Tiendas y bares del aeropuerto de Santiago perderán más de 5 millones por el cierre por obras durante 35 días
Las empresas afectadas optan por vacaciones o ERTE para sus trabajadores ante el parón total de la actividad
Solo un local hostelero estará abierto para atender al personal de la terminal y obra
Sin pasajeros, la actividad comercial de Lavacolla desaparece por completo: el sector pide compensacione

El cierre del aeropuerto durante 35 días dejará sin actividad a los establecimientos hosteleros a excepción de uno para dar servicio al personal / Antonio Hernández

El cierre del aeropuerto de Santiago durante 35 días con motivo de las obras de renovación de la pista tendrá un impacto económico directo de más de 5,3 millones de euros en el comercio y la restauración de la terminal, una cifra que refleja exclusivamente la actividad desarrollada dentro del propio recinto aeroportuario y que no contempla el efecto inducido en la economía de la ciudad, previsiblemente muy superior.
La estimación se construye a partir de los datos oficiales de tráfico del aeropuerto —3.120.759 pasajeros en 2025— y de una proyección del flujo medio diario, situado en torno a los 8.550 viajeros. De este modo, durante el periodo de cierre dejarán de transitar por la terminal cerca de 299.000 pasajeros. Sobre esta base, y aplicando un gasto medio aproximado de 18 euros por pasajero en tiendas y restauración, el impacto económico alcanza los 5,38 millones de euros.
Lejos de tratarse de una cifra arbitraria, este gasto medio responde a una estimación alineada con los estándares del sector. Informes de la European Travel Retail Confederation (ETRC) y análisis de ingresos no aeronáuticos en aeropuertos europeos sitúan el consumo por pasajero en niveles que, en determinados entornos, alcanzan varias decenas de euros.
En este contexto, teniendo en cuenta que Aena ingresó en 2024 5,8 euros de media por pasajero en su red de aeropuertos en conceptos comerciales, y que esto representaría en torno a 1/3 de la facturación de las concesionarias según los informes sectoriales, la media de gasto medio por pasajero en comercios y hostelería en un aeropuerto regional como el de Santiago se situaría en unos 18 euros, que puede llegar a los 22 en terminales de mayores dimensiones, como la de Madrid-Barajas.
El cierre supondrá, en la práctica, la paralización total de la actividad comercial en la terminal. La dependencia del tráfico de pasajeros es absoluta: sin vuelos, no hay clientes. Según los datos recopilados por Aena, el aeropuerto cuenta con 13 establecimientos comerciales que abarcan desde tiendas duty free y de productos locales hasta cafeterías, panaderías, kioscos o locales especializados en regalos y alimentación. Todos ellos cesarán su actividad de cara al público durante el periodo de obras.
La única excepción parcial será la administración de Lotería, que mantendrá su operativa interna gracias a su actividad vinculada a apuestas online, aunque sin atención presencial. «Las pérdidas serán importantes, pero seguiremos trabajando sin atención al público, puesto que también tenemos apuestas online que seguirán funcionando», explican a EL CORREO desde este establecimiento, que se verá obligado a adaptar su funcionamiento a la ausencia total de tránsito de viajeros.
En el ámbito de la restauración, el ajuste será especialmente significativo. La empresa que gestiona cuatro de los cinco establecimientos de hostelería del aeropuerto ha decidido cerrar tres de ellos y mantener únicamente abierta la cafetería Semba. Este local prestará servicio de forma muy limitada, orientado exclusivamente al personal que continuará trabajando en las instalaciones y a los operarios de la empresa encargada de ejecutar las obras de la pista.
La reducción de actividad tendrá un reflejo inmediato en el empleo. En el caso de Semba, la plantilla se reducirá a tres o cuatro trabajadores, mientras que el resto de empleados serán reubicados temporalmente en periodos de vacaciones. Este esquema se repite, con matices, en el conjunto del tejido comercial de la terminal.
En otros establecimientos, como tiendas de alimentación o kioscos, las empresas han ofrecido a sus trabajadores distintas alternativas para afrontar el parón. «A maioría do persoal deronlle a escoller, se querían parte de vacacións, parte de ERTE, todo ERTE ou todo vacacións. ERTE de forza maior no noso caso… despois depende da tenda, aínda que sexa a mesma empresa. A algúns ofreceronlles que se collían as vacacións nese período ‘regalábanlle’ 15 días extra», explica la empleada de uno de los locales, evidenciando la flexibilidad —y también la incertidumbre— con la que se está gestionando la situación.
Compensación de Aena
Desde el punto de vista sectorial, el diagnóstico es unánime: la actividad comercial en los aeropuertos está completamente supeditada al flujo de pasajeros. Así lo resume a este periódico el presidente de la Federación Española del Travel Retail, Carlos Gallego, quien asegura que la afectación será «completa». «Si los pasajeros no existen, no hay actividad en ningún tipo de negocio en el lado tierra», señala, incidiendo en que la desaparición del tráfico implica la interrupción total de los ingresos comerciales.
Gallego enmarca además este tipo de situaciones dentro de la operativa habitual del sector aeroportuario a nivel internacional, donde las infraestructuras requieren intervenciones periódicas que obligan a reorganizar o incluso detener la actividad. No obstante, subraya la importancia de que estas circunstancias se acompañen de medidas que mitiguen el impacto económico sobre los operadores. En este sentido, considera «lo razonable» que el gestor aeroportuario suspenda durante este tipo de periodos el cobro de cánones o rentas mínimas garantizadas a los comercios, dado que no pueden desarrollar su actividad en condiciones normales.
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