Adicciones a fármacos
Expertos alertan que crece la mezcla de ansiolíticos y otras drogas entre los jóvenes de Santiago
España encabeza el ‘ranking’ mundial de consumo de benzodiacepinas. Con 110 dosis diarias por cada mil habitantes en 2020 (última fecha en la que se tienen datos disponibles), nuestro país se ha convertido en el principal consumidor de estos fármacos ansiolíticos e hipnóticos a nivel mundial. En Compostela, el caso se agrava, porque los jóvenes las mezclan con otros tipos de sustancias.

Medicamentos que contienen benzodicepinas. / Joel Martínez

España es uno de los países del mundo con mayor consumo de benzodiacepinas –un medicamento incluido dentro del grupo de los psicotropos que actúan en el sistema nervioso central, provocando alteraciones– y que a menudo se recetan para dormir mejor por su efecto ansiolítico, hipnótico y relajante muscular, según datos de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE).
Se estima que en 2020 se consumieron en España casi 110 dosis diarias por cada 1.000 habitantes. Sólo Bélgica (84 dosis diarias) y Portugal (80) se acercan a las cifras de España, de las que quedan lejísimos, por ejemplo, países geográficamente cercanos como Alemania (0,04 dosis diarias).
Según estudios de la Organización de Consumidores y Usuarios (UCO, del 2024), la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes de Naciones Unidas, datos de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios y estudios de sociedades científicas como la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia, alrededor del 22 % de los españoles entre 18 y 70 años consume benzodiacepinas y, de estos, un 40% toma el fármaco de forma diaria. El 65% lleva consumiéndolas seis meses o más; un 38% reconoce haberse planteado dejarlas y el 59% de las personas entre 25 y 29 años ha tomado tranquilizantes en los últimos cinco años.
La psiquiatra del servicio de Psiquiatría del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela (CHUS) y profesora de Psiquiatría de la Universidade de Santiago de Compostela (USC) Ángela Torres señala que en Galicia, un 20% de la población entre 34 y 65 años han consumido este tipo de fármacos en el último mes.
Según el jefe de servicio de Psiquiatría CHUS Mario Páramo, es importante contextualizar el uso de este fármaco. «Las benzodiacepinas no son solamente recetadas por psiquiatras, son fármacos de consumo de otras especialidades, como la primaria. España quizás tenga un alto consumo de benzodiacepinas pero tenemos un consumo mucho más bajo en analgésicos. Parece que en otros países hay más controles para recetar las benzodiacepinas y aquí no. En los sitios donde hay más control de benzodiacepinas hay más consumo de analgésicos. Se cambia una cosa por la otra», señala Páramo.
La mezcla con otras drogas
En Santiago de Compostela se está viendo un cambio de paradigma en el uso de este tipo de fármacos entre los más jóvenes.
«En primer lugar, al ser una ciudad con un ocio nocturno bastante intenso, por un lado, hay una tendencia al uso recreativo de las benzodiacepinas, fundamentalmente mezclado con otro tipo de sustancias, a lo mejor más estimulantes. De hecho, hay una tendencia peligrosa que se llama karkubi, que consiste en combinar benzodiazepinas con otras sustancias para buscar nuevas sensaciones. Por ejemplo benzodiacepinas con alcohol, hachís, marihuana o pegamento», explica Torres.
En segundo lugar, en las consultas del Clínico también se puede ver que los más jóvenes «empiezan a normalizar el consumir benzodiazepinas, sin subestimar sus riesgos», señala la profesora y médica en Psiquiatría.
«Se toman un Rivotril de tranqui, como dicen ellos, con toda la naturalidad. Cuando se les pregunta dónde las consiguen suele ser en el mercado ilegal –que es bastante intenso– pero también tienen acceso en sus casas o con sus familiares. Ahora hay benzodiazepinas prácticamente en todos los hogares», explica Torres. No solo está la tendencia al uso de benzodiacepinas de uso recreativo, sino que también se normalizó su uso.
En tercer lugar, en el sector juvenil, los especialistas también ven quejas del malestar emocional de tipo ansioso con dificultades de gestión emocional, de estrés, de impulsividad. «No es tanto que pidan benzodiazepinas porque normalizan un poco el consumo, pero después cuando vienen a la consulta, aparentemente son reacios a utilizar otros fármacos. Dicen ‘no quiero pastillas, no quiero pastillas’ y, sin embargo, al mismo tiempo las consumen en sus momentos más duros», explica la psiquiatra.
Pero hace algunos años, la prescripción de benzodiacepinas en el ámbito psiquiátrico ha cambiado. «Para tratar los procesos de ansiedad entre cortada, los de ansiedad crónica, los ataques de pánico y los problemas de adaptación se usaban, generalmente benzodiacepinas, pero ahora, se usan inhibidores de reparación de serotinin o neuroeléctricos sedantes», señala Páramo.
Los riesgos de las benzodiacepinas
«Los riesgos del consumo crónico de benzodiazepinas son varios. En primer lugar, tienes los cognitivos – si uno utiliza durante un tiempo prolongado, más de tres o cuatro semanas y si hay dosis alta de este tipo de medicamentos– precisamente con sus efectos en el sistema nervioso central. La gente acaba teniendo problemas que se llaman cognitivos. Es decir, esto acaba afectando a la memoria, como olvidos frecuentes en cosas cotidianas, dificultades para fijar a lo mejor recuerdos nuevos», señala Torres.
También se puede dar enlentecimiento, y en personas de edad avanzada, «también hay más incidencia en problemas de ansiedad y de insomnio», apostilla Torres.
El problema llega cuando se elige sustituirla porque supone de tiempo. «Se deben quitar poco a poco porque la retirada brusca tiene un síndrome de abstinencia. En personas jóvenes no es muy complicado, pero en personas mayores puede provocar la hospitalización, o incluso, puede dar lugar a un fallecimiento. Entonces es algo que hay que manejar con mucho cuidado», apostilla el Jefe del servicio de Salud Mental del CHUS.
«El síndrome de abstinencia puro y duro es una cosa desagradable, porque la persona está inquieta, está sudorosa, tiene dolor en la cabeza, no tiene apetito, tiene mucha ansiedad», explica la profesora de la USC.
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