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"Ahora hasta las gasolineras venden pasteles": la confitería más antigua de Santiago que hace a mano todos sus dulces

La pastelería de Rubén Navarro lleva un siglo y medio conquistando el centro de la ciudad con sus glorias y sus tartas

"Luis Tosar es un buen cliente y Paquirrín vino hace poco", cuenta el propietario de este local emblemático del centro

Rubén Navarro, dueño de la confitería más antigua de Santiago, en su local.

Rubén Navarro, dueño de la confitería más antigua de Santiago, en su local. / Antonio Hernández Ríos

Cuando Rubén Navarro entró a trabajar en su pastelería, no existía aún la crema de pistacho. Tampoco los New York rolls ni la pasta de lotus que hoy inunda los expositores de las tiendas.

Sí había, en cambio, hojaldres artesanales y tartas que se montaban a diario sin mezclas preelaboradas. "Ahora hasta las gasolineras venden pasteles y hay muchos locales que lo compran todo medio hecho y lo pasan por el horno. Pero, si quieres un dulce bueno, sigues teniendo que venir a una pastelería", dice con orgullo el dueño de la Confitería Las Colonias, la más antigua de Santiago.

Fue en 1880 cuando este local empezó a cautivar a Compostela con sus creaciones, que Navarro sigue preparando a mano tal y como hacía su padre. Especialmente sus glorias, "un hojaldre bañado en yema" con el que es capaz de hacer viajar en el tiempo al público. "La gente me los pide desde siempre. Algunos me cuentan que su abuela se los daba de pequeños", comenta el artesano, que sabe que, en negocios como este, "mantener la tradición" es algo obligatorio.

Sin embargo, hacerlo en un mundo lleno de dulces industriales no es cosa fácil. Incluso para un negocio como el suyo, que lleva casi un siglo y medio asentado en el número 30 de la Rúa das Orfas.

En los diez años que lleva dirigiéndolo, Navarro ha hecho equilibrios para conjugar sus postres más icónicos con "la pequeña ventana de innovación" que le permite poner su propio grano de arena. Ha incorporado tartas semifrías y le ha hecho un guiño a la moda pistachera con unos rolls rellenos, aunque con la artesanía siempre por delante: "Todo lo que vendemos lo hacemos nosotros".

Así es la Confitería Las Colonias, la pastelería de más de un siglo que conquista Santiago

Como para muchos compostelanos, para Navarro la Confitería Las Colonias siempre ha estado ahí. Su padre, un repostero de Málaga, se hizo con ella en 1975, después de un tiempo trabajando mano a mano con su fundador.

Antonio, que así se llamaba, arribó a tierras gallegas por un motivo que ha movido imperios: el romance. "Vino detrás de mi madre", cuenta entre risas Navarro, que pasaba las mañanas tras el mostrador y las noches preparándose con una FP administrativa para cuando le tocara tomar el relevo.

Aún recuerda aquellos días en los que montaba milhojas y cañas de crema junto a sus padres y la alegría que se extendía por el local los días en los que se hacía más caja. "Los días que se vende gustan mucho, pero también hace gracia cuando viene gente famosa. La Pantoja vino un día y mi madre se quedó fascinada", cuenta el repostero.

En sus años de historia, la cantante no fue la única que cruzó el umbral de esta emblemática pastelería de Santiago. Su hijo Paquirrín (Kiko Rivera) "también vino hace poco", así como Boris Izaguirre y otras celebridades, como Luis Tosar, "un buen cliente" que ha mostrado una predilección clara por los dulces de uno de los comercios más antiguos de Compostela.

Durante el verano, los turistas son los que más se agolpan frente a la vitrina, de la que salen decenas de pedidos de empanadas y tartas de Santiago. En ese periodo, confiesa Navarro, el trabajo se vuelve duro y las jornadas se estiran como un chicle pegajoso. "Hay veces que estoy todo el día ahí metido, pero son meses que hay que aprovechar, porque en el invierno está todo más quieto", dice el pastelero, que admite que el suyo es "un trabajo sacrificado".

Es por eso por lo que ya ha echado cuentas de lo que le queda para la jubilación, "15 años como mínimo" tras los que no sabe qué ocurrirá. "Tengo dos hijas y a la pequeña parece que le gusta hacer bizcochos. Pero no sé si van a seguir. Lo importante es que estén contentas, aunque, mejor que aguantar a un jefe pesado, es tener tu propio negocio", concluye el repostero.

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