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Comercios de Santiago

El Arca de Noé de la rúa do Franco: así era el emblemático Pepe Caralladas y sus famosas bombas fétidas

El histórico establecimiento fue algo parecido al primer '24 horas' de la ciudad, al que los compostelanos podían acudir a comprar a altas horas de la noche

Escaparate de Pepe Caralladas, en la rúa do Franco

Escaparate de Pepe Caralladas, en la rúa do Franco / Andreas Torvald Ruiz

Santiago de Compostela

Si repasamos la historia de los comercios de Santiago, en lo que se refiere a productos relacionados con el Carnaval hay uno que sobresale entre todos: Pepe Caralladas. Un nombre con el que los niños y no tan niños bautizaron a El Arca de Noé, un ultramarinos que estaba en la rúa do Franco y que se hizo muy popular, entre otras cosas, por las famosas bombas fétidas que vendía.

"Se llamaba El Arca de Noé y estaba en la rúa do Franco, pero todo el mundo lo conocía por Pepe Caralladas". Son palabras a este diario de Enrique Fernández Otero, toda una enciclopedia viviente de la historia reciente de la ciudad. "Tenía las bombas fétidas, las caretas o los petardos... si ibas a hacer una fiesta todo el mundo decía: 'Vamos a Pepe Caralladas a comprar las cosas'", explica.

Escaparate de El Arca de Noé, más conocido en Santiago como Pepe Caralladas

Escaparate de El Arca de Noé, más conocido en Santiago como Pepe Caralladas / Andreas Torvald Ruiz

El primer 24 horas de Santiago

Aunque en la memoria de los que ya tenemos una edad perdura el recuerdo de ser un establecimiento de artículos de fiesta, lo cierto es que también era un ultramarinos al que los compostelanos podían acudir por la noche: "Por todos era sabido que aunque ya tuviera la puerta cerrada, podías llamar y te atendía. Tenían todo lo que pudiera hacerte falta, desde patatas o una barra de pan, hasta un bote de sal o tabaco... eso sí, si un huevo valía pongamos 0,25 céntimos, él te lo cobraba a 2 euros, fue algo parecido al primer 24 horas de Santiago", recuerda Quico.

También trabajaba productos para los turistas

Siempre acompañado por su madre sentada en una silla junto al mostrador, Pepe también vendía artículos para peregrinos como bastones o calabazas que se usaban como cantimplora, lo que lo convirtió en "una de las primeras tiendas de souvenirs orientada a los turistas", afirma Fernández Otero, que también apunta que el mítico comerciante, "falleció antes que su madre, la cual continuó con la tienda hasta su defunción", cerrando para siempre con su pérdida el emblemático comercio Pepe Caralladas.

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