gozo o a Roxos o a A Silvouta y que al cabo de unos meses no consiguieron el refugio.
Fuera de estos centros provisionales, sin tener dónde dormir, muchos jóvenes africanos en la veintena llegaron al albergue de Xoán XXIII y a los barrios de Fontiñas y San Pedro. Allí se encontraron con Isabel o Duarte, que les ayudaron con trámites, con el idioma, con la búsqueda de una vivienda o de un trabajo y junto a ellos otros vecinos, y se fue tejiendo la red. Una «red de redes», como apuntaba Marisa, una de las voluntarias, porque hay quien no integra esa red voluntaria directamente «pero si veo en el grupo que alguien necesita que lo lleven a algún lugar y no puedo, echo mano da mi red personal».
«No se trata de sustituir a las administraciones», indica otra de las voluntarias, sino más bien de acompañarlas y guiarlas en los servicios que de los diferentes órganos municipales o autonómicos pueden solicitar, una tarea que no requiere «una formación específica, son tareas que podían hacer solos, pero a veces hay barreras idiomáticas», explica Isabel, «y también, tristemente, debemos reconocer que hay situaciones racistas, que cambian si la persona va sola o acompañada de alguien local, como la búsqueda de piso».
Junto con Duarte e Isabel, cuyos nombres salen en cada conversación con los migrantes, está también Barry, que conoce en su propia piel la experiencia de la emigración. «Una persona que viene de fuera no conoce el idioma, no sabe ni donde coger un bus». Cuando Barry conoció los primeros casos de migrantes que debían abandonar los centros tuvo claro que tenía que ayudar, porque «si tú no tienes donde dormir, entonces no tienes la mente tranquila».
Nuevos vecinos
«Cuando en julio de 2024 el albergue de Monte do Gozo abre sus puertas, empezamos a encontrarnos con una población joven que todos los días pasa por determinadas calles, empezamos a tener contacto, a conocerlos».
Así cuenta Duarte su experiencia con esta joven población africana que buscaba en España protección internacional y ahora procura su regularización. Es el caso de Ibrahima y Sibiry, ambos senegaleses de 20 y 30 años. El primero llegó al centro de A Silvouta, pero como tantos otros tuvo que abandonarlo. «No tener donde dormir es un problema», recuerda, «así que acudimos al albergue de Xoán XXIII y allí conocí a Isabel y a Duarte».
Cuenta Ibrahima lo complicado de su situación actual, pendiente de conseguir el «arraigo socioformativo», un permiso de residencia temporal mediante la realización de ciertas formaciones, pero por el momento se mantiene a la espera y con la mirada puesta en su regularización «para obtener una residencia y poder trabajar para mejorar la vida».
En agosto de 2024 llegó a Las Palmas Sibiry, que estuvo en Monte do Gozo hasta diciembre de 2025, cuando el Gobierno de España le denegó la protección. En su primer día en el albergue de Xoán XXIII conoció a Isabel y, desde entonces, con el apoyo de la red hizo uso de las instalaciones de la asociación vecinal A Xuntanza para coser sus diseños y durante un tiempo trabajó en Boina Galega. Ahora, estudia educación básica en el Xelmírez I, también con el objetivo de «mejorar la vida».
Ayuda, también idiomática
Además de colaborar en las gestiones administrativas la Rede Veciñal de Apoio ás Persoas Migrantes –redevecinaldeacollida@gmail.com– acompaña y ayuda en la búsqueda de vivienda, de un lugar para dormir –además de los albergues y pensiones, la red cuenta con ‘casas amigas’ en las que los migrantes pueden quedarse uno o dos días–.
Los voluntarios ayudan en la búsqueda de empleo, echan una mano en el transporte que un migrante pueda necesitar y también se implican con ellos en que adquieran destrezas idiomáticas. Superar esta barrera fundamental no es igual para todos los migrantes, por eso, para los casos más complejos cuentan con docentes ya jubiladas que forman a los jóvenes en la lengua castellana.
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