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Hasta cinco tapas diferentes: la nueva cafetería que no querrás perderte en el corazón de Santiago

El local, abierto desde principios de febrero, ofrece una fusión gallego-venezolana con brunchs caseros, arepas y raciones tradicionales

Gabriela Henríquez y su pareja, Alexis Requena, en el interior de su nueva cafetería.

Gabriela Henríquez y su pareja, Alexis Requena, en el interior de su nueva cafetería. / Gabriela Henríquez

Dicen en los bares que las tapas son una inversión: el cliente se marcha contento -y con la barriga un poco más llena- y recuerda el local para la próxima, lo que, a la larga, asegura la ganancia.

Aunque hay muchos establecimientos que no las ofrecen, aquellos que lo hacen suelen incluir un único tipo de tentempié. No es así en la última incorporación hostelera del centro de Santiago, que bate récords con la variedad de aperitivos que ofrece a su clientela y le permite disfrutar de un pincho distinto por cada consumición.

Desde principios de febrero, fecha en la que inició su actividad en el número 3 de la Rúa Aller Ulloa, Choiva Café se ha ganado al público ofreciendo hasta cinco tapas diferentes a lo largo de la tarde-noche. Cada una la prepara personalmente su propietaria, Gabriela Henríquez, que se mudó a Santiago junto a su esposo desde Venezuela con la ilusión de montar "un lugar acogedor" en el que el público pueda "sentirse como en casa".

La cafetería, que cuenta con cafés y bebidas especiales, ya está conquistando con sus propuestas gallego-venezolanas y sus brunchs caseros con pan del país. Tal y como cuenta Henríquez, en Choiva siempre hay una opción para cada hora del día: desde completos desayunos hasta platos latinos y raciones tradicionales con los que saciarse al atardecer.

Así es Choiva Café, la nueva cafetería con cinco variedades de tapas en el centro de Compostela

"Choiva nace de la idea de hacer un lugar acogedor tanto para locales como para peregrinos. Queremos que sea como un pequeño Santiago, un sitio lindo en el que poder tomar un café tranquilamente", cuenta Henríquez.

Dada la cantidad de borrascas que se han encadenado en las últimas semanas, admite que no podría haber bautizado su establecimiento con un nombre mejor. "La palabra representa muy bien a la ciudad", dice entre risas, aunque su origen está, en realidad, en la famosa canción de Juan Luis Guerra Ojalá que llueva café.

De eso hay, y mucho, en el local que regenta junto a su pareja. Por las mañanas, el establecimiento se llena de desayunos, que dan paso a elaborados brunchs y a raciones clásicas como las de calamares y chipirones por las tardes. Los golosos pueden optar por tortitas caseras con siropes y toppings variados, acompañadas por fruta. En el equipo salado, hay tostadas especiales con jamón serrano, rúcula y queso crema, y opciones clásicas como la de tomate.

Pero, si hay algo que entusiasma al público de Choiva, eso son los pinchos gratis que se entregan con la bebida. "Por la noche estoy full a tapas. Por cada vez que consumes, doy una tapa diferente", explica la dueña, que no se pone límites a la hora de cocinar.

Desde sus fogones, las bandejas salen cargadas de arepas rellenas, ensaladilla, fingers de pollo y chorizos al vino, pero también de las propuestas más tradicionales, como las patatas o las aceitunas. La intención es fusionar la comida gallega y la venezolana, para "familiarizarse con la gastronomía gallega" y que los compostelanos puedan, a su vez, conocer un poco más la de su país.

Un viaje gastronómico con parada en Venezuela

Toda la carta de Choiva está pensada para ser "como un crucero con una pequeña parada en Venezuela". Y no hay nadie mejor que Henríquez y su pareja para trasladar al público al país latinoamericano.

Ambos emigraron desde allí hace tres años -previa parada en Chile-, y decidieron montar un negocio que les diera estabilidad a ellos y a su familia. "Tenemos dos hijos y buscábamos algo que nos permitiese coordinarnos. Fue difícil, pero con mucho esfuerzo y amor pudimos montar Choiva", recuerda Henríquez.

Tanto ella como su esposo eran controladores aéreos en Venezuela, pero parte del oficio ya lo traían de serie. "Siempre me ha gustado la cocina. Yo era la mayor de cuatro hermanos, así que siempre me tocaba estar ahí", dice entre risas la propietaria. Su marido aprendió rápidamente el trabajo de camarero y pusieron a andar su pequeño sueño de piedra en el corazón de la ciudad. En el futuro, dicen, esperan poder ampliar la carta y seguir recibiendo el "amor y el cariño" que les dispensa Santiago.

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