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Demografía

El rural de Santiago se revitaliza tras el encierro del covid y lleva dos años ganando vecinos

La población de las 27 parroquias pasó de crecer a un ritmo de diez habitantes más por ejercicio a una media de 235 en 2024 y 2025

En la última década, Compostela sumó algo más de 5.000 residentes

Natalia Ferreiro en la parroquia de Enfesta, a la que retornó después de vivir en grandes ciudades.

Natalia Ferreiro en la parroquia de Enfesta, a la que retornó después de vivir en grandes ciudades. / N.S.

Natalia Sequeiro

Natalia Sequeiro

Santiago

En la última década, Santiago ha sumado 5.230 vecinos. Aunque la mayor parte del crecimiento que ha llevado a la capital gallega a superar la barrera de los 100.000 habitantes se ha producido en el ámbito urbano, tras la pandemia de coronavirus el rural también ha empezado a ganar población. El confinamiento en pisos pequeños despertó el interés de muchos ciudadanos por mudarse al campo, donde el encierro se hizo un poco menos duro. Los últimos datos del Nomenclator que realiza el Instituto Nacional de Estadística (INE) apuntan a que esta tendencia podría haberse confirmado en Compostela. Antes del covid -que irrumpió en España en el año 2020- la población en las parroquias crecía a un ritmo de apenas 10 habitantes por año. Tras el fin de la pandemia, que llegó en el año 2023, se produjo un destacado repunte. En 2024 y 2025, el rural había ganado de media 235 vecinos cada ejercicio.

Con sus 220 kilómetros de superficie, Santiago es uno de los municipios más extensos de Galicia. El centro urbano concentra el 83,6% de los 100.842 habitantes que el INE le atribuye en 2025. El resto de la población se distribuye en un total de 27 parroquias y hasta 215 núcleos. En la última década, la ciudad pasó de albergar a 79.511 a 84.276 personas, un aumento del 6%. El rural creció de 16.101 a 16.566 habitantes, un 2,9 % más.

Falta de servicios en el rural

Lo hizo pese a que desde hace tiempo los residentes denuncian la falta de atención y dotaciones públicas que se produce en buena parte de esta zona. Según un informe realizado por la Federación de Asociacións Veciñais do Rural de Santiago (Ferusa) ya en el año 2019, en siete de cada diez núcleos de población falta alguno de los servicios básicos y casi la mitad (el 42%) no dispone ni de saneamiento ni de abastecimiento de aguas. Desde entonces, según ha denunciado Ferusa en diferentes ocasiones, poco se ha avanzado en la mejora de la red o en la instauración del transporte público.

El crecimiento de la población en las parroquias del rural es también muy desigual. De las 27, diez han logrado ganar vecinos, mientras que 17 siguen sufriendo los efectos de la despoblación. Una mirada detallada a los datos del Nomenclator del INE arroja que son dos las que tiran al alza de la estadística. En términos absolutos, Santa María de Villestro (en la zona de Roxos) es la que ha logrado atraer a más población. Desde 2015, ha sumado 326 vecinos hasta llegar a los 2.342 habitantes (16,2% más). Tras Villestro, se sitúa Santa Eulalia de Bando, que en la última década ha incrementado su poblacion en un 33%, pasando de 973 a 1.296 habitantes.

Las parroquias que más población han perdido en Santiago en términos absolutos son Santa María de Enfesta, que perdió un total de 47 vecinos hasta quedarse con 671 (un 6,5% de su población) o San Cristovo do Eixo, que pasó en la última década de 1.020 a 976 personas( un 4,3% menos).

Núcleos sin vecinos

La Estadística del Nomenclator del INE recoge sólamente dos núcleos de población que se han quedado completamente sin vecinos, son los lugares de A Foca y O Alto.

En otros dos lugares del municipio, el Instituto Nacional de Estadística solo recoge un habitante. So los núcleos de Torre de César y Vachao, ambos en la zona norte del ayuntamiento. En el lugar de Fontecoba resisten únicamente dos habitantes. En el lugar de A Igrexa de Grixoa, quedan 3.

Natalia Ferreiro, vecina de Enfesta: «La ciudad es un estrés constante, aquí eres consciente del día a día»

El de Natalia Ferreiro fue un viaje de ida a la ciudad y vuelta al rural. Creció en la parroquia compostelana de Enfesta, de la que se marchó con 26 años. Psicóloga de profesión, vivió en grandes ciudades como Madrid o Sevilla, pero en 2021 tuvo claro que quería volver al campo. «Cuando me fui del rural, me fui con muchas ganas. Te apetece independizarte, conocer más cosas, te parece que el rural es pequeño», indica. Hace cinco años, tras el confinamiento por el coronavirus, decidió regresar a Enfesta, donde apostó por rehabilitar una vivienda y ahora vive con su pareja y sus dos hijos de tres y un año.

«Cuando comparas empiezas a darte cuenta de pequeñas cosas, como es abrir la ventana y escuchar los sonidos de la naturaleza y no los coches», explica. «En la ciudad vives acelerado, es un estrés constante, incluso aunque no tengas nada que hacer, pero hay un movimiento constante, un ir corriendo a todos los sitios que en el rural no existe. Aquí eres más consciente del día a día, de la climatología, incluso de las cosas que comemos porque la gente sigue cultivando», asegura.

Pese a dificultades como la obtención de permisos para poder rehabilitar su vivienda, la ausencia de transporte público o tener que costear su propia red de saneamiento de aguas ante la inexistencia de una pública, Natalia Ferreiro asegura que le compensa residir en el rural. Uno de los motivos es la calidad de vida que tienen sus hijos. «Aquí pueden salir a jugar fuera, correr, tienen un espacio incluso dentro de la casa, que en la ciudad es imposible», afirma. «Queríamos criar a la familia tranquilamente porque aquí es todo más abordable y controlable, nos conocemos prácticamente todos los vecinos», asevera. Señala que en los últimos años nota más gente interesada en vivir más en contacto con la naturaleza. «Creo que la pandemia nos hizo pensar a todos», subraya. «Pero creo también que vendría más gente si se nos facilitasen las cosas, nosotros solo por los permisos de obra para reformar la casa estuvimos esperando un año y ocho meses», concluye.

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