GUERRA EN ORIENTE PRÓXIMO
Iraníes en Santiago, entre la esperanza y la nostalgia del Sha: "Son los últimos momentos del régimen. Caerá en semanas"
Noveno día de guerra. Dos jóvenes iraníes que viven en Santiago exponen su visión sobre un conflicto sin final a la vista y el futuro de un país sometido al yugo de unos de los regímenes más cruentos del mundo

Nima y Mehdi, dos estudiantes iraníes de la USC, ante la Catedral de Santiago / Jesús Prieto

Irán es el país con más ejecuciones per cápita del planeta. Este sangriento récord pone de manifiesto cuánto te juegas si alzas la voz contra un régimen que utiliza la pena de muerte como instrumento de disuasión política, además de la tortura y la represión militarizada de las protestas. Y sin embargo, los iraníes son un pueblo en constante ebullición contra la teocracia que les gobierna desde 1979. Prueba de ello son estos dos jóvenes estudiantes de la USC que han accedido a hablar con EL CORREO GALLEGO, arriesgando la seguridad de sus familias, que siguen en la República Islámica. Nueve días después de que EEUU e Israel iniciaran una guerra sin final a la vista y que ya se ha extendido a 13 países, Nima y Mehdi exponen su visión sobre el conflicto y el futuro de un país atrapado desde mediados del siglo XX en una rueda de muerte e injerencias extranjeras.
Ejecuciones
"En la universidad la mayoría rechaza el ataque a Irán. Pero vosotros no conocéis la crueldad del régimen. Cuando condenan a muerte a una joven por participar en las protestas y esa chica es virgen, el día antes de la ejecución sus carceleros la violan. Lo hacen porque creen que una virgen siempre irá al cielo y ella merece ir al infierno. Después entregan dinero a su familia por haberle arrebatado la virginidad".
Mehdi describe con templanza los crímenes del Gobierno iraní. Se nota que ha crecido bajo una represión sanguinaria. De niño escuchaba las historias de su abuelo sobre universitarios ejecutados por tener un libro de Marx. Cuando tenía once años, en las manifestaciones de 2014, 1.500 personas fueron asesinadas en tres días por protestar contra la pésima gestión económica. Después llegó el alzamiento masivo de 2022, cuando la mecha prendió por la muerte de Mahsa Amini en una comisaría de Teherán, su ciudad. "Mis amigos dicen que ahora aparecen muchos cadáveres en los lagos del norte del país. Tienen atadas las manos. Son las víctimas de enero". Sigue sin perder la serenidad.
Estos relatos son su forma de contrarrestar las condenas a una guerra que -otra vez- rompe el derecho internacional, que no tiene una justificación clara ni una salida concreta, salvo la vaga idea de que los iraníes se alcen contra el régimen, con ayuda de los kuros del norte, para después reponer al Sha. En un despacho del hotel Araguaney, mientras muestra fotos de los muyahidin huyendo de sus casas en coches abarrotados y con colchones en las bacas, Mehdi vaticina una inminente caída de la República Islámica. Los combatientes de la Guardia Revolucionaria ahora duermen en las calles, dice, por temor a los bombardeos: "Son los últimos momentos del régimen, faltan dos semanas como máximo. Han matado a sus líderes. Por eso atacan tantos países al azar. No hay un mando claro y el miedo se extiende".

Nima (de frente) y Mehdi (de espaldas) posan ante la Catedral de Santiago / Jesús Prieto
Nima es más cauto: calcula que la guerra aún durará un mes. "Hasta ahora habrán matado a un 30% o 40% de la Guardia Revolucionaria. Otros muchos huyen a Afganistán. Ahora es el momento de la gente... Sería genial que cayeran hacia el 15 de marzo del calendario iraní". La fecha es significativa. Los persas celebran el año nuevo ese día, con la llegada de la primavera, porque representa el renacer de la vida. Es una costumbre milenaria que ahora contraponen al régimen de muerte" que les gobierna.
La nostalgia del Sha
La realidad sobre el terreno parece más compleja. Mientras Israel redobla los bombardeos sobre Teherán, Donald Trump ya no se conforma con "destruir el programa nuclear iraní"; ahora solo contempla una rendición total. El ayatollah Alí Jameneí era uno de los pocos líderes dispuestos a negociar -EEUU e Israel lanzaron los primeros ataques en medio de las negociaciones- y la estrategia de eliminar a los dirigentes no ha tenido el éxito esperado con Hamás o Hezbollah. El riesgo es que al descabezar la cúpula y eliminar los centros de mando de la Guardia Revolucionaria, la columna vertebral del régimen, cada comandante toma sus decisiones. Por eso tantos países se han visto afectados por la guerra. Este sábado, Irán anunció que dejaría de atacar a los países del Golfo a menos que fuera golpeado desde allí. Horas después reanudó los ataques.
La gran pregunta es qué vendrá tras la caída del régimen. Nima y Mehdi apuestan sin duda por Reza Pahlaví, que pisó el país por última vez cuando tenía 17 años, en 1978. "Irán necesita un líder que sea un patriota, que piense primero en los iraníes. Sería una transición, porque él ha dicho que no quiere ser rey. Su padre nos dio trabajo, dio libertad a las mujeres...", argumenta Nima. La disputa por el poder será cosa de familias: los posibles sucesores del ayatollah, su hijo y el nieto de Jomeini, luchan contra el hijo del último sha de Persia, Mohammad Reza Pahlaví.
Para Nima y Mehdi poco importa que Reza Pahleví fuera un dictador instaurado tras un golpe orquestado por EEUU que recurrió a una represión brutal para mantenerse en el poder. La Savak, su policía secreta entrenada y financiada por la CIA, era tristemente famosa por sus cámaras de tortura. "No es cierto", replica Mehdi, "no era un dictador. La historia la escriben los vencedores y aquí venció la revolución islámica. Pero es cierto que había represión, las víctimas eran islamistas radicales y comunistas".
Ya no solo sueñan con la caída de la República Islámica, ahora también quieren ayudar en la construcción de "un nuevo Irán". Primero acabarán su carrera en la ciudad "que nos lo ha dado todo, estudios, trabajo, libertad...". Después volverán definitivamente a su país. Mehdi esboza su primera sonrisa con la idea del regreso: "Irán es todo lo que tenemos. Es nuestra historia, nuestra identidad, nuestra cultura y nuestra familia. No podemos dejarlo atrás para seguir caminando hacia dónde queramos". No parece que ese nuevo Irán vaya a hacerse realidad en un corto plazo. Mientras la cifra de muertos (1.200) y el grado de destrucción continúan al alza, Israel y EEUU siguen sin dar pistas sobre su estrategia de salida. El arraigo de un régimen en situación crítica y su poder militar auguran una guerra larga.
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